Inicio

Comentarios colombófilos

Siguen discutiendo, los periódicos colombófilos belgas la cuestión de la reproducción, manifestándose dos tendencias claramente definidas. La teoría de los cruzamientos de consanguinidad, es decir, entre parientes y la tendencia a los cruzamientos de sangre distintas hibridación. Los cruzamientos consanguíneos, basados en la teoría de Mendel, nos garantizan la pureza de sangre, y son desde luego más fáciles de practicar que los de hibridación, pues, si la selección que hace la cesta, nos ha señalado dos palomas, parientes próximas, como buenas para el viaje, si la observación, de estas dos aves aconseja su empleo en la reproducción, podemos asegurar que de su cruzamiento se obtendrán resultados excelentes.

Claro es que la descendencia de una pareja excelente no será toda igual que los padres. Las leyes de reproducción señalan una proporción de productos buenos en la relación de uno a tres, es decir, que de cada tres hijos probablemente uno conservará las buenas características de los padres, mientras tres no habrán logrado alcanzar el grado de perfección que distinguía a sus antecesores, pero siempre sabremos que, de ese cultivo, se obtiene algún buen resultado y la observación primero y la cesta después, se encargarán de revelarnos el ejemplar notable, eliminando automáticamente los no aptos.

Debe tenerse muy en cuenta, que si bien los caracteres físicos y fisiológicos de un pichón son una primera manifestación de su calidad, no es la única, ni la más importante de las condiciones que deben tener que concurrir en una mensajera, para ser señalada como ejemplar selecto.

Así pues, de nuestros cultivos debemos separar, siguiendo el sistema de consanguinidad, aquellas crías que no tengan los caracteres físicos y fisiológicos de sus padres, pero aún de aquellos pichones que conservaron estas características raciales, que podemos llamar materiales, hemos de hacer una escrupulosa selección, por la observación de las características morales, de tenacidad, inteligencia, facilidad de orientación y valor para la lucha con los elementos, que constituyen el factor de calidad, sin el cual ninguna paloma mensajera puede ser considerada como buena.

Claro es que el principal medio que tenemos a nuestro alcance para poner de manifiesto estas buenas cualidades es la cesta. Al lado de estas (las cualidades físicas y fisiológicas) son precisas también, bellas cualidades morales. Provista de unas y no de otras la paloma mensajera no es nada. Y he aquí porqué y hasta nueva orden, la cesta es siempre el soberano juez del valor deportivo de nuestra demasiado cara amiga la paloma.

Si siguiendo las leyes de Mendel y la teoría de consanguinidad es preciso eliminar al menos las tres cuartas partes de nuestra producción para obtener un ejemplar notable, más difícil aún es lograr este resultado por cruzamientos de hibridación.

En estos la selección de los padres debe esmerarse aún más, puesto qué, sobre la investigación de sus cualidades físicas y morales, ha de estudiarse, con la mayor atención, la procedencia de los reproductores, para poder deducir de ella la posibilidad del apareamiento, en relación con la facilidad de la regresión, o salto atrás, desfavorable que puedan presentar los productos obtenidos con este cultivo.

Es pues necesario que el cultivador de esta clase de cruzamientos, conozca perfectamente los caracteres regresivos perjudiciales para la conservación de la especie, tanto en los padres como en la descendencia. En los primeros, para no realizar apareamientos entre individuos que los presenten, y en los segundos para eliminar, a priori, aquellos pichones que tales caracteres se manifiesten.

Y si, a la dificultad grandísima de conocer las procedencias, tan numerosas ya, de los padres, se añade la no menos grave de conocer estos caracteres regresivos de cada especie y la necesidad de esperar la tercera generación, para tener confirmación del éxito o fracaso logrado, no es de extrañar que no sean de aconsejar los cruzamientos de hibridación, más que en aquellos casos en que, los conocimientos del cultivador sean ya de tal importancia que le permitan juzgar, por cuenta propia y con garantía bastante del resultado obtenido.

En cambio cabe señalar, al cruzamiento por hibridación, la ventaja innegable de poder mejorar la especie y aún crear variedades nuevas, ya que, este sistema, es el seguido por la mayor parte de los colombófilos que lograron perpetuar su nombre, asociado al de la variedad por ellos creada.

José Mª Ballester Vigo.