Inicio

Consanguinidad: ¿si o no?

Este tema es aún motivo de discusión, mundialmente, entre los aficionados a animales de recreo, pero ya no podemos tener dudas, han quedado muy atrás los tiempos en que Félix Gigot, director de Le Martinet, de una parte, y el director de L'Epervier Mr. Brunin con Mr. Rodembach por la otra, mantuvieron un duelo con sus palomas, que no obtuvo resultados concluyentes, si bien algo más favorable fue la actuación de las palomas del consanguinista Gigot. ¿Pero eran verdaderamente consanguíneas? Más adelante veremos que no lo eran, pues se demostrará que no practicaban ningún método de consanguinidad.

Personalmente he practicado, con todo rigor, la consaguinidad, cerrada, lateral, de líneas, etc. con resultado degenerante, e igual he visto en todos los canaricultores -mucho más estudiosos en este aspecto que el colombófilo- cuya cría he seguido de cerca, y los experimentos a gran escala con control estadístico-matemático, llevados a cabo con miras económicas en cereales y gallinas dicen lo mismo: la consanguinidad lleva infaliblemente, y de forma irreversible a la debilitación.

Para fuerza y vitalidad, la respuesta es, no a la consanguinidad, que sólo es útil para perpetuar formas rarísimas en animales que se exhiban, pues sólo les queda escasamente fuerzas para mantenerse en pie en su jaula de exposición, y esto es válido para palomas, perros, flores, u otro ser vivo.

Y esto, ¿por qué? Hay varias hipótesis (de la superdominancia, de la dominancia, de la interacción, etc.) que nada aclaran. Mi propia opinión personal es que la cría en consanguinidad cada vez lleva a la homocigosis o sea que en los cromosomas para cada nueva generación cada vez aparecen mayor número de pares de alelos con idéntica combinación del código del ADR y esto lleva a que en cada par de estos alelos iguales se impriman o produzcan idénticas enzimas y proteínas, que por ser idénticas reaccionan de una sola manera ante las agresiones del medio ambiente; por contra en la no consanguinidad (heterocigosis) en esos alelos habrá dos combinaciones distintas del código del ADR que producirán parecidas, pero no idénticas enzimas, y ante las agresiones del medio ambiente habrá dos maneras posibles de actuación, la una complementará a la otra, es como un refuerzo, una doble defensa ante las agresiones del medio. La consanguinidad, es pues el camino de la defensa simple, o lo que es igual, el camino de una mayor debilidad, la homocigosis (consanguinidad) lleva por su estructura a menos defensa, a la degeneración.

La confirmación de esta tesis nuestra, inevitable degeneración por la consanguinidad y que el único método para salvar la supervivencia de la estirpe es el cruzamiento, nos la da la Naturaleza (igual que nos dio el ángulo exacto de economía de material en los panales de abeja, el radar, o las perfectas formas aerodinámicas), esta Naturaleza con su selección implacable, desechando durante millones de años los métodos no idóneos: en los protozoos en general y muy estudiado en Paramecium caudatus (Cal kins), en consanguinidad (multiplicación por mitosis) van degenerando y llegan sólo a 170 generaciones, luego muere, si bien, y esto lo observó Woodruff, en Paramecium aurelia, se le presentan situaciones de auténtica súplica pidiendo un cruzamiento (meiosis espontáneas y autofecundadas) y si esta súplica la atiende el experimentador, la estirpe al cruzarse con otra, recupera todo su vigor y no muere.

Roque González Guerrero.