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Nociones de genética

En otro trabajo he descrito los organismos sexuales del macho y de la hembra, trataré de explicar ahora su funcionamiento para cumplir su misión reproductora. En los machos, los testículos comienzan a producir espermatozoides tan pronto empiezan los cambios fisiológicos y psicológicos, esto es, cuando empieza a manifestarse el celo; su producción sigue toda su vida, incluso durante la vejez en algunos casos. Es fácil comprender que un macho afectado de enfermedad, o mala nutrición, en la vejez no puede producir la misma cantidad de espermatozoide que cuando está en buenas condiciones físicas.

La preparación de los órganos reproductores, es controlada por el sistema nervioso autónomo. Como habremos observado en el macho, cuando se encuentra junto a una hembra en celo, empieza su sistema nervioso a trabajar produciéndole una especie de picor que no es tal, lo que sucede es que se estimula el sistema nervioso con el pico, rascándose las alas y axilas, se dan de comer mutuamente, y como punto final, se agacha la hembra en petición de que la cubra.

Este acto lo ejecuta el macho cuando está su organismo suficientemente preparado para la culminación emocional, que precede una vez unidos los anos. Es en este momento cuando el macho tiene su explosión emocional conocida como orgasmo y eyacula a la hembra con la materia seminal. El proceso de reproducción de las hembras es más laborioso y complicado, ya que tiene que producir también células reproductoras y tener órganos que hagan posible la unión con las células masculinas, creación del huevo con todas las materias para el desarrollo y alimentación del embrión hasta su nacimiento.

El espermatozoide posee una cabeza en la cual se supone que hay 23 cromosomas y en ellas están contenidas las unidades de la herencia o genes. Al hablar de ellos, nos metemos en unidades tan ínfimas que es difícil penetrar en ellas, aun con la ayuda de potentes microscopios electrónicos. Cada cromosoma tiene cientos de genes, más bien miles, que son moléculas proteicas. Estos fabulosos genes, son los que dan forma a las células, las cuales todas juntas forman el cuerpo del ave. Son artífices que toman alimento venga de donde sea y lo transforman en protoplasma según normas naturales establecidas a través de generaciones. Son los genes los encargados de producir los pigmentos que dan color a los ojos y plumas, los que dan forma a las características físicas familiares heredadas, así como otras que pasan inadvertidas, como las del sistema nervioso y glandular, que dan lugar a cualidades psíquicas, como la inteligencia, temperamento y otras muchas diversas aptitudes.

En el instante de la fertilización, la cabeza del espermatozoide traspasa la cubierta del óvulo y se une al núcleo del huevo, por lo que se duplican estos cromosomas en la célula. Después, para la formación del cuerpo, se tienen que duplicar muchísimas veces estas células para dar lugar a los miles de genes que forman el cuerpo desarrollado. Los cromosomas y los genes deben duplicarse cada vez que lo haga la célula, pues si los genes influyen en el desarrollo de todo el cuerpo, deben estar presentes en todas las partes del mismo.Cada gen es capaz de formar un fiel duplicado del mismo, por esta razón, los genes se perpetúan de una a otra generación sin cambios a través de los tiempos.Como hemos podido ver, la vida de la paloma comienza con la unión de un huevo y un espermatozoide, es decir, la unión de la célula del macho y de la hembra que forman una sola. Por ello, en el proceso de fecundación, diferimos de la aritmética ya que uno más uno es igual a uno. Cada sexo aporta 23 cromosomas, o sea la mitad de las que tienen, la unión de ambos suman 46 que permanecen constantes en cada generación. Queda claro que se pierde exactamente la mitad genética de cada elemento, sin embargo puede ser que algunos de los espermatozoides o huevos producidos reciban una porción mayor de cromosomas, en este caso, un hijo procedente de tal célula reproductiva, se parecerá más al aportante mayoritario. Esto explica el por qué hijos de los mismos padres difieren unos de otros, la causa es la mezcla de los cromosomas portantes de los genes. Esta mezcla no tiene favoritismo, es el azar el que rige sus leyes. Queda claro, que una pareja saque uno o más fenómenos. No quiere decir que forzosamente todos los hermanos sean iguales.

Para la mejor comprensión expondremos un caso que demuestra una de las principales leyes de herencia. Para ello, elegiremos 5 machos negros puros, cuya ascendencia sea toda Igual y 5 hembras blancas puras, con el antecedente también blanco y los pondremos a criar. En la primera generación la mezcla de genes se manifiestan en partes igual (figuras), si después apareamos estos productos intermedios (figuras), entre sí obtendremos la proporción de 25 % de hijos negros, 50 % de figuras y 25 % de blancos, o sea, una proporción de 1;2:1.

Cuando salen hijos iguales al padre o la madre, es porque los genes de estos son dominantes porque tienen más fuerza, los no manifestados son recesivos, no se pierden y sólo se manifiestan cuando pierden el dominio de los opuestos.

Considerando que los genes poseen diferentes grados de fuerza, nos explicamos el por qué de los productos obtenidos en las crías, la casualidad determina los genes que figuran en las células reproductivas.. Claro es que para transmitirlas precisan tenerlas. Aunar en lo posible la aportación de los genes preferidos es labor nada fácil, por ello todo colombicultor debe desplegar su pericia al seleccionar las parejas por hacer.

Son muchos los colombicultores que creen que las parejas consanguíneas dan lugar a un mayor número de genes defectuosos en la descendencia; esto es incierto, lo que sucede es que se manifiestan los genes defectuosos que han existido a lo largo del árbol genealógico familiar.

Se puede decir que la mayoría de las aves poseen varios de estos genes malignos, pero generalmente no se manifiestan, debido a que son recesivos y se precisan para expresarse dos, uno de cada padre.

En las parejas del mismo árbol familiar, aumentan las posibilidades de la existencia en ambos padres de los mismos genes alterados.

En parejas entre primos hermanos, las posibilidades de posesión de él o ella de este gen, son de 1 a 8 y la de que pueda manifestarse en alguno de sus hijos, son de 1 a 32. Cuando el parentesco es mayor que entre primos hermanos, las posibilidades de que existan defectos aumentan de 1 a 2 probabilidades; de que el defecto se manifieste en los pichones, son de 1 a 8. Lo mismo se manifiesta en parejas de padre-hija y madre-hijo. En el caso de que los genes estén ya manifestados en los padres, las probabilidades son mayores.

Pensemos que muy probablemente todos los palomos poseen varios genes malignos y por ello, podemos apreciar las posibilidades de que estos genes alterados se manifiesten en el caso de parejas de estrecho parentesco. Es conveniente aclarar y dejar sentado para siempre, que las parejas consanguíneas, no producen genes alterados, sino que únicamente estos genes se pueden manifestar más fácilmente.

Sabemos que los genes no cambian, se reproducen miles de veces y cada vez el germen es una perfecta réplica de su antecesor, cada gen lleva su labor en el cuerpo del ave de la misma manera que lo hicieron sus predecesores durante muchos siglos. Sin embargo, en raras ocasiones sufren un cambio y se convierte en un nuevo gen capaz de influir en la descendencia de una manera muy diferente, con características nuevas y reproduciéndose durante muchas generaciones este gen con sus nuevas características. Tal cambio se denomina mutación.

Las mutaciones representan cambios en los genes y no destrucción de los mismos. Por medio de ella, pueden los hijos presentar características nuevas que no existieron en la ascendencia de los padres.

Si esta mutación es dominante por naturaleza, se manifestará en los hijos, si es recesiva, es posible que transcurran muchas generaciones antes de que tengan la oportunidad de manifestarse

Antonio Ortuño Navarro