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Herencia del sexo

Clásicamente, se ha pensado que los pichones nacidos de un nido eran siempre macho y hembra. Incluso en nuestros días, en la zona de Jaén se conserva el dicho «Este palomo venía de hembra» o «Esta hembra venía de macho», y se dice esto cuando han nacido dos hermanos del mismo sexo, para justificar la diferencia de tamaños, presencia, etc., entre ellos. De alguna manera, el palomero piensa que en algún momento el sexo que le estaba destinado a uno de ellos se torció, volviéndose del sexo opuesto, pero conservando características del sexo que debía haber tenido.

Esto, evidentemente, es una superstición, pero todavía hay gente que cree en ello. Como entre dos hermanos de nido del mismo sexo, siempre habrá uno más grande o más vigoroso que el otro; ya sabemos cual viene de macho, en el caso que sean dos hembras, y cual de hembra, en el caso que sean dos machos.

En realidad, hablando en términos estadísticos, la probabilidad de que la pareja de pichones sea de distinto sexo es del 50%; que sean dos machos, del 25%; y que sean dos hembras, del 25% restante. La explicación es la siguiente: la herencia del sexo está regida por un par de cromosomas, los cromosomas sexuales. Las palomas machos, como muchas otras aves, tienen los dos cromosomas sexuales iguales, a los que llamaremos XX. Las hembras, tienen un solo cromosoma sexual X, y un espacio vacío, al que llamaremos convencionalmente cromosoma Y. La dotación cromosómica de la hembra es, pues, XY. Las células sexuales, como sabemos, tienen la mitad de cromosomas que las restantes células del organismo, para que al unirse con las del sexo opuesto mediante la fecundación se obtenga el número de cromosomas propio de la especie. Así pues, al producirse las células sexuales del macho, por cada célula se formarán dos con dotación cromosómica X, la hembra dará una con dotación X y otra con dotación Y. Al producirse la fecundación, los cromosomas XX del macho se cruzarán con los XY de la hembra de todas las maneras posibles (Fig. 1).

Es decir, obtenemos un 50% de machos y un 50% de hembras. Existe, pues, la misma probabilidad de que nazcan machos o de que nazcan hembras. Si en vez de ser un pichón se trata de dos la estadística nos dirá que nacerán un 50% de distinto sexo, un 25% de parejas de machos y el restante 25% de parejas de hembras. Son las mismas proporciones que obtendríamos lanzando al aire simultáneamente dos monedas. Todo lo dicho se cumple, naturalmente, en términos estadísticos.

Sin embargo, también se ha comprobado que hay parejas que dan preferentemente machos o hembras, apartándose de la regla general indicada. Levi presenta cuadros de estadísticas del sexo de los pichones de determinadas parejas en los que se ve claramente la tendencia a dar machos o hembras de una determinada pareja.

Parece, en principio, que la responsable de dar mas machos que hembras, o viceversa, es la hembra, que es la que tiene el cromosoma sexual Y que adjudica el sexo. Es como si su cromosoma X, prevaleciera sobre el Y, dando machos, o por el contrario, el Y sobre el X, dando hembras. Por lo que es probable, que cambiando de hembra, pueda cambiarse la tendencia a dar machos o hembras, en determinada pareja.

Caracteres ligados al sexo.

Los caracteres de los seres vivos dependen de los genes, que se encuentran en los cromosomas. Si estos cromosomas son los sexuales, nos encontraremos con caracteres transmitidos junto con el sexo, es decir, con caracteres ligados al sexo.

La mitad de los machos serán bayos (XbXb) y la otra mitad azules transmisores (XbX). De las hembras, la mitad serán bayas (XbY) y la otra mitad azules (XY).

Según que los genes ligados al sexo sean dominantes o recesivos, nos encontraremos con distintas formas de transmitirse, que estudiaremos a continuación, examinando la herencia del color bayo y del rojo ceniza.

Herencia del color bayo.

La descubrí en 1968, en cuanto conocí la herencia de colores ligados al sexo en las gallinas (el color barrado o franciscano). Pensé que el bayo de las palomas estaba también ligado al sexo. Así se explicaba que las palomas bayas fueran relativamente frecuentes y los machos tan raros. A continuación efectué cruces siguiendo el modelo teórico que se expone y conseguí obtener machos bayos, partiendo de hembras de este color. Mucho tiempo después, leyendo el Levi, comprobé que mi descubrimiento ya lo había hecho alguien antes. Siempre hay un americano que se te adelanta. Me pasó como al que descubrió la penicilina veinte años después que Fleming. En inglés, el color bayo se denomina brown (moreno).

El color bayo depende de un gen recesivo, al que llamaremos b (con letra minúscula). Dicho gen se localiza en el cromosoma sexual X. Al ser recesivo, para que un macho sea bayo. el gen b deberá aparecer en los dos cromosomas X del macho, es decir, el macho en cuestión deberá ser XbXb. Si el macho tiene un solo cromosoma sexual con el gen b, es decir, si es XbX, no será bayo, pero sí será transmisor de este color. Las hembras, como sólo tienen un cromosoma sexual X, sólo necesitan llevar el gen b en dosis única, es decir, una hembra baya tendrá los cromosomas sexuales XbY. Esto explica que las hembras bayas sean relativamente frecuentes, siendo tan raros los machos de este color.

Explicaremos ahora cómo pueden conseguirse machos bayos. Partiremos de un macho, por ejemplo azul no transmisor de bayo. Su clave cromosómica será pues, XX. Lo cruzamos con una hembra baya, de clave XbY, como hemos visto. Los productos de este cruce se pueden observar en la Fig. 2.

Es decir, la totalidad de los machos producidos serán azules transmisores (XXb), y la totalidad de las hembras, azules (XY).

Cruzaremos entonces uno de los machos obtenidos con una hembra baya. Los productos serán los indicados en la Fig. 3.

Del esquema anterior se desprende que la mitad de los machos obtenidos serán bayos (XbXb) y la otra mitad azules transmisores (XbX). De las hembras, la mitad serán bayas (XbY) y la otra mitad azules (XY).

Herencia del color rojo ceniza.

El color rojo ceniza o tobi depende de un gen dominante, al que llamaremos R (en letra mayúscula), ligado al cromosoma sexual X. Como es dominante, este color aparecerá simplemente con que se encuentre en un solo cromosoma X. Es decir, tanto un macho XRX como un XRXR, o una hembra XRY serán rojos ceniza. Los distintos casos que pueden presentarse se indican en la Fig. 4 y 5.

En la figura número 4 se esquematiza el cruce de un macho rojo ceniza heterocigoto. La mitad de los machos y la mitad de las hembras serán pues, rojo ceniza. Otro caso sería si el macho fuera homocigótico. Entonces todos los productos, machos y hembras. serían rojo ceniza (Fig. 5).

Parejas autosexables.

Trabajando con los dos colores estudiados, podemos conseguir parejas autosexables, es decir, aquellas en que podamos averiguar el sexo de sus pichones cuando están aún en el nido. Dichas parejas son las de macho bayo y hembra no baya (azul, como venimos simplificando), y las de macho azul y hembra tobi. En el primer caso, todos los machos obtenidos serán azules y las hembras bayas. Y en el segundo, todos los machos tobis y las hembras azules. Obviamente, y dada la mayor afición a los machos azules que a los tobis, el primer cruce resulta mas interesante que el segundo.

Las combinaciones que se producen en los dos casos los podemos ver representados en la Fig. 6 y la Fig. 7.

En el primer caso los machos serán azules, aunque transmisores de bayo (XbX), y las hembras bayas (XbY).

En el segundo cruce autosexable los machos producidos serán todos tobis (XXR) y las hembras, todas azules (XY).

Luis Montiel Bueno. Jaén.