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Los primeros vuelos

Cuando tenemos un ejemplar que queremos hacerlo volar en nuestro palomar por vez primera, sentimos esa mezcla de curiosidad, impaciencia y temor al mismo tiempo de que pueda perderse. De hecho no son pocos los ejemplares que se han perdido yendo a caer en manos ajenas. Siguiendo unas normas previas no tenemos porque sentir ese temor, si no que cuando le veamos alzarse en su primer vuelo estaremos seguros de que su regreso será cierto.

Varios casos se nos pueden presentar a la hora de volar un ejemplar por primera vez en nuestro palomar. La opción más habitual será aquella que se produce como consecuencia de volar nuestros propios pichones en sus primeros vuelos:

La norma primera será la orientación, no se puede poner un ejemplar en su habitáculo hoy y soltarlo mañana, es muy probable que intente buscar su anterior alojamiento, pudiendo producirse su desorientación y pérdida. Tengo la costumbre de que cuando el pichón aun no vuela es decir a los treinta y algo días lo alojo en lo que será su lugar definitivo, en unos días se habrá familiarizado con su nuevo sitio. Como aun no es capaz de volar a diario lo voy sacando al suelo para que se adapte con el entorno, aunque ya lo estará haciendo a través de la campana de vuelo que será de malla de alambre electrosoldada. No tardará muchos días en que cuando nos oiga acercarnos se asomará para que le abramos la puerta, saltará él solo al suelo y comenzará a realizar ejercicios de vuelo. Día a día irá curioseando y en función de sus facultades por edad se irá atreviendo cada vez más a alejarse de su hábitat. En ocasiones los vemos ascender en vertical casi sin moverse de su punto de origen, aunque no lo parezca están orientándose, ejercitando sus músculos y planificando futuros vuelos. Ya cualquier día será bueno para atreverse a dar una vuelta con más o menos radio circular a su palomar que finalizada esta, será ya difícil que este ejemplar se extravíe.

Como norma segunda y básica tendremos en cuenta que en el palomar durante todo este proceso no estén sueltos ejemplares que puedan incordiar a los pichones, como pueden ser machos adultos excesivamente agresivos o pichones adelantados que ya han roto celo, esto podría dar lugar a que en el acoso salieran antes de tiempo y quedaran extraviados.

En los palomares suele haber siempre un macho más viejo y avezado que trata con cariño a los pichones, llegando incluso en los primeros vuelos de estos de servir de maestro -sitiándolos como algo suyo- no los abandona en sus primeros vuelos. Si este macho adulto es de vuelo sostenido y grandes alturas, tendríamos al mejor maestro posible para nuestros pichones, por el contrario, si es un ejemplar pobre de radio de acción, estaremos limitando sus posibilidades y hábitos con los recortes permanentes.

En un palomar es difícil conjugar la libertad de los adultos con el aprendizaje de los pichones, sobre todo si se posen más de siete u ocho machos en suelta. Para ello utilizo el sistema de tener los machos adultos sueltos todo el día hasta la tarde que los recojo y suelto los pichones ¿Porque utilizar la tarde? pues porque los pichones en su desarrollo llegará un día en que no se dejaran recoger, pero estando la noche próxima solos entraran en su sitio pudiéndose ser encerrados. Si dejamos adultos sueltos lo primero que harán serán curiosear el lugar de los pichones y expulsarlos de sus departamentos, con lo que estos tomaran miedo a entrar solos y perderán querencia.

Puede ocurrir que por distintos motivos nuestro pichón lo introduzcamos en su lugar con casi dos meses o más, en ese caso empezamos mal, ya tenemos bastantes posibilidades de que ese ejemplar se pierda, pues con ese tiempo ya intentará buscar el sitio donde estuvo. Si nos encontráramos con esa situación lo mejor será dejarlo al menos una semana que se familiarice con su cajón y lo alternaremos a ratos con un orientador.

Llamo orientador a una simple jaula de alambre que colocaremos en el punto más alto del palomar, teniendo en cuenta de protegerlo contra las inclemencias del tiempo o hacerlo en horas climatológicas más suaves, si lo familiarizamos con otro pichón o pichones de colores llamativos mejor, para él o ellos será siempre una referencia familiar que les dará confianza y orientación.

Con frecuencia teniendo los pichones en sus primeras sueltas suele ocurrir que el palomar es visitado por persona ajena a su cuidador y si ello va acompañado de vestimenta distinta a la habitual, se produce la espantada de pichones algunos en sus primeros vuelos con el riesgo que conlleva eso.

Podríamos dar algunos detalles más pero creo que con estas normas básicas será muy difícil que se pierda un pichón en sus primeros vuelos, otra cosa es que intervengan factores ajenos a este proceso como puedan ser una antena, un gato o cualquier otra circunstancia que posibilita la perdida de un pichón al criador más experimentado.

El segundo caso que se nos puede presentar es los primeros vuelos de un palomo adulto. Como norma no es aconsejable el cambio de palomar de palomos adultos, pero si no hay más remedio, quizás la norma más efectiva sea esperar a que halla roto celo del todo, si no, es muy probable que se extravíe, dado que si tiene casta intentará buscar su lugar de origen y salvo que tenga un gran sentido de orientación, es fácil que así ocurra. No soy partidario del sistema seguido por esos aficionados que crían sus pichones en unos alojamientos donde los tienen los seis primeros meses, imposibilitándoles el ejercicio y su normal desarrollo, esos ejemplares tardarán mucho tiempo en adquirir unas condiciones optimas para su vuelo y trabajo, en el peor de los casos nunca se pondrán al cien por cien.

Partiendo de la base de que el ejemplar ya ha roto celo y es adulto, es decir tiene más de seis meses en los machos o ha efectuado la primera puesta en las hembras, lo primero será familiarizarlo con su alojamiento unos días que podrán ser alternados con espacio de tiempo en el orientador. Pasados estos días lo emparejaremos con un ejemplar de sexo contrario que sea propio del palomar y a ser posible de color no azul (rosado, gabino o similar), si se aceptan mutuamente es muy importante observar el proceso de celo para tener claro cuando está el macho “A LA PICA”, es decir sobre el quinto día más o menos, será el momento de soltarlos. Lo primero que haremos será recoger todos los ejemplares y dejar solo la pareja con el componente nuevo. El momento de la suelta es aconsejable el primer día hacerlo al atardecer. ¿Por qué? Sencillamente porque volaran menos y las probabilidades de perderse serán menores. En ocasiones nos encontramos con ejemplares muy ariscos que prevemos que puedan salir huyendo al verse libres, para esto podemos utilizar un truco de “palomero viejo“ consiste en coger un cubo de agua a temperatura adecuada y mojar el animal que pretendemos que no se pierda, pasados unos minutos de sosiego, le abrimos la puerta y de momento estará impedido para volar, mientras se va secando y aseándose, irá tomando referencias y familiarizándose con el lugar. (No utilizar este procedimiento en invierno o en climas extremos). Damos por hecho que durante los cinco o seis días que ha durado el emparejamiento en su habitáculo, los hemos alternado periódicamente en el orientador a ambos ejemplares. Si la primera tarde de suelta solo salen y entran, no debemos impacientarnos, podemos dejarlos ya en libertad, o encerrarlos y volver a soltarlos a días siguiente por la tarde un poco más temprano. Aprovechando que ya tenemos el ejemplar volado y emparejado, podemos dejarles que pongan e incuben durante ocho o diez días, será beneficioso para el macho que adquiera confianza y desarrolle el sentido de la propiedad de su territorio,- otra historia será conjugarlo en un conjunto de cinco o seis machos en suelta-.

Juan Espinosa. Jaén 20 de Julio de 2003