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Selección funcional y selección morfológica de la paloma buchona

Los criadores de palomas buchonas de raza antigua se encuentran con un gran inconveniente a la hora de efectuar la selección de sus reproductores: carecen de un método objetivo para seleccionarlos, mediante el cual se evaluará lo que debe ser la característica fundamental de todas las razas de buchonas-ladronas. Nos estamos refiriendo a sus dotes de seducción para atraer animales del sexo opuesto a su palomar. Este es el rasgo definitorio de todas las razas de buchonas españolas. Lo demás, que no deja de ser secundario, son las características morfológicas de cada raza que las diferencian de las demás, como pueden ser la forma del cuerpo, cabeza, pico, carúnculas nasales, buche más o menos desarrollado, posición de la cola al volar, etc.

El colombófilo aficionado a estas razas, alguna de las cuales son notables por su belleza, tiene la tendencia, casi inevitable, a seleccionarlas en función de esas características morfológicas, pudiendo dejar de lado el carácter más Importante, que son sus dotes de seducción, persecución y conservación. Normalmente no usa un criterio objetivo para evaluar estas dotes. No seleccionará al palomo más cazador, es decir, al que más piezas haya encerrado en la temporada, sino al que tenga la cabeza más redonda, las rosetas más desarrolladas o el buche más exagerado. Se guiará por su gusto particular, o por el estándar de la raza, definido en función de características físicas, pero no de las físico-psíquicas a veces no medibles, que hacen que un palomo sea más cazador, más laudino, más volador, en definitiva, más bueno que otro que, metido en una jaula y aplicándole estrictamente el estándar de la raza podrá parecer superior al primero.

Desde mi modesto punto de vista, las planillas de enjuiciamiento de cada estándar califican solamente caracteres morfológicos directamente apreciables. Y es más, caracteres morfológicos apreciables con el animal enjaulado o en la mano. Ninguno de esos caracteres tiene relación con la capacidad seductora del palomo. Incluso hay algún carácter físico que se escapa a la evaluación de la plantilla, como puede ser la colocación del palomo en el aire para las razas de postura. Hay además caracteres que pueden resultar negativos para el trabajo del palomo por suponer auténticos hándicar u obstáculos, como pueden ser el exceso de buche o de trapío, la figura antiaerodinámica, las colas exageradamente vueltas hacia arriba o hacia abajo, etc. En algunas razas los caracteres que se seleccionan impiden incluso la propia perpetuación de la misma, como puede ocurrir con el pico cortísimo del rafeño, que obliga a la utilización de nodrizas. Otros palomos de gran buche, en cuanto efectúan una cría, se descuelgan y resultan inadecuados para el vuelo.

Reflexionemos. ¿Es éste el camino seguir? Mediante este sistema de selección iremos cada vez más hacia razas de fantasía. como pueden ser la colipava, capuchina e incluso las mismas buchonas Inglesa y holandesa, primas hermanas de las nuestras. Estos animales han sido seleccionados en base a acentuar determinadas características morfológicas. llegándose al final a la obtención de auténticos monstruos, incapaces de volar y de reproducirse por si mismas. Por supuesto. necesitan pasar la vida en pajarera, y en jaula son enjuiciadas por sus jueces, que, armados de regla, escuadra, cartabón y demás instrumentos, las miden, pesan y examinan para dictaminar al final cuál de ellas es más monstruosa y, por tanto, merece el titulo de campeona.

Esto que digo sobre las razas de fantasía es un caso limite, y puede parecer una exageración, aplicado a nuestras buchonas, pero me parece que el camino que llevamos es ese. Tengo un grupo de amigos que andan en busca del palomo ideal: que tenga buche, rosetas, cabeza, ojo más o menos así, cola de esta forma, etc. Andan como locos haciendo cruces y recruces.

Tal vez dentro de unos años lo consigan. Pero a mi me queda la duda, no ya de si ese palomo sabrá cazar, porque mis amigos no han buscado ese carácter en ninguno de sus antecesores, sino simplemente si será capaz de levantar el vuelo. Por supuesto que, metido en una jaula o en la mano, tendrán un aspecto magnifico, pero yo digo lo que decía Ortega: «No es esto, no es esto.»

La buchona española es una raza funcional, de vuelo y caza. El carácter que la define es su capacidad de seducción, y ese es el carácter que primeramente deberá tener presente el aficionado. Lo demás, con todos mis respetos a las bellísimas razas de postura, es accesorio. Los aficionados a las mensajeras y a las deportivas tienen excelentes bancos de prueba para enjuiciar objetivamente a sus palomas. En el primer caso, las sueltas. Los palomos ganadores serán, sin excepción, los destinados a la reproducción.

Existen también estándares de las distintas razas de mensajeras, pero se trata de unos estándares que valoran, en general, características positivas para el vuelo, de manera que es muy frecuente que palomos con alta puntuación según el estándar, sean ganadores de concursos.

En el caso de los picas, están las sueltas, que constituyen la forma de enjuiciar la calidad de los palomos. Los ganadores serán destinados a la reproducción. De esta forma, en pocos años, el pica ha evolucionado mucho, seleccionándose exclusivamente por su capacidad de persecución, reflejada por su calificación en las sueltas.

El aficionado a la raza antigua carece de estos elementos objetivos. Hasta ahora le ha guiado la intuición y el estudio de los caracteres morfológicos. ¿No habría forma de introducir elementos de enjuiciamiento que tuvieran en cuenta las aptitudes a la seducción de los palomos? El complemento inmediato del enjuiciamiento del animal en la mano o jaula sería verlo en vuelo, que resulta fundamental para razas de postura. En cuanto a su capacidad para seducir podría regularse la práctica del hembreo, llevándose un registro en cada sociedad de los palomos que más hembras encerrasen, o viceversa, valorándose estos palomos más laudinos a la hora de la reproducción.

Introduciendo prácticas objetivas de selección, y quizá a partir de la raza que considero más funcional y más apta para la caza, el valenciano, o sus variantes laudino sevillano, raza antigua de Jaén, etc., obtendríamos un palomo seleccionado por su aptitud para volar buscar, acompañar y encerrar. Sería un palomo atlético, sin ningún carácter físico que le estorbase para el ejercicio de su actividad. Sin exceso (de buche y sin barroquismos innecesarios, lineal. Y que en cuanto a facultades no tuviera nada que envidiarle al pica. Pero que, contrariamente a éste. fuera duro e imposible de encerrar en palomar ajeno.

Precisamente los picas nacieron del esfuerzo de los aficionados levantinos por obtener, a partir del antiguo buchón valenciano, y mediante cruces con razas ligeras, como zuritas y mensajeras, un palomo ligero y celoso apto para la práctica de la competición. Obtenido éste, abandonaron el valenciano antiguo, que ya río satisfacía sus gustos, por encontrarlo pesado y no apto para competir. A mi parecer, el final del camino ha sido equivocado, pues se ha llegado a un deportivo sólo perseguidor que hace añorar a los aficionados viejos los palomos que volaron en los años treinta.

Pues bien. ¿No seria posible, a través de métodos de selección más objetivos que los que utilizamos y, sobre todo, más funcionales, y los cruces con razas ligeras que fueran necesarios, la creación del palomo cazador que yo propongo?

Luis Montiel Bueno. Jaén