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El sexamiento de pichones

En la actualidad, no se conoce una forma precoz para determinar el sexo de los ejemplares no adultos, si bien en determinados casos, existen aficionados que con un índice muy alto de fiabilidad, determinan el sexo, quizás más orientados por su perspicacia, que por su antigüedad, pues también los he visto muy veteranos errar. Ante esto solo nos queda esperar a los 5 ó 6 meses, en que ya el dimorfismo sexual es notorio, desembocando en la puesta por parte de la hembra.

A pesar de lo expuesto, hay factores a tener en cuenta, comunes en estas razas:

  • La diferencia entre el macho y la hembra en el nido, pues sobresale el macho en el conjunto de sus dotes (cabeza, estampa, tamaño etc.).
  • Otro síntoma casi inequívoco, es la apertura en la hembra de los huesos pélvicos (agujas junto a la cloaca), si digo casi es porque en ocasiones he tenido pichones machos que los han tenido muy abiertos, pero no es lo usual.
  • Analizando el carácter, observamos que el macho tiene más tendencia a defender su territorio, o sea, se ve peleando con más frecuencia.
  • La hembra en sus saltos en corto, suele abrirse de alas en señal de coquetería o aceptación de las galanterías por parte del macho.
  • El macho al pararse en vez de abrir las alas, tiende a comenzar el arrullo.
  • El macho suele ser el que monta a la hembra en el momento de la cópula.
  • La cabeza del macho la tiene más grande y recia, así como las rosetas son más grandes y cuadradas, incluso en la hembra dan sensación de querer alargarse a la altura de la comisura del pico.
  • El pico es uno de las orientaciones más significativas al menos para mí, ya que en el macho es más fuente y recio, siendo en la hembra más largo y delgado.

En cuanto al resto de las dotes: figura, tamaño, arrogancia, etc., suele destacar el macho de la hembra, siempre hablando de parejas de igual nidada y progenitores.

Las nidadas constituidas por dos machos o dos hembra como norma general observaremos que cuando empiezan a romper celo, cada uno intenta encontrar su territorio, llegando a dormir en habitáculos distintos inclusive.

En definitiva, un conjunto de factores que se van adquiriendo con la experiencia de criador, que son bastante difícil de detallar, pues con más frecuencia de la que quisiéramos, vemos como nos equivocamos. En cualquier caso es cuestión de tener paciencia a fin de no desechar ejemplares, que de haber sabido que tenían sexo contrario al que creíamos, no los habríamos eliminado.

Existe una posibilidad casi científica experimentada en algunas razas como las llamadas autosexables americanas, que consiste en ligar algún factor visible al sexo, como puede ser el color, albinismo o lutinismo etc., factores estos poco trabajados por su complejidad en estas razas, pero con ellos sabríamos el sexo de los pichones incluso en el nido. En la actualidad existen aficionados que nos encontramos en estudio de algunos de estos factores pero dado que no disponemos de más medios que la experiencia y la observación es muy difícil afirmar nada, sin que sea rebatido. Personalmente junto con otros aficionados, creemos que el color bayo o curtido, está ligado al sexo de alguna manera, pero me desorienta el hecho de haber obtenido bayos de dos azules, pues de ser cierto la hembra no debiera de ser portadora y sin embargo esta, lo ha de ser necesariamente. Lo que si he podido observar es que ya en el nido se puede distinguir las hembras bayas por sus iris transparentes aun cuando tengan varios días, siempre que no concurran con machos de igual color.

En definitiva que dado el poco estudio experimental que se ha realizado, al menos no tengo noticias de ello, solo nos queda fiarnos más de nuestras dotes de observación y experiencia, que de otra cosa.

Juan Espinosa Martínez. Jaén.