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Historia de la columbicultura enguerina

La zoología, pues, es tan antigua como el hombre; el honor de haberla elevado a la categoría de verdadera ciencia se debe el filósofo griego Aristóteles, que vivió en el siglo IV a. de J.C., el cual dividió las clases de palomas en tres grupos: las denominadas de «fantasía», «mensajeras» y «buchonas» o «ladinas».

Los tartesos o sefardíes criaban las palomas en la península ibérica o Sefarad (España), siendo muy amantes de estos animales, denominándose esta raza palomos ladinos.

Es demostrable que los palomos ladinos son oriundos de España. El idioma sefardí hablado en Sefarad (España) era el ladino, dialecto del castellano antiguo. Por ser los sefarditas iberos de raza judía, muy amantes y criadores de palomas, al tener estas palomas cualidades parecidas a las reconocidas al pueblo hebreo, se les puso a los palomos el nombre de ladinos, igual al idioma hablado por sus criadores. Según el diccionario palomo «ladino» significa palomo astuto, sagaz, pícaro, etc.

Los pueblos valencianos más conocidos hace 2.200 años, por su importancia, pueden citarse: Munviedró (Sagunto), Tyris (Turia) (Valencia) - La ciudad actual de Valencia fue fundada en 137 años a. de J.C., cor nombre de Valentia, por el cónsul romano Decio Junio Bruto-; Saetavi (Játiva); A. (Alcira), y Sorior (Enguera). Para aclaración de los enguerinos les diré que «enguera», según el idioma sefardí, quiere decir oscuro, vacío, y «sorior», oscuridad o vacío. Porque Sorior y Enguera tienen el mismo significado. En el año 714, al ser conquistada por los musulmanes, se varió el nombre de Sorior por Enguera. Se componía el pueblo de 39 casas y una sinagoga, estaba esta al final de ló que es hoy la sacristía de la iglesia; cercana a la sinagoga había unos baños públicos y la casa del Patricio, el guía y mandatario del pueblo, que debió vivir en lo que hoy es la Abadía.

Al ser cambiado el nombre de Sorior por el de Enguera, igualmente se cambió el nombre de los palomos, pasando de ladino a laudinos, debido a la fonética arábiga.

El propósito que me he fijado es conseguir los mayores datos posibles de lo que ha sido nuestra afición: la columbicultura; para ello necesitaré que los aficionados que puedan me faciliten datos fidedignos y concretos. Conociendo nuestro pasado será más fácil seguir con el presente. Muchos palomos de Enguera, o descendientes de ellos, fueron vendidos o transferidos en Cullera; allí tienen los farmacéuticos más de 700 apartamentos, y era el lugar, por los años cincuenta, de reuniones encabezadas por el famosísimo columbicultor de Silla señor Costa Colubí; él y sus amigos consiguieron muchos de esos palomos. Podría catalogarse que los palomos enguerinos pasaron a engrosar los palomares de los aficionados farmacéuticos en dichas fechas, por lo que no es difícil comprobar que cuando en un pueblo han salido palomos parecidos a ellos, casi seguro los ha criado el farmacéutico.

En 1209 se funda la Orden de los Franciscanos, que visten con el habito de color marrón chocolate, muy parecido a los colores de los palomos ahumados «fumat«, de la raza laudina; por dicho motivo, desde dicha fecha pasaron a denominarse «palomos laudinos« o «franciscanos«.

En la Edad Media los españoles eran grandes criadores de nuestra paloma. Tuve la suerte de ver dos grandes palomares de fecha remota en un pueblo de Albacete, denominado Alcalá del Júcar, que tienen 5.000 y 10.000 nidales respectivamente.

En la Edad Media, el derecho a criar palomos estaba reservado a los señores feudales, propietarios de grandes terrenos. Los campesinos no tenían derecho a oponerse a los estropicios que hacían estos animales en las cosechas.

La paloma buchona era esbelta, astuta, arrulladora, apuesta y tenaz, capaz de sugestionar, con un marcado instinto de seducción, persecución y conservación. Dichas palomas ofrecían características diversas, aunque todas ellas eran de la misma condición e instinto.

La paloma denominada valenciana se distinguía de las de otras regiones por el pico corto y tamaño menor. Por sus distintos movimientos y aspecto se dividían en palomas de cola plana, Cola cacha y cola brincada, según la inclinación de las plumas.

La abolición del privilegio de la nobleza del año 1789 multiplicó los palomares, empezando entonces la cría masiva de dichas palomas, subiendo rápidamente su cotización. La Ley de Asociaciones, de 30 de junio de 1887, influyó para que se llevase a cabo la constitución de grupos o sociedades que agrupasen en su seno a los aficionados al cultivo, uso y vuelo de la paloma buchona.

En la década de 1880 existía en Játiva (valencia) el prestigioso aficionado Sr. Peña, canónigo de la Seo de dicha ciudad, quien para distinguir sus propios palomos en el aire les hacia una señal en la cola.

La columbicultura se desenvolvía con características diferentes a la actualidad, pero no hay duda que si se marcaban los palomos, como equivalente a la pintura de hoy, era para dotarles de señales de distinción, para conocerles en competición. Si nos atenemos a los nombres de los famosos palomos, comprobaremos las costumbres de la época. De las marcas de la cola conocemos los famosos: «El Punta>, «El Puntica«, «El Bado», «El Bonetas», «El Agujero», «El Espigón», «El Enrejillado«, «El Media Cola»..., todos ellos pasaron a la fama con la marca en su cola. Como más tarde otros famosos han pasado y siguen en la actualidad por las pinturas de sus alas. La década de 1880 se caracterizó por las marcas de moda en aquel entonces.

Enrique Sarrion Aparicio