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Antiguallas y modernismos

Tengo afición a los palomos buchones desde el final del siglo pasado, por lo cual, no es de extrañar, que en un período tan largo de tiempo, haya visto muchos buenos; y entre ellos algunos notables.

Antiguamente, para dar el calificativo de bueno a un palomo se le exigía : gran cantidad de "apeo", constancia y buena colocación en el aire, saber entrar al palomar, reprender a tiempo y, sobre todo, mucha picardía para defenderse de los "descuideros", algunos de ellos incluso aficionados.

El palomo notable era el que hacía el trabajo de los buenos, superándolo en cantidad y calidad.                    

Entre los notables, que no llegaron a la docena los que vi, en una cincuentena de años, citare al "Trompellot" de Ricardo Cardona, que por ser el más reciente, puede que algún aficionado lo recuerde todavía.

Este palomo fue el que mejor vi, por tenerlo volando muchos años cerca de mi casa y por la amistad que me unía a su dueño.

El “Trompellot" volaba (sin que fuera obstáculo para cerrarse perdidos) en el corral de una casa de la orilla del río, al lado de la Estación Valenciana de Tranvías, donde Ricardo tenía el taller de carpintería.

¡Era incansable! En el aire, excepto cuando marcaba a casa, no se separaba más de un metro del perdido, tratándolo, si no había oposición, con exquisita suavidad, pues si la había era bastante duro, aunque siempre con la marcada intención de llevárselo al palomar. En tierra, los viajes se le contaban por centenares y muy variados y elegantes, sin causarle molestia al perdido.

Otros palomos notables de aquella época fueran el "Costeta" y el "Bayo" del mismo Ricardo Cardona; el "Argenviú" que si no recuerdo mal voló en la calle de la Tapinería un tal "Batiste el obrer"; el "Rafelo del Criaillero" que voló por la calle de Caballeros; el "Roe" del gran maestro D. Eduardo TJhden.

También recuerdo entre los palomos buenos el "Biau del maquiniste" y una serie de ejemplares que voló D. Tomás Corell en la calle de Serranos, tales como el "Rafelo", el "Coixo", el "Plomes" e) "Llunes", el "Betes Roges", el "Biau de la Montanya", etc.

Don Tomás fue uno de los que más palomos buenos tuvieron en Valencia, pues tenía muy buenas amistades v sabía gastarse el dinero, buscando la calidad y no la cantidad en la faena.

Para apreciar el mérito de aquellos excelentes buches hay que tener en cuenta que en algunos palomares volaban hembras, tenían cimbeles en las "cañizolas" y redes de vuelo encima de las casetas; y que, además, no existía una organización federativa con todas las ventajas que el respeto a la jerarquía producen en todos los órdenes.

En estas circunstancias, para luchar con estos imponderables, los palomos buenos, tenían que ser, además, muy astutos. Como los palomos que iban al perdido eran pocos, una gran mayoría de los que se volaban eran malos pero no molestaban a nadie.  He hecho este breve relato de la afición antigua, para que tengan una idea los que no la conocen, y un recuerdo 1os que 1a vivieron y supieron apreciarla. Después de 1o dicho solo me resta decir algo sobre la afición actual. Da lástima cómo se estropean los palomos con la afición moderna, excitando su celo y no su inteligencia, o volándolos en tal cantidad que solo sirven para molestar a los que liarían algo de provecho sin ellos, o para hacer durar toda una larde, 1as sueltas que se cerrarían a los diez minutos.

¿Qué admira la afición moderna en una gran mayoría de palomos de ahora? Si es la bravura en el aire, ni agrada a los aficionados de paladar ni tiene importancia por haber muchos bravos; si es la constancia: ¡Qué ridículo resulta verlos con el buche hinchado horas y horas al lado de las sueltas! ; y si es el instinto, sólo tiene el de perseguir al palomo que lleva una pluma en la cola y como he dicho ya muchas veces el de molestar a la hembra sin intentar cazarla, molestando a su vez, a los demás palomos que tienen mejores condiciones deportivas.

Este modo de ser de los buches modernos es debido a los cruces y la mala selección de los reproductores buscando el celo y el empuje, y desdeñando la casta, la gracia y belleza sin par de una faena.

También me chocan los concursos que, cronómetro en mano, dan el premio al que más tiempo ha permanecido cerca de la suelta, sin mirar si lo ha hecho mal o bien.

¡Qué poca inteligencia se necesita para ello!

Este modo de proceder lo comparo a un jurado, que encargado de dar un premio de literatura, lo diera al que más cuartillas hubiese ensuciado.

Para dar una idea más clara de lo dicho, ahí va el siguiente verso:

¡A LO LOCO!

Sueltan tas hembra con la pluma al rabo;
los machos la persiguen con coraje;
aunque no se les ve ni un ma1 viaje;
ni muestran dónde "viven"". ¡Bravo! ¡bravo!
exclama la afición entusiasmada
al ver que con bravura los palomos,
hacen saltar las plumas de sus lomos
y acosan a la suelta acobardada.

En tierra las persignen con fiereza,
y en el aire las muelen a aletazos,
y así luchando y dándose "codazos"
transcurre la jornada sin belleza.

Con este enjambre insípido y osado
no puede haber ningún palomo bueno:
o tiene que perder también el freno,
o se ha de retirar acobardado.

Al lado de las sueltas sosegadas
otras veces tan tiesos permanecen,
que en vez de buches, mucho más parecen
ridículas lechuzas disecadas.

Esto es lo que consiguen quienes cruzan
los palomos zuritas con laudinos;
ya no son ni "castizos" ni finos;
y han perdido el instinto de cazar.

V. A. Palomos Deportivos. Enero 1958.

Este artículo le he visto su importancia no solo por la época en el que fue escrito (Enero de 1958), sino por el tratamiento y definición que hace de ambas modalidades del cultivo de la columbicultura. J.Espinosa.