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Exposición o vuelo

Cuando en los años 80 comenzamos con las exposiciones de buchonas, nada hacía predecir que el impacto fuera tal, que los aficionados se dedicaran al cultivo casi exclusivo de las características propias de exposición, es decir la belleza fenotípica. Hoy a finales del 2003, casi un cuarto de siglo después hay un sector de aficionados que añoran el trabajo y vuelo de aquellas razas antiguas que solo eran criadas para el vuelo, el trabajo y en definitiva la caza, en tiempos pasados una forma muy entretenida de aportar al puchero algo con que darle sabor.

            Este sector empecinado en mantener o retomar y mejorar si es posible, aquello que fueron los buchones antiguos, hoy se encuentran con infinidad de problemas y no menos incomprensiones, entrando a veces en el clásico debate de exposición o vuelo.

            De por si, plantear fríamente el debate sobre las dos opciones es totalmente negativo e injusto, ya que se está sometiendo a la raza y aficionados a una de las dos alternativas como si la conjugación de ambas virtudes  y el buen gusto estuvieran reñidos. Nada más lejos de la realidad.  Si nos preguntamos si en una raza puede coexistir la belleza y el trabajo, está demostrado que sí, como ejemplo valga los pastores alemanes, que no son admitidos para la reproducción mientras no tienen la belleza suficiente y la aptitud de trabajo adecuada, ambos son certificados en distintas pruebas. Podría seguir poniendo ejemplos de distinta razas, pero en todos ellos podemos apreciar varios factores a tener en cuenta. Detrás de cada sector de aficionados debe de haber un ente que organice todos los trámites, pero sobre todo debe de existir la voluntad colectiva de conjugar las dos cualidades  por parte de la afición.

            En los últimos tiempos se está produciendo una regresión acelerada, inversa a la selección de la belleza, quizás porque el aficionado ya sabe que poco puede mejorar en cuanto a la belleza de las distintas razas de buchonas y más aun en el caso de la raza que cultivo, el buchón jiennense, de la que por otro lado puedo opinar al haber enjuiciado un Nacional y tres Monografía de Torredonjimeno con casi quinientos ejemplares de esta raza, donde se hace verdaderamente muy difícil clasificar a los ganadores entre tanta calidad, uniformidad y belleza.

             Sea por lo expuesto o bien por la inquietudes propias del los aficionados, ya existen un conjunto de criadores que intenta introducir alguna moda según casos y mantener o recuperar aquellas virtudes que nuestra raza tuvo, algunas de las cuales detallo.

De todas ellas la primera creo debe ser la capacidad de vuelo, pues existen hoy líneas que bien por cruces inadecuados –si es que hay alguno adecuado- o por la ausencia de selección en su crianza, han ignorado el vuelo, llegando casi a perder esta capacidad tan natural y sinónimo de nuestra raza.

Una vez que tenemos la capacidad del vuelo, pasaría al radio de acción, es decir no me sirven aquellos palomos que al menos no tienen un radio mínimo de vuelo, pues tendríamos un palomar carrusel donde cuando llevamos diez minutos viendo volar a los ejemplares terminamos mareado de tanto dar vueltas.

Si a esto no añadimos trabajo tendríamos unos ejemplares de recreo que podrían estar todo el día volando pero ignorando aquello que sucede a su alrededor, entrando en una buena sensación pero agridulce, ya que transcurrida la primera media hora en el palomar sin ver la más mínima intención por parte de los solteros en conquistar algo que introducir en su cachapera, echaríamos en falta el fin más primitivo para el que fueron seleccionados.

Un ejemplar que tenga una buena capacidad de vuelo, gran radio de acción y un hermoso trabajo, será cuanto menos un animal para divertirse con él. Pero todo esto no estaría completo si en sus saques, lances, marcados al palomar y en definitiva todo lo que supone su movimiento en pos de la conquista, no existiera un mínimo de belleza en vuelo. ¿Donde debe de estar el límite de la belleza en vuelo?, para mi gusto este debe estar condicionado al momento en el que se encuentre el ejemplar, para ello pongo varios ejemplos sencillos:

Un animal ante fuertes vientos deberá tener capacidad de recoger atributos y ser capaz de tomar altura, para defenderse de las inclemencias.

Encontrándose en pleno celo y en búsqueda, navegará relativamente embebido, cuando tope con otros congéneres sacará esos atributos, guardando su máximo esplendor para cuando se encuentre en pugna con otro macho o en la seducción de una hembra en el aire. Este último momento de máxima transformación es el que a veces nos hace dudar que estemos ante el mismo ejemplar que momentos antes veíamos buscando.

Si en su día el olvido del trabajo fue negativo para la raza, igualmente lo sería ahora si nos dedicáramos solamente al vuelo olvidando el camino recorrido y el trabajo realizado. Las exposiciones pueden o no ser buenas para la raza, -ese sería otro tema-, para mi son un barómetro donde podemos ir apreciando la evolución de la raza a  parte de encuentro e intercambio de ideas entre aficionados, por lo que no debemos de prescindir de ellas, pero habría que buscar la forma de conjugar ambas corrientes, porque como dice un buen amigo “¿ a quien no le gusta un palomo de estándar diez, que vuele mucho, con figura en vuelo y mucho trabajo?”, claro que cuando hace esa reflexión siempre hay otro aficionado al lado que le responde “anda….. a todos nos gustan  pero…..  ¿Dónde están esos? “

En la actualidad no existen muchos de esos, pero ya se van viendo palomares no solo en Jaén si no en otras provincias, con cierta uniformidad de belleza tanto de estándar como en vuelo, estos aficionados ya bastantes conocidos, están siendo precursores en su tiempo y van a la cabeza en cuanto a gustos e influencias en la evolución propia de la raza. Están consiguiendo ejemplares con unos rasgos matizados con arreglo al estándar de belleza que en una exposición estarían entre los setenta y los ochenta puntos, pero en contrapartida es una delicia ver volar estos ejemplares con unas colas vueltas limpias en su albadilla, -no entubadas-, cuellos hacia delante con ángulo aproximado de treinta grados, patas recogidas al abdomen, buche de pera sin oscilación lateral, dando la sensación de compacto en cuanto a su dureza, remo con nervio en búsqueda y pausado en su máximo esplendor de conquista, llegando a palmear cuando intenta llamar la atención de sus acompañantes de vuelo, que si lo añadimos a un buen radio de acción, nos encontramos ante unos ejemplares para mi bastante equilibrados, que o mucho me equivoco o puedo predecir que será el Buchón Jiennense de los próximos años. 

            No quiero dejar la ocasión sin puntualizar que con el máximo respeto hacia las ideas de cada aficionado, creo negativo para la raza y no soy partidario de criar dos líneas distintas, una para exposición y otra para el vuelo, porque entraríamos en una incongruencia por oposición, o los unos o los otros no serían jiennenses o ……¿tal vez los dos?

            Podrá haber quien me diga que nunca hubo tanto cuello y cola en nuestros razas antiguas, pero yo hago memoria y recuerdo hace más de treinta años, palomares como los de Gabriel “el Jardinero” con su gotados muy vueltos navegando de la Catedral a Santiago,  o el de  Pepe “el Pintor” que nos deleitaba con sus gabinos de la Catedral a la Magdalena, esos que estiraban cuello y volvían cola. Esos ejemplares no envidiarían hoy día a los de Miguel Cabello “el de Montilla”o los de Antonio Ruiz Delgado de Martos,  por poner unos ejemplos de los más significativos  y homogéneos del momento, otra cosa sería hablar de los matices fenotípicos de aquellos tiempos ya que andaban un poco a la casualidad y al gusto del criador.

            Como conclusión final decir que creo posible la compatibilidad de la belleza de estándar, vuelo y trabajo, es cuestión de más sacrificio, tiempo  y trabajo, pero sin competencias desleales, que por otro lado deben de estar los jueces capacitados para detectar y penalizar, cuando en una exposición aparezca una belleza excesiva e impropia de la raza, tal vez haya llegado el momento de ponerle freno al desarrollo exagerado de atributos fenotípicos, por muy cómodos que  resulten en los enjuiciamientos. Por otro lado quizás  tengamos que empezar a llamar cruzados aquellos ejemplares que más nos recuerdan en sus saltos y cortos lances a otras razas no muy lejanas y que en estándar apenas llegan a esos setenta  puntos. En cualquier caso el tiempo, las tendencias y sobre todo los aficionados tienen la última palabra.

Juan Espinosa Martinez. Criador de Buchón Jiennense

Jaén 01-11-2003