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El límite de la selección

Con mi voluntad de paz y felicidad para todos los columbicultores.

Pudiera ser aleccionador para el aficionado al laudino sevillano el insertar sucesivas ilustraciones comparativas de este ejemplar —«Maradona»— y observar los cambios morfológicos que se vayan operando en él, es decir, su evolución. Comienzo como terminaba en mi última colaboración, y en esta misma revista, de junio pasado. Como en todos los casos en que la selección es llevada más allá del límite y, por tanto, convierte el ave en una raza artificial, la fecundidad, el tamaño y el vuelo disminuyen sensiblemente, y esto ocurre en todos los animales que por cruces degenerativos se han llevado más allá de su estado de perfección. De ahí que debamos alejarnos lo más posible de la consanguinidad o parentesco. En tal caso es preciso recurrir al cruce de otras variedades, incluso inferiores, para regenerar la raza.

Muchos aficionados, por comodidad o pereza, se encierran en la raza que poseen y contemplan pasivamente cómo agoniza lentamente.

Para cultivar cualquier raza se precisa observar su respectivo estándar y seguir una disciplina ordenada y moderativa. Personalmente, y con todas las buenas intenciones, creo se debe huir de las estandarizaciones y perfeccionismos obsesivos, porque pueden entorpecer y obstaculizar una parte muy interesante de esta afición, como es el vuelo de las buchonas en su forma real, pues creo que esto puede conducimos a un paralelismo con el palomo de fantasía. Hay discusiones referentes a estos temas y los aficionados encaminan sus pasos según su pensar.

Ocurre en esta afición, la mayor de las veces, de que el palomo que nace con características morfológicas menos virtuosas es el más trabajador, o sea, el más volador e inteligente. Se puede afirmar que en pocos puntos como en éste los aficionados a las razas buchonas estamos más de acuerdo.

Esto nos da pie para sugerir que, llegada la hora de la selección, si nos olvidásemos un poco —nada más un poco— de la perfección del pájaro, la selección en vuelo saldría favorecida, a pesar de que aquí, en Sevilla, no se conciben las palomas sin belleza. Hago referencia y deseo matizar sobre lo de volador. Se observa que algunos aficionados poco experimentados en la afición creen que reuniendo los buchones las cualidades de volar mucho, son buenos. El que así lo crea está en un serio error, aunque los buchones deben ser buenos voladores; pues los hay que, volando menos, poseen desarrollados a la perfección sus instintos de persecución, seducción y conservación. El contenido de este párrafo se le atribuye al doctor Altamira Raventós. Cualquier aficionado bien relacionado con estas razas estará completamente de acuerdo con él.

Expliquemos en brevedad estas cualidades instintivas mencionadas anteriormente.

Persecución: Consiste en perseguir a toda clase de palomas con tesón y habilidad.

Seducción: Consiste en atraer las palomas, principalmente extraviadas, a su palomar y anidarlas.

Conservación: Consiste en no dejarse atrapar en otros palomares.

El enjuiciamiento en recinto cerrado de las razas buchonas siguen marcando el signo imprevisible de los sueños exposicionales. Y la carencia de la prueba de vuelo, tema ya comentado con acierto por algunos colegas en esta misma revista, nos hace llegar a la conclusión de que la selección en vuelo queda a criterio, gusto y conciencia del propio aficionado. Conexionado con esto me viene a la memoria una frase de un gran aficionado cordobés, veterano y amigo, Manuel Navarro Sanz: «Los palomos los hace el aficionado.»

A mi modo de ver, lo anteriormente expuesto no es una exageración, es una valoración.

Por tanto, defendemos la racionalidad, el respeto y la tolerancia.

Jose V. Joya Villegas San Bernardo, 8 Dos Hermanas (Sevilla)