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El Buchón Jiennense, un palomo aún no definido

Las aficiones evolucionan, y Jódar, en el tema de la Colombicultura, no ha sido una excepción. Hoy nos apasiona el Buchón jienense, un palomo que no está totalmente definido pues cada pueblo de nuestra provincia con raíces palomeras presenta matices peculiares.

Así, en Jódar, aparte de buscar unos palomos con mucho cuello, mucha pata, ojo muy rojo y limpio de ribete y relativamente grandes, las características que más llaman la atención de nuestros palomos en las exposiciones son su pata muy morada (las llamamos de pata negra) y, sobre todo, su cabeza muy larga y acarnerada. Además, yo los califico como "palomos para los impacientes", en el sentido de que muchos de ellos desarrollan su roseta y su cuerpo en poco tiempo, incluso antes del año de edad.

En una charla que nos dieron en asamblea extraordinaria algunos de los veteranos palomeros del pueblo sobre sus gustos particulares en materia de palomas, comprobamos la evolución apuntada. Ellos pretendían conseguir un palomo cuyas cualidades principales fuesen la constancia en el vuelo y las dotes de seductor. Buscaban el palomo ladrón, ese palomo/a que se las ingeniase como fuera para traer a su cajón una pareja. Tan importante como que "robase" era el que no se dejase robar. El palomo que se dejaba capturar se solía sacrificar aunque tuviera otras dotes excepcionales. En cuanto al vuelo, se valoraba ante todo la resistencia, gustando además que hiciese el "ángel" y "palmas" al descubrir al acompañante y que buscase a este girando el cuello en pleno vuelo, levantándose a pulso cuando lo descubría. La cola, tejada hacia abajo o plana. Hoy, si tuviésemos que escoger, preferiríamos la estética a la resistencia.

La cabeza redonda, con ojos muy rojos y sin "gafas", pico corto, recto y en águila, y porras no muy arrugadas, en forma de huevo que no llegasen a rodear al pico por tamaño y rugosidad.

Tamaño pequeño, corto pero ancho, de tal manera que al cogerlo casi se te escapaba de las manos. Patas medianas, nunca calzadas. Buen buchón, siempre que no le restase capacidad de vuelo, que iba balanceando en el aire. No parece importarles el color, aunque predominaban en número los tonos grisáceos: azules, prietos, ahumados, negros y estos acorbatados.

Para conseguir estos palomos hicieron cruces entre valenciano, holandino y zuritos fundamentalmente, evitando al máximo la consanguinidad.

Según lo expuesto, nuestro palomo actual presenta algunas diferencias con el que criaban generaciones precedentes: Hoy optamos por la cola vuelta hacia arriba, sin mecerse el buche al volar y con cuello en vertical; la cabeza ha de ser acarnerada, pico liso y rosetas lisas y triangulares; tamaño mediano o grande y, sobre todo, estética en cuanto a morfología y vuelo.

Palomos distintos y pasiones distintas: antes, ver como trabajaban ante una pieza; hoy, su elegancia en el vuelo y en la jaula. Quizás sea hora de plantearnos una reconciliación.

Antonio Herrera. Jódar (Jaén)