Inicio

Orígenes del palomo de Linares.

Patrocinado por el Excmo. Ayuntamiento, y organizado por la Sociedad Colombófila de Linares, se celebró el III Concurso Exposición local de palomos.

También este año ha sido un éxito en cuanto a organización y palomos presentados, que llegaron casi al centenar, todos ellos con raza y gusto en su selección.

El aficionado se siente complacido con la participación de sus palomos, de aquellos que durante meses ha estado pensando llevar; tanto si logra premio como si no, se siente estimulado para intentar lograrlo el próximo año

Se puede decir que por la Casa Municipal de la Cultura, cedida por el Ayuntamiento de Linares, pasaron, durante los días de la exposición, casi todos los linarenses, tanto mayores como pequeños, siendo esta visita una actividad más dentro de la feria de San Agustín.

Nos honró con su presencia el señor alcalde, que se mostró muy interesado en conocer los pormenores de esta afición, así como las características de la raza. Ello nos estimula a seguir trabajando y, si es posible, a superar el camino emprendido en su mejora, como se ha logrado en los últimos años para bien de este pueblo que, por tradición, siempre fue de grandes y buenos aficionados.

Entre tantos amigos y aficionados que nos visitaron contamos con uno que, como todos los años, no se pierde esta exposición. Se trata de don Domingo Ruiz González, natural de Linares y aficionado antiguo que reside en Sardanñola hace ya algunos años, y quizás el de más edad de cuantos quedan de aquella gama de aficionados entendidos que lo fueron a primeros de siglo.

Le invité a hacerle una entrevista, rogándole fuese con la sinceridad que siempre le caracterizó, debido a la importancia de mis preguntas y la trascendencia que ello pueda suponer como pequeña historia de la columbicultura en Linares.

Mi primera intención fue hacerlo y dejarlo para constancia de los futuros socios de Nuestra Sociedad y que, quizá mañana, como hoy a muchos aficionados, nos gustaría conocer cómo fue el proceder de los primeros columbicultores linarenses; pero como esta afición es de todos y para todos, me he animado a publicarlo por si fuera interesante y grato.

El reportaje lo inicié con la siguiente pregunta:

-¿Era aficionado a los palomos tu padre? Y si fue así, ¿en qué fecha?

-Si, justamente desde 1905, cuando yo nací; a primeros de siglo ya los tenía, y ahora tengo 76 años.

-¿En qué años había ya palomos de raza para una suelta en Linares?

-Por el 1915 mi padre tenía la afición al marchenero, que por entonces se llamaba coliteja y coliconcha; aquí en Linares existía un aficionado a estos palomos que se llamaba Cobo López; mi padre tuvo de este señor un palomo coliteja de aquellos, y también consiguió una paloma de raza que no volaba por tener un ala quebrada, y había una incógnita, ya que unos los llamaban orgueros, gorgueros o colgueros.

De la cruza del marchenero con el murciano consiguió mi padre, Roque Ruiz Ochoa, primo de don Antonio Sánchez, alcalde que fue de Linares a primeros de siglo, unos palomos que volvió a cruzar con el murciano; con ello logró dos partes de gorguero y una de marchenero, y consiguió unos palomos, de los cuales regaló una pareja al teniente Ochoa, que fue un héroe en la guerra de Marruecos, y otro palomo al buen aficionado Ginés Soler Simarro, los cuales intentaron volarlos en sus casas, pero era soltarlos y regresaban a su palomar de origen.

La paloma murciana procedía de un gran aficionado a los palomos primitivos murcianos, don Rafael Acosta Velasco, hermano de don Matías, otro buen aficionado.

Los palomos anteriores los creó mi padre, pero yo les introduje en la raza un laudino del aficionado Pedro Izquierdo, cuya mujer era de Valencia y tenía un comercio de ultramarinos que se llamaba «La Valenciana».

Con el cruce de valenciano, murciano y coliteja logré un palomo de cola llana, casi plana, con rosetas o carúnculas ya más gruesas, trianguladas y partidas; algunos de ellos tenían una, dos o tres verrugas debajo del pico.

Yo, que había visto el origen de los palomos de mi padre, logré un palomo reformado: con un gorguero puro, un marchenero, un rafeño y un laudino semiplano; con estas cuatro razas, era el año 1926, y hasta el año 1940, por selección y mediante muchos cruces, conseguí eliminar el marchenero, parte del gorguero y parte del rafeño.

El rafeño mencionado anteriormente era ancho de pecho, con buche bajo y tirilla que partía el mismo en dos y no llegaba a pisárselo.

Aunque sus orígenes son de varias razas, yo logré hacer una en la que todos se daban asimismo; eran anchos de pecho y albardilla, con cola plana, y al iniciar el vuelo o al posarse, levantaban las plumas o penachos volviendo la cola; en el aire eran completamente planos; sus carúnculas o rosetas no tenían el llamado hachazo, pues el mismo procedía del gorguero. Conseguí eliminarlo dando cabeza acarnerada, rosetas trianguladas de buen desarrollo, pico de color carne y ribete del ojo del mismo color; este era de color cereza, ligeramente alto de patas, sin plumas ni escamas, de temperamento equilibrado, y logré sueltas de cinco años sin entregarse en palomar ajeno.

Estos palomos conseguidos tenían un 80 % de valenciano, un 10 % de murciano y un 10 % de rafeño, y procedían de los cruces antes mencionados, tomando de ellos lo que era la afición por aquellas fechas.

-¿Cómo era la suelta de machos en los años 30?

-Consistía en lo siguiente: se exigía, mayormente, condiciones de clase, garantía del palomo, procurando fueran cariñosos y le dieran coba a los pichones, y a fuerza de mucho esfuerzo conseguir encerrarlos. Una vez en su cajón, debían conquistarlos como si fueran hembras enceladas; en cambio, otros machos de origen de poca raza, que picaban a las hembras enceladas, no los queríamos.

Las sueltas eran de tres machos normalmente, siempre nones, por el peligro de que se encolleraran después de muchos meses en celo y suelta; la preferencia era que fuesen de color azul, y no pesaba tenerlos todos del mismo color. Por aquellos años ya existía el negro, pero era un negro avionado, y yo conseguí, con una paloma blanca y un negro avionado, un negro azabache y otros borrados, hermanos de los mismos padres y que en la segunda generación me volvían a dar blanco.

Con un borrado de albardilla blanca y una hembra blanca logré los primeros rosados perla, de ojo cereza y ribete blanco; estos eran valencianos, pues así los llamábamos, como igualmente valencianos eran sus padres; estos rosados perla tenían buche rojo y barras más oscuras en la mitad del ala y al final de la cola.

Hasta aquí fue lo que nos testimonió este amigo y buen aficionado. Su narración está hecha con sus mismas frases y palabras; se quedaron sin aclarar algunos particulares por falta de tiempo, que espero desvelaremos el próximo año.

Como él empleó palabras o expresiones de aficionado antiguo, que quizás el nuevo no entienda, yo quisiera aclarar, por mi cuenta, estos conceptos, y si de algo sirve me sentiré satisfecho. Al decir penachos se refiere a las plumas de los extremos de la cola, dos en cada lado y que el palomo arqueaba para arriba.

Al decir hachazo, se refiere a la hendidura entre las rosetas y la frente, y que rompe la línea curva que hace ligeramente redonda la parte de la cabeza del palomo. También babía del marchenero, orguero, golguero y un tipo de rafeño laudino y valenciano; esto es fácil de comprender, ya que por aquellos años el palomo más abundante en la provincia era el llamado también coliconcha; el segundo palomo que empleó se trata del murciano, y que anteriormente se llamaba orguero, colguero o gorguero; al laudino le ocurre que, desde sus principios, el aficionado le agregó lo de valenciano; del rafeño que también intervino, era un palomo con cabeza más gruesa, así como sus rosetas o carúnculas con buche bajo y ancho en su base, pues por aquella época había otros rafeños de buche alto, rosetas y cara más pequeñas.

Entrevista a D. Domingo Ruíz González sobre el año 1981, cuando aún el buchón de raza no tenía nombre