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El Buchón Jiennense, pasado y presente

La afición al palomo de trabajo en Jaén quizás se remonta a la denominación  árabe, pero en las inmediaciones a la guerra civil (1936-39), se produce una regresión salvaje, donde a penas quedan ejemplares, consecuencia de las necesidades económicas y de abastecimiento. Durante este periodo los aficionados se ven en la necesidad de sacrificar sus ejemplares, unas veces para comer y otras por la imposibilidad de facilitarles comida. Algunos aficionados solo dejan una sola pareja y la guardan casi en secreto en sus buhardillas.

Me relata mi padre que 1934 un señor llamado Don Rafael Galera, que poseía una yesería en el antiguo recinto de Jaén, hoy C/ Adarves Bajos, le regaló una collera de pichones hijos de la única pareja que le había quedado y que la mantenía en un cajón en el comedor para que no se la mataran o la robaran. Esta pareja la define como un macho rosado de cabeza espectacular, mucha roseta, ojo encendido, pecho ancho y retrepado. La hembra era una azul que la detalla como más ancha que larga, forma un poco exagerada de expresar sus recuerdos. Los pichones volando los recuerda con mucho cuello y cola mínima, es decir de cola llana con las puntas vueltas.

Si analizamos hechos y narraciones como estas, podemos partir de la base de que el Buchón en Jaén, en los años treinta ya tenía una configuración homogénea y no tan distante a la actual. Otra cosa es las distintas razas que han ido interviniendo y lo siguen haciendo, esto es inevitable en cualquier raza. A pesar de que me reconozco como purista de la raza, es decir que soy enemigo de los cruces, no dejo de reconocer que esto ocurre en todas las razas.

A partir de aquí quiero hacer una exposición de la evolución del Buchón en Jaén, asesorado por los relatos de mis mayores y en lo que yo recuerdo en mis cincuenta años de vida.

Cuando la sociedad española sale del letargo económico consecuencia de las guerras, empieza a aflorar parejas aisladas y va renaciendo la afición. Este momento coincide con la emigración andaluza al levante y Cataluña, produciéndose un trasiego de aficionados y con ellos sus palomas. Comienza introduciéndose los llamados holgueros, que si no estoy equivocado podrían ser quebrados murcianos. Estos son utilizados por los aficionados, para darles a sus ejemplares cola y cuello. El Rafeño fue utilizado para darle carácter y melosidad en el trabajo. Recuerdo otras razas que los aficionados utilizaban, pero ellas mismas se auto desechaban, pues en la provincia de Jaén siempre primaba el trabajo de los ejemplares al resto de características.  Pongo un ejemplo para comprender el auto desecho de algunas razas. Si en algún momento los productos de cualquier cruce dejaban de viajar a la catedral o a la torre del pueblo en busca de las zuritas, estos productos eran eliminados, pues era muy usual el dicho “ han salido caliéntatejas”, por lo que eran enviados a llenar el puchero.

Hasta el año 1984, estas amalgamas de razas y rubrazas son denominados con varios nombres, pero el más genérico es el Raza Antigua. Cuando se reúnen los aficionados de la provincia y deciden confeccionar el estándar buscan un nombre que satisfaga a todos, decidiéndose por el nombre actual de BUCHÓN JIENNENSE.

A partir de estos momentos el aficionado tiene una referencia escrita, el estándar, que le sirve de orientación en cuanto a su fenotipo, pero poco o nada dice sobre su trabajo, por lo que desde entonces acá, ha existido una lucha constante entre aquellos aficionados que abogan por el estándar y los que lo hacen en pos del trabajo, esta pugna ha sido, es y será siempre buena para mantener el equilibrio entre belleza y trabajo, siempre que dichas corrientes estén basadas en la selección de la raza..

El año 1984 marcó para esta raza un antes y un después, fue el momento más traumático donde fueron desechados ejemplares extraordinarios por el simple hecho de no coincidir plenamente con el estándar. Para comprender un poco este trauma  transicional vamos a comparar la evolución fenotípica de la raza.

Cabeza.  La raza antigua tenía tendencia a poseer meseta en su parte superior del cráneo, el buchón actual ha evolucionado a la elipse perfecta desde la punta del pico a la base del cráneo. La cabeza antigua tardaba más de dos años en consolidarse, hoy se le exige a los seis meses.

Ojo. Esta es la característica más arcaica de esta raza pues en poco ha variado su tono rojo pigmentado. No obstante se pretende ya el color rojo guinda madura, como consecuencia de la competitividad en las exposiciones.

Pico. Se le ha dado más robustez o al menos más precocidad, pues el palomo antiguo enreciaba su pico totalmente a los dos años, es más, de pichón aparentaba ser largo, pero ese exceso era luego cubierto por un desarrollo mayor de  las carúnculas.

Rosetas o carúnculas.  La raza de antaño, tenía las rosetas más descompuestas, pero también más desarrolladas, lo que le hacía parecer más cabezones, efecto que lo adquiría algunas veces a los cinco o más años. Hoy por desgracia no se ven ejemplares de edad en los palomares.

Cerco del ojo o ribete.  Mi opinión es que este ribete tan fino, único en los buchones clásicos, pudo adquirirlo de la zurita, utilizada por bastantes aficionados para regenerar sangre. En tiempos no existía la perfección de contraste que se le exige hoy. Contraste nos referimos a la unión entre el ribete y su cerco de plumas. En algunos ejemplares con reminiscencias, este contraste es más ancho, pues en lo actuales suele ser casi nulo, es decir no existe espacio entre las plumas y el ribete.

Buche. En la actualidad existe una tendencia de aficionados a preferirlo redondo, cuando el estándar lo especifica claramente en forma de pera y algo descolgado. Pues bien, en la raza previa al estándar existía más variedad de formas pues los había rasgados de buche enteros, posiblemente adquirido del rafeño. Según el estándar sería penalizable ya que la tirilla emplumada parte el cuello en dos mitades sin llegar al buche.

Cola.  Bajo mi opinión quedó un poco estricta la definición del estándar, pues existían ejemplares con colas muy vueltas, que según el estándar tendrían que ser penalizadas, a pesar de ello aun hoy el aficionado sigue cultivando generalmente más cola de la establecida. De todas formas como anteriormente se refirió el palomo antiguo no era muy vuelto, otra cosa es que había aficionados que preferían sus ejemplares muy vueltos y volaban incluso cruzados de buchón marteño.

La pata. El color negro intenso y brillante en los pichones recién anillados y moradas intensas al finalizar la muda es una característica que poco ha evolucionado, si bien el palomo antiguo no era tan alto de pata como a veces se pretende, de hecho el estándar la define como medianas.

Hasta aquí digamos que hemos tratado la evolución normal del fenotipo del B. Jiennense, pero no puedo pasar por alto las malas artes que tanto han perjudicado la raza, me refiero exactamente a la utilización por parte de un sector defensor del palomo solo de exposición, que con tal de obtener premios y poder comercializarlo masivamente se han limitado a introducir BELLEZA ALEMANA DE EXPOSICIÓN, este sector ha hecho un flaco favor a la raza, sobre todo porque han dado una imagen al mundo de un B. Jiennense nada más lejos de la realidad. Se han vendido ejemplares a América, que han tenido que ser sacrificados a los cuatro días. En el comercio estas malas artes son pan para hoy y hambre para mañana. Cualquier B. Jiennense que tenga aunque sea un 6% de Belleza A.E., puedo asegurar que sus productos antes o después nos darán ejemplares: estrechos de buche, falto de tornasolado en el mismo, gordos de pata, cortos de vuelos y sobre todo faltos de carácter, en contrapartida tendrán unas cabezas precoces y  bonitas para el neófito

Si para cualquier aficionado entendido, estos ejemplares mezclados no tienen ningún valor por muy bonitos que sean, tampoco son valorados los utilizados por aquel sector que se limitan a presentar como B. Jiennense cuarterones o quinterones de Quebrado Murciano, a fin de darles vistosidad de vuelo, a costa de recortarles el trabajo y el carácter que tanto ha definido esta raza. 

Estos son a grandes rasgos los matices de la evolución de fenotipo en esta raza, pero estos ejemplares que se caracterizaban por su trabajo más que por su belleza, en quince años, casi se ha pasado a igualar sus características, es decir que se ha ganado belleza pero a costa del  trabajo. En los últimos años, se están alzando voces a favor de cultivar el trabajo, quizás porque el aficionado aprecia que en cuanto a belleza ha tocado techo. En cualquier caso será aquello que el aficionado decida, nunca imposiciones de organismos oficiales ni oficiosos, aunque provengan de Europa.

Podríamos definir un buen B. Jiennense, si  al cogerlo en la mano apreciamos:

Buena relación peso tamaño. Armonioso en sus formas. Tamaño medio  No le sobra ni le falta nada. Las patas de pichones negras, de adultos morado intenso, siempre hablando de azules que es el color predominante de la raza. Sus ojos son rubíes. Porte erguido y un poco echado para atrás. Carúnculas alargadas en su primera edad y algo más abultadas con el tiempo, algunos ejemplares más próximos a sus antecesores, les salen tres verrugas en la base inferior del pico que junto con las carúnculas, forma un efecto óptico similar a un rosco blanco (esta característica está ya casi perdida).

En cuanto al carácter y trabajo, podemos decir que debe de tener todo lo que cualquier buchona española tenían antiguamente, solo que esta raza antes de intervenir el estándar se caracterizaba por ser de las más completas en trabajo, de ahí su expansión no solo nacional sino internacional, entrando en juego ya ciertos factores como el económico que no han beneficiado a la raza más que de vista al escaparate.

De todas formas existe un sector muy importante que no olvida los orígenes de este animal, e intenta mantener aquel conjunto de vuelo sostenido, que sin ser vistoso en exceso tienen momentos de verdadero recreo para la vista, sobre todo cuando el ejemplar en celo regresa al palomar con su conquista, aquí es donde debe de sacar todo lo que lleva dentro, sacando cuello, volviendo cola, dando la sensación de mecerse en el aire y girando su cabeza de un lado a otro, con punteos nerviosos hacia delante (bichear). Por el contrario si el ejemplar sale en búsqueda, persecución o hacen fuertes vientos, deberá tener suficiente capacidad de recoger buche y cerrar cola, en definitiva desaparecen sus atributos de vuelo para facilitar el mismo.

 Este detalle de características tan homogéneas, sencillas y tan a gustos de casi todos los criadores de buchones, hace que esta raza sea en la actualidad una de las más apreciadas. Gracias a nuestros mayores que supieron dejarnos un conjunto genético bastante fijado, con pluralidad  suficiente de ejemplares como para haber podido constituirla en raza para disfrute de nuestros hijos.

Juan Espinosa Martinez. Jaén 07-01-2001.