Inicio

Síntesis de una tesis de columbicultura

Somos seres humanos, los llamados dominadores del Universo, y cometemos el error de jactarnos de ser la máxima expresión deldesarrollo de la naturaleza, en materia viva.

Sin embargo, cuando sufrimos la experiencia de enfrentarnos ante seres de menor desarrollo comprobamos, tras mucho observar, que existe una especie, no insignificante, que nos supera en todo lo que se puede considerar más importante en el transcurso de nuestra existencia.

Como ejemplo pondré un caso: «los palomos», que comprobado está su gran superioridad ante nosotros los humanos. Ellos están dotados de gran ternura, de lucha, organización, de profundo amor y lealtad sin límites.

Desdichadamente, comprendemos que son ejemplo vivo de lo perfecto, y ello nos hace sentirnos más pequeños que una hormiguita.

Haremos una previa comparación y, dicho sea de paso, invito a que el lector de esta humilde pero sincera disertación haga su propio análisis a su antojo.

Es sabido que nosotros, los aficionados al deporte de la columbicultura, dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo libre a observar y estudiar hasta el más mínimo de los detalles que los caracteriza y se convierten en disfrute y goce de todos sus movimientos. En momentos no muy frecuentes nos da la impresión de entender lo que piensan y expresan a través de sus arrullos; eso nos llena de regocijo y felicidad.

Al inicio de la temporada de reproducción, llegamos al climax de nuestra satisfacción, puesto que pretendemos aparearlos con el propósito de hacer los cruces con la especie que escogemos, con el afán de obtener buenos ejemplares, insistentes a la pluma, en una palabra, conquistadores únicos, finales triunfadores. Llegamos a la conclusión del acierto en la elección de las parejas ya apareadas, pues sabemos de su estirpe.

Dando rienda suelta a sus emociones, comienza la persecución constante del macho hacia su hembra, quien adopta distintas poses jugando con su buche, abriendo y esparciendo el plumaje de su cola, semejante a un abanico de brillantes matices de colores, ejecutando una danza como un rito a la belleza de su hembra...

Ya la considera rendida a sus halagos y emprende la posesión, el acto de cubrirla y con ello quiere decir que tiene suficiente aire para resistir la lucha con cualquier intruso que ose destruir sus aspiraciones futuras en cuanto a las relaciones que está desarrollando con su hembra, haciéndose el firme propósito de enfrentarse contra todos los obstáculos, asumiendo a su vez la responsabilidad del compromiso matrimonial y de su prole.

Ya unidos, empezamos las comparaciones: la atención a su dama que acepta sus actos amorosos agradecida y, entusiasmada, corresponde a los caprichos del macho, que en casi todo ser vivo, resulta caprichoso y engreído como para demostrar que tiene vigor y fuerza para batirse hasta la muerte por su pareja y futura familia.

Es lo que se entiende, lo que al comienzo expongo, dando la tónica de la verdadera unión que debe existir en la naturaleza.

Ya establecidas las demandas que exige el proceso de la incubación, en medio de su mundo idílico, se dan a la conjunta tarea de cargar el follaje necesario para construir su nido, en el que albergarán a su prole, considerando esos viajes «vuelos nupciales».

En medio de toda esta actividad, su romance alcanza el máximo disfrute. Entre tanto... la hembra en su dulce trance de la procreación, el macho solícito la sustituye en su nido para que descanse y dé solaz esparcimiento a sus alas y receloso vigila desde su atalaya cualquier peligro que pudiera presentarse y salir a la palestra, jugándose la vida por su hembra temerosa y percibe la recompensa entregándole ella su regocijo, orgullosa de su compañero.

Resumiendo, por no convertir en tedioso este soliloquio, haré en síntesis la comparación que existe entre el género humano y el reino animal y me resulta difícil comprender entre la razón y la no razón, que comparando las dos especies, puesto que ambas procedemos de semillas ovuladas, llego a la conclusión y estoy convencida que nos tropezamos con seres humanos sin vestigio de sentimiento alguno, que son capaces de dejar a la intemperie e inclemencia del tiempo a su prole.

Repasemos el ejemplo de los «palomos», especie que gira alrededor de nosotros, los aficionados al deporte de la Columbicultura, y nos convencemos de la integridad del mundo animal.

Teresa Vazquez Feijoo. La habana, Cuba.