Inicio

Apuntes históricos del palomo Marteño

 Conocer Martos no se circunscribe únicamente a su historia, edificios, costumbres... con ser esto ya bastante. Mi pueblo es mucho más, mi pueblo es actualmente uno de los centros más importantes en la provincia de Jaén de plantación y producción  de aceite de oliva. Martos o “La Ciudad de la Peña”  como mucha gente la llama, da una producción media anual de 50.000.000 kilos de aceituna, lo que claramente pone de manifiesto la importancia del olivar marteño en la agricultura jiennense, en la andaluza y, porqué no decirlo, en la mundial. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que: ¡Martos es un océano de olivos!.. pero, ¡Martos es también un Océano de Palomos!

El palomo marteño es una joya más que tiene esta ciudad y que muchos aficionados a la columbicultura desconocen. Ahora que ha empezado un nuevo milenio, con nuevas tecnologías de la comunicación (Internet, telefonía móvil, etc.), ahora que estamos en pleno auge de las ciencias de la información, es el momento de conocer, además de las excelencias del aceite de oliva virgen (el mejor aceite  y el más beneficioso para la salud en el mundo), las excelencias de un palomo que ha sido y es santo y seña de la columbicultura marteña. Un palomo cuyo origen parece ser que se nos pierde entre la niebla del tiempo, pero que es creado, criado y recreado por los aficionados a la columbicultura en esta ciudad.

Durante muchísimas décadas su vuelo ha formado parte del bello paisaje que conforma Martos y su Peña. El cielo de la “Ciudad de la Peña” no se podría concebir sin la bella armonía del buchón marteño batiendo sus alas sobre ella y sin su arrullo meloso intentando conquistar a una bonita hembra. Se podría decir que el palomo marteño forma parte de la cultura de LA COLONIA ROMANA DE “TUCCI”, como antiguamente se llamaba esta población.

Desde el Portillo a la Plaza, desde el Baluarte a la Fuente Nueva... desde todos los barrios de la ciudad, el buchón marteño ha dibujado filigranas en el aire, que los han enseñoreado y adornado con la majestuosidad del remo de sus alas surcando nuestro mar de cal y de olivos y con la cola vuelta hacia arriba, en señal de victoria, que es la principal característica de esta raza. La ciudad bimilenaria de Martos ha estado y seguirá estando plagada de uno de los más bellos ejemplares que conforman el universo de la columbicultura jiennense y, por supuesto, de la española: ¡el buchón marteño!

Me llamo Juan Torres Orta, y a partir de ahora, un amigo más, que se pone a tu disposición por si deseas conocer, experimentar y disfrutar de esta joya única de la columbicultura marteña que tenemos en la provincia de Jaén, juntamente con el buchón jiennense. La historia que vas a leer a continuación te puede parecer a simple vista muy localista, pero si la lees con detenimiento, puede reflejar la de cualquier raza, en cualquier sitio y... de cualquier columbicultor.

 Mi afición a los palomos se remonta a principios de los años cincuenta, cuando se viene a vivir al lado de mi casa, Juan Rizquez Molina. Aquí empiezo, con apenas nueve o diez años, a aficionarme a este bello y  entretenido deporte, y que, gracias a Juan Rizquez y a otros muchos amigos palomeros, con el tiempo, me fui enterando de las  peculiaridades de esta afición y de las dificultades que entraña la cría y suelta de palomas de raza buchonas españolas. En esta ciudad, no sólo hay una raza de palomos muy especial, sino que también existen unos palomeros muy especiales: unos aficionados que se pasan horas y horas mirando al cielo, viendo su Peña y contemplando -en vuelo- las colas de sus buchones, vueltas hacia arriba en señal de victoria. Mi reconocimiento a esta raza especial de columbicultores que hicieron posible con su largo trabajo de selección, que hoy podamos disfrutar de una excelente raza como es la del buchón marteño.

Decía un marteño ilustre, mundialmente conocido, el profesor de matemáticas, D. Manuel Valdívia Ureña, que  “...hay que estudiar como si uno no se fuera a morir nunca...” Pues bien, Martos tiene también columbicultores con más de 85  años que

                                  Ejercen su Afición
                                                              como si
                                                                          No se Fueran a Morir Nunca

Esta leyenda de palomeros o estos palomeros de leyenda han sido los creadores del  buchón marteño: una raza, que aunque todavía no sea oficial su estandar, pertenece por derecho propio (historia y antigüedad) a la raza de buchonas españolas. Algunos de estos columbicultures han muerto, pero otros los hemos “cogido a tiempo”:

Han pasado a la historia de la columbicultura marteña nombres como Juanito Santana, Juan Rizquez Molina, Pepe “Jarruña”,  Francisco “Cenizo”, Paquito Ariza, Pepe “El Pintor”, Ortega “El Torrejimenuo”, “Mandùca”, Antonio González González, Fausto Cobo, Antonio “El del Estanco”, los hermanos “Chorizo” (Manolo, Pepe y Antonio Martos), “Nequías”, “El Rubio Pancilla”, “Braguetas”, Manuel Chamorro “Mequeque”, Ramón “El del Patio”, Bernal “El Alpargatero”, Joaquín Loraque, Manolo “Rabanillo”, los hermanos Ocaña-Chamorro, Felipe Serrano... y muchos más que se me escapan del “tintero del tiempo”, pero que,  junto a muchísimos aficionados anónimos, forjaron esta raza de palomos ¡a base de afición  y  selección!

JUAN RIZQUEZ MOLINA es uno de los aficionados que pertenece por derecho propio a esta larga lista. Mi antiguo vecino, “Juanito” Rizquez, como cariñosamente le llaman, nació en Martos en el 1927, fue concejal en los años sesenta, y se distinguió por su colaboración en la industrialización de Martos. Juan Rizquez es el “principal culpable”  de traer a nuestra ciudad la multinacional Valeo Iluminación; colabora en revistas locales, y en Agosto de 1997, a petición masiva del pueblo, es nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad. Últimamente, escribe un libro en clave de humor titulado “Azúcar, Sal y Pimienta”. Es un hombre que rebosa optimismo y buen humor y, además, es

Uno de los Grandes Mitos del Palomo Marteño.

Marcó la época dorada del “colillano de Martos”. Y señaló  -con sus cruces- las líneas maestras de la configuración actual del buchón marteño: cola en semicírculo, ligereza  y empaque de vuelo. Los palomos -azules porcelana- de Juan Rizquez fueron el modelo a seguir de los aficionados de su época (décadas de los años 40 y 50) y de las nuevas generaciones de aficionados que le siguieron. Fue una delicia verlos volar en busca de zuritas a la iglesia de San Francisco. Eran “muy duros” y seductores;   Capturarle un palomo a Juan era una hazaña que no estaba al alcance de cualquiera pues sus machos estaban muy “preparados”, cuidados y constantemente observados por su suegro Pepe Jiménez. Volaban alternativamente: unos por la mañana y otros por la tarde, y parece ser, que sólo Antonio González González y Antonio Martos “Chorizo” consiguieron, tras largos años de intentarlo, cogerle un macho en la trampa.

 En Julio del 2001, me reúno con él, en su casa, y mantenemos la siguiente charla:

- Juan, desde cuándo eres palomero.

            -”Yo soy aficionado a los palomos porque un cuñado mío, Pablo (que murió en la guerra), era muy aficionado a ellos. Empecé a tener palomos desde el año 1934; por este tiempo, me acuerdo de un palomo que tenía, un negro ali-blanco, más bien plumillo, que era muy bonito... Entonces, aquella raza de palomos “colillanos” que había en Martos tenían la cola llana o la volvían ligeramente hacia arriba.”

En nuestro pueblo se empezó a llamar a nuestros palomos “colillanos” porque casi todos tenían la cola llana (esto mismo ocurría con el colillano sevillano), posteriormente, fueron apareciendo los vueltos de cola, como una teja pero hacia arriba, y más adelante, los que casi forman una circunferencia con ella. Y aunque algunos de mis paisanos siguen llamándosles “colillanos”, hoy es mejor denominarles buchones marteños.

-¿Cómo eran los palomos de antes?

-”El palomo de aquel tiempo tenía el pico corto, el buche no muy aperado, redondo, buenas porretas..., ese era el palomo que nos gustaba; cuando salía volando no se paraba en ningún lado, y si lo hacía en algún  tejado, no paraba mucho en él. Mis palomos pasaban, llegaban y se iban..., y si la piquera estaba en un tejado,

    se paraban

                         cuatro tejados

                                                     más abajo.

“... Nunca se aproximaban a las piqueras de otros palomos. Eran los auténticamente “ladrones”, muy duros  de entrar en otro palomar y con mucho carácter e inteligencia.”

“... Los de aquel tiempo tenían la cola vuelta y la rabadilla ancha; cuando  volaban, daban la misma distancia del cuello a la cola que entre sus alas, es decir, volaban “redondo”...  descollados -alargando el cuello-, de gran trabajo... y ¡muy bonitos!”

“... Vino la guerra, la pasamos... y yo siempre con mis palomos. En los años cuarenta, los volaba en mi fábrica de cemento, allá por el “Camino Ancho. Un día, subí con un amigo al “Portillo” ( la parte alta del pueblo donde estaba LA CUNA DELOS PALOMOS DE MARTOS), allí, vi volar los palomos de “Santana”, “Cenizo”, “Mequeque”... todos muy buenos palomeros y con fama. Juanito Santana me enseñó sus palomos; yo estaba acostumbrado a ver los que volaban por la parte baja del pueblo,  pero como aquellos, ¡ninguno! de pronto, me dice Juanito:

-¡Mira, ven,  que vamos a ver un palomo que tiene un hombre aquí!

“... Aquel palomo lo conocían como “El Azul de Pepa”, porque la mujer de Pepe “Jarruña”, el dueño del palomo, se llamaba Pepa . Era  precioso: vuelto de cola, trabajador, duro, con raza... ¡era el palomo auténtico!” “... Cuando sueltan el palomo, y lo veo volar, quedé maravillado: ¡aquel cuello, aquel vuelo..! ¡Lo escuché arrullar en el aire!... Saltando de un caballete a otro,  qué elegancia... ¡me enamoré de él!  Total, que, cuando el hombre lo tenía en su mano, le digo:

-“Véndame usted el palomo.”

- “... Y,  me dice: No, el palomo no lo vendo.”

- “Hombre, véndamelo usted”

-“No, no, no... y, además, si lo vendo me tienen que dar 20 duros por él.”

“... -Fíjate tú, 20 duros en el año1944 ¡eran dineros!- Llevaba yo 20 duros... y se los pongo en la mano. Cuando este hombre ve el dinero, me dice: ¡Pero, hombre, Juanito, si yo te he pedido 20 duros para no vendértelo!”                  

-“¡Pues, ya es mío! Y me traje el palomo.”

“...Con aquel palomo, “El Azul de Pepa”, y una paloma baya que compré en La Plaza  -un poco vuelta de cola- hice un cruce y saqué:

       ¡... Aquellos

                              Azules...

                                               tan Bonitos...!

(Aquellos palomos de “Rizquez” que, a finales de la década de los cuarenta, iban a la iglesia de San Francisco (en la Fuente Nueva) y se llevaban los zuritos ¡a pares! Se dejaban “caer” por el cine San Miguel -llevando los zuritos detrás-, y ¡parecían que iban paseando! Volando, no se elevaban cuando traían la presa al palomar... y, diariamente, no paraban de capturar zuritos.

“... Luego, “crucé” con un palomo que no era de los nuestros, era un rifeño” (del Rif de Marruecos). Lo vi en Ècija,  y como por donde voy -y todavía no lo puedo remediar-  no paro de mirar al cielo para ver palomos, cuando lo vi, ¡volando con la cola llana, con un “pescuezo” muy largo..!  y se paró en un tejado, me dije: ¡Ahí, voy yo! Lleguéllamé y compré. Desde entonces, mi rifeño se hizo famoso en Martos.”

- Juan, ¿llegaste a cruzarlo con los palomos marteños?

-“Si, lo crucé, y obtuve de él, un macho azul extraordinario. Con este hijo del rifeño, me ocurrió una anécdota muy graciosa: Yo trabajaba con el camión, y como estaba casado, no podía estar todo el día pendiente del palomo. Así, que, se “dio” con una paloma que tenía Alejandro Ureña en la Fuente Nueva; Alejandro empezó a cambiarle palomas - sabía que yo no estaba- y consiguió cogerlo. Le ponía una paloma con celo, le cambiaba a otra... ¡y me pilló el palomo! Cuando llegué a Martos, me dicen  otros palomeros:

-Juan, ya te ha pillado Alejandro el palomo, ¡y lo ha puesto  en el escaparate de su tienda de calzado para que lo vean todos los palomeros de Martos!

“... Me sentó muy mal. Afortunadamente, viene, a otro día, un muchacho de Mancha Real a comprarme unos palomos; tenía fama, y como en ese pueblo gustaban mucho los colillanos, pues venían a comprarlos. Aquel chaval, cuando los ve, se enamora de un macho  nevado y me dice:

-“ Éste,  se lo compro a usted”.

-¡Yo te lo vendo! pero con una condición: tienes que ir a una tienda de calzado que hay en la Fuente Nueva y conseguir que te vendan el palomo que hay expuesto en el escaparate,¡por lo que quieran!

... Alejandro Ureña le vende mi palomo azul,  y el chaval de Mancha Real  vuelve a mi casa con la compra y a por el nevado que le gustaba. Cuando yo cojo mi azul, le digo:

-¡Mira!, el nevado está por ahí... el palomo se va por la mañana y no vuelve hasta la tarde. Ven luego, y cuando se encierre en su piquera, te lo llevas.

“... Se va el muchacho, y voy yo, -¡pon!- a casa de mi amigo Felipe Serrano, un buen aficionado, y me da uno de sus nevados. Lo llevo a mi casa, lo meto en una piquera, y cuando viene por la tarde el manchego, ¡se lo vendo! Así que,  -fíjate, Juan- lo que es la picardía de los palomeros: ¡Conseguí, de Alejandro Ureña, mi palomo, engañé al chaval, que no se llevó el que quería y se fue tan contento, y yo, feliz con el hijo de mi RIFEÑO.

“...Eran tantos los palomos que cogía que hice piqueras automáticas; además, Juan, tú la vistes, que subías a mi palomar de la calle Carrera. Mis palomos entraban y salían y no se cerraban las piqueras... y cuando traían una pieza, ¡paff! ¡pillado! Yo llegaba a mi casa por la noche y siempre me encontraba con caza.”

- Juan, háblame de nuestro buchón marteño.

-”... Hombre, aunque nosotros les decíamos colillanos, tenían la cola  como una teja, pero al revés. Los palomos no llegaban por aquel entonces a poner la cola como la ponen ahora, que forman prácticamente una circunferencia. El palomo que volvía mucho la cola, era estrecho...  si tenía 13 , 14 y hasta 15 plumas en ella, ¡mejor todavía!”

-¡Tus palomos tenían mucha elegancia volando!

-”Si, esa elegancia y armonía la conseguí  con aquel “Azul de Pepa”,  aquel palomo, que  en el Portillo, le soltaron una  paloma y

      ¡la arrullaba                                                                      

                               en

                                    el aire!

¡Jamás he escuchado a otro!”

-¿Qué colores tenían los palomos de entonces?

- “Los colores eran los mismos de ahora. A mi siempre me han gustado colores azules, nevados.... colores limpios... Había unos muy bonitos - que yo no tenía- que eran coli-azules: blancos  con la cola azul.”

 - Juan, pero... ¿eran palomos de los nuestros?

-”Si, si... de los nuestros: ¡colillanos! Esa pluma ya ha desaparecido. Estos coli-azules los tenían en Martos, Juan y Pepe Ocaña Chamorro, son los  últimos coli-azules de raza marteña que yo he visto.”

-¿Nuestros palomos podrían tener más de un siglo?

-”Hombre, en la década de los veinte, vino un señor de Valencia -muy mayor- que dicen que trajo palomos valencianos...  Sí, podrían tener más de un siglo.” ... éste señor intentó introducir el deporte de los palomos de pica, pero, acostumbrados a los nuestros, no tuvo mucho éxito.

 -¿Y los buches, no se descolgaban mucho?

-”Se estropeaban un poco; procuraba criar con los palomos que tenían cierta edad, que volaban menos.”

-¿Cuando criabas, has tenido en cuenta la consanguinidad?

 -”Si, si ... yo tenía las palomas de una “ raza” y los machos de otra.”

- ¿Te acuerdas de quién te ha cogido algún palomo?

-”Sí, Antonio González me “pilló” un macho azul plumín y “Los hermanos  Chorizos” me cogieron una paloma, creyendo yo que era un macho.”

- Juan, ¿os juntabais para hablar de palomos?

-”Sí, pero los palomeros a pesar de esto, éramos independientes..., íbamos con mucha picardía.”

- Quieres añadir algo más.

-”El palomo debe tener defensa para volar y para salir. Martos es ideal para ello... ¡Es tan bonito tener palomos en los barrios de altos: El Baluarte, El Portillo, La Plaza...  yo he sido muy feliz con mis palomos!”

Y siguió contándome, Juan Rizquez Molina, sus vivencias... ¡una hora más tarde!

seguíamos hablando de nuestra “pasión”. Muchas gracias, “Juanito” Rizquez.

El Mito del Portillo

            Hablar de los palomos de Juan Castro López, “alias” “Juanito Santana”,  es hablar de la cuna del palomo marteño. Se ha hablado de sus palomos como palomos de bandera, y de él, como un palomero astuto y sagaz. Personalmente, no lo conozco; su hijo, un industrial de Martos, me indica dónde vive. Voy a la calle Torredonjimeno,  y me recibe en su casa. Nos bajamos a la Fuente de la Villa, y allí, sentados en un bonito banco, hablamos de palomos:

- Juan, ¿qué edad tiene?

 -”Pues, tengo... 80 años... ya soy bastante viejecillo.”

-¿Desde qué edad tiene palomos?

-” Desde que tengo conocimiento había palomos en mi casa.”

-¿Es que su padre tenía palomos?

-”No, un hermano mayor fue el que los “echó”. Luego, los heredó el siguiente, y cuando  éste último se casó, me dijo:

                                 ¡ los palomos

                                                     se quedan ahí

                                                                           para  que los cuides !

... En este momento, con dieciséis o dieciocho años, me hago palomero. ¡Ya eran míos para hacer y deshacer...! ”

“... Cruzando, conseguí cosas muy buenas, siempre teniendo en cuenta no juntar hermanos, porque aunque salían bonitos, eran muy “blandos” y se metían en cualquier palomar. Un cruce que hice, y salía muy bien,  era

¡el de un NIETO con una “AGÜELA”!

“... Los marteños los hemos hecho nosotros aquí, cruzando unos con otros.”

- Juan, ¿antes, os gustaban mucho las colas?

-”Si, valorábamos las colas, las porretas  y  ... ¡el vuelo! Los palomos actuales tienen cola, pero no tienen delantera.”

-Y la cabeza, ¿cómo era antes?

-”¡Muy bonita..., cuando el palomo cumplía un año, tenía unas “ barbas”!

- Las “barbas”, qué eran, ¿verrugas?

-”Si, como verrugas debajo del pico. Aquellos palomos eran de una raza muy buena...   

   poco a poco se fue consiguiendo.”

- Juan, ¿cómo era el buche del palomo marteño de antes?

-”¡Los palomos de antes salían de su casa con un buche y volvían con el mismo   

   buche! Hoy, los palomos que hay, ni tienen porretas ni llegan con el mismo buche

  que cuando salen de su casa.”                      

-¿Qué colores había antes?

-”Los mismos que ahora. Los colores más bonitos eran los azules -cuánto más limpios  mejor- y los nevados. Ahora bien, yo tuve un ali-blanco, con seis o siete plumas en  cada ala, y un babero chiquitito, chiquitito, como un corazón ... ¡Dios, qué palomo más bonito!... fue mío 8 ó 10 años, hasta que murió. Crié también un blanco con la cola “acenefá” en nevado, muy vistoso. Ya se ha perdido ese color, ahora los palomos blancos que se ven son los de patio.”

“... También tuve un negro - que lo saqué de dos azules oscuros - ¡qué bonito! ¡Y qué palomo  andando todos los tejados de Martos y cazando todo el día!

                       Le pusieron

                                                  de nombre

                                                                             ¡CURRO!

como aquel municipal que se andaba todo el pueblo. ¡Palomo perdido que encontraba, lo traía a casa!”

“... A Curro lo llevé  a Torredonjimeno y le dije a los  palomeros: traed una paloma, que la “pise”... Y, allí, en el portal de la casa, ha pisado a la paloma, y desde la calle, hemos soltado a los dos... ¡y ha salido mi palomo como si saliera de su casa!¡pero chiquillo! de que ha dado dos o tres vueltas y ha visto que no era su pueblo, encogía el buche, se elevaba y buscaba su Peña... buscaba su casa en Martos.”

- Juan, ¿cómo eran los palomeros de antes?

-”Hombre, entre nosotros nos llevábamos “bien”. Tenías que ser muy amigo, muy amigo, para decir: ¡te lo he pillado, llévatelo! Eso era muy difícil, porque el interés del palomero era pillarlo y... date por c... que te lo he pillado.”

“... Hubo un palomero aquí, Paquito Ariza,  que vivía en la calle Enmedio y trabajaba en el Ayuntamiento de Martos, que se trasladó a vivir a Jaén y se llevó sus palomos marteños. ¡Cómo le gustaban los palomos!

“... A  todos nos gustaba dejarlos solos y que se buscaran la vida; ahora, están revueltos los machos con las hembras”. “... Antes había palomeros que se dedicaban nada más que a soltar palomas, y como los machos fueran blandos, no te dejaban ni uno.”

- Juan, ¿ha pillado muchos palomos?

-”Te voy a decir la verdad. ¡Yo he pillado más palomos que pelos tengo en la cabeza! ¡Sin engañarte! tengo unos sobrinos que, cuando salían de la escuela, estaban al “cuidado”,  y cuando veían a los míos con un palomo perdido: ¡zasss!, lo encerraban y se lo dejaban al macho... ¡al anochecer, subía y, a oscuras,  le quitaba la “presa”!

y le abría la piquera otra vez... y, al amanecer, vuelta a empezar.”

- Juan, ¿éso de subir a oscuras?

-”!Subía a oscuras a conciencia!, para que el palomo no viera que le quitaba lo que tenía dentro.”

- ¿Cómo preparaba sus palomos?

-” Al palomo como andes “refrescándolo” (echándole paloma) lo echas a perder;  cuando tenía pichones y comían solos, se los ponía a un macho que tenía en suelta: los encerraba juntos en el cajón  y el macho se encelaba con ellos, al día siguiente, cuando abría la piquera, los pichones empezaban a asomarse,  por aquí,  por allí, ¡les tomaba el macho  un cariño..! que cuando volaban, iba el macho acompañándolos... ¡eso, si los dejaba que se fueran!”

... Luego, separaba los machos de las hembras; a ellas, las encerraba para criar y, a los machos jóvenes, los pasaba a una piquera solos. Había alguno que después de 4 ó 6 meses,  si veía que no era bueno,  me deshacía de él .”

- Juan, ¿quiénes eran los buenos?

-”Los buenos eran los palomos que llegaban, daban dos o tres vueltas y dos o tres arrullos en el caballete de otro palomar  y ¡vuelta para casa!,  sin andar mucho por el tejado ajeno  para que no lo cogieran. ¡Esos eran los buenos! ... Yo siempre he seleccionado los que  actuaban así, los malos me he deshecho de ellos.”

-¿Cómo son los palomos de ahora?

-”Ahora hay más exageración de colas que antes. Antes, nuestro palomo, tenía la cola más llana, hacía una “cañadilla”, como una teja vuelta hacia arriba, y hoy, los palomos que hay, casi todos, cierran mucho más la cola, pero no tienen buche.”

-¡Hombre, Juan, los habrá que tengan buena delantera!            

-”Si. Pero muy pocos. Yo creo que, como vuelven más la cola, es por lo que no pueden llevar la delantera tan elegante como los de antes.”

-¿Todos los marteños han vuelto la cola?

-”No, todos no. Antes había algunos marteños con la cola llana, pero llevaban la raza y sacaban buenos descendientes.”

“... Cuando venía una “humedailla” (lluvia), cambiaba los machos y soltaba las palomas, y decía: ahora que no voy  a trabajar, me voy a divertir... A los palomos les gustan muchos las bayas, se vuelven locos con ellas, yo las preparaba, las tenía encerradas en la cámara, con mucho celo, y cuando las soltaba: ¡a cazar, a por el macho!”

“...  A los palomos de “Cenizo”, los he tenido yo al alcance de la mano, viéndoles el buche en la lujarda, pero tenían que entrar limpiamente, si no, no los pillaba!”

“ .... Me gustaba que el palomo tuviera defensa y entrara. ¿Sabes cómo he cogido muchos?: Cuando estaban muy encelados con la paloma, ponía tela metálica a la puerta de la lujarda y la paloma no se podía salir. Ella, llamaba al macho, y él venía a la piquera, en ese momento... ¡zass! Antiguamente el palomo ladrón (conquistador) era el que valía, hoy, los palomeros, solo valoran las colas, pero de “sueltas” no saben mucho”.

 “... Mis palomos volaban por todo el pueblo,

 LOS DE AHORA,

                                   DAN UNA VUELTA Y ...  A CASA

- Juan, los palomos, ¿tienen una edad para volar?

-”Yo he tenido palomos volando con 12 años y estaban fuertes.”

- ¿Qué tipo de enfermedades tenían?

-”Antes había menos. Se embuchaban y se operaban.”

-¿Has vendido algún palomo?

-”Si, para Barcelona y Madrid, aquí en Martos ninguno.”

-¿A ti te suenan los palomos valencianos?

-”Si. Tuve un valenciano de raza antigua, lo traje de Torredonjimeno, lo crucé con palomas vueltas de cola y me dio ¡buenos ejemplares! Aquel palomo estuvo en mi casa 4 ó 5 años. Tenía unas acciones muy buenas... una cola llana, unas patas largas y unas porretas muy buenas. ¡Era un palomo buenísimo!”

“... Los palomos los he retirado solamente porque se picaban en el tejado. En el mundo de los palomos tienes que andar duro a la hora de seleccionar las característica  que te gustan, si no, nunca tendrás nada.”

“... Los palomos cuando se ven mejor es por la mañana; puedes observar su comportamiento con las palomas y ver mejor sus acciones, por la tarde vuelan menos. Los palomeros de antes, teníamos unos palomos que volaban por todo el pueblo. ¡Eso era lo que nos gustaba!”

“ ... Había en las Cobatillas unos palomeros que les decían los “Chorizos”, a los que di un pichón azul, que en mi casa no había volado,  y cuando lo soltaron, perdió el norte de su palomar. Me avisaron que estaba en la calle Real con otros palomos y no había manera de traerlo al palomar. Entonces busqué mi nevado – su padre-, lo solté donde él estaba, le arrulló,  “le metió una salida”  y se lo llevó cuatro o cinco tejados por encima,. después, otros cuatro o cinco... ¡el pichón había conocido al padre! y, poco a poco, lo llevó a casa! ¡Ya, no lo pudieron hacer a volar! Lo soltaron veinte veces... y siempre se iba a mi casa del Portillo.”

- Juan, ¿qué comida le daba a los palomos?

-”¡A los palomos “arbejanos” que es lo suyo! Tiene más fuerza que el trigo, y, con menos que cantidad, es suficiente.”

- ¿Cómo les cuidaban la pluma al palomo?           

-”¡Nos traíamos de las sierras de aquí, “cebollas almorranas”, que puestas en el suelo o en el cajón, eliminaban a los parásitos.” 

- Algunos palomos  marteños tienen 13 ò 14 plumas en la cola...  

-”Lo suyo es 12. El palomo que tenga más, le hace un remonte la cola, pero esto no tiene mucha importancia.”

- Juan, qué me dice del ojo.

-”El ojo del palomo era más bonito que el de ahora. Era un ojo muy bonito, más encendío, algunos tenían un ojo de dos colores: rojo y amarillo. Ahora los ojos son amarillentos, menos vivos...,  creo que eso va en la comida.”

- Juan, si quiere decir algo más.

-”Hombre... ¡que hemos echado un rato muy bueno!”

Se despidió de mi atentamente, sonriendo y recordando una parte importante de su vida.”  Juanito Santana ha sido y será siempre Historia Viva del Buchón Marteño.

Con la Cuerda en la Mano,

                                                              ¡¡¡Uno de los Mejores Palomeros!!!                                                        

           

Hablar de Antonio González Gonzàlez es hablar de la astucia, de la sagacidad y de la inteligencia puesta al servicio de la captura de un palomo. Pero también  es hablar del Real Madrid, de sus nueve copas de Europa y, como no, de sus magníficos palomos, todos ellos bien preparados para una antigua modalidad del bello deporte de la columbicultura, como es la suelta. Me reúno con él en el bar Roma de Martos y, entre vermú y vermú, me cuenta:

“... Nací en Martos, un 10 de Abril de 1931, en la calle Dolores Torres, en esta calle,  empecé a tener mis primeros palomos.”

“... En el año 1936, cuando empezó la guerra, había muchas necesidades. Mi padre tenía un comercio y había “trapicheos”..., algunas veces daba artículos por comida. En una ocasión, le cambiaron gran cantidad de palomos por artículos de su tienda, eran para comérlos; yo, cuando veía alguno que me gustaba, decía: ¡este no, este no se toca! Así empezó mi afición.”

- Antonio, aquellos palomos marteños, ¿volvían la cola?                               

-”Si, aunque menos que los de ahora. “... Había por entonces buenos palomeros: Francisco “Cenizo”, “Pestaña”, Pepe “El Pintor”, el célebre sombrerero Ocaña, que le decían  “Cachichi”...

- Me hablaba Juanito Rizquez de un señor de Valencia...

-”Ah, bueno, ese señor, creo que vino de Valencia o de Murcia. Pero antes de venir él, estaban nuestros palomos...

                        ¡El buchón marteño lo hemos hecho nosotros!

“... A mi me entusiasma la “caza”, es el deporte que yo he practicado... No sé si Juan Rizquez se acordará, un día, en la Fuente Nueva, le dije:

- Juan, no te quiero coger el palomo (un hijo del Azul de Pepa). Y me dice:

-¡A ese no hay quién lo “pille”!

- Ven conmigo a mi casa, le respondí.

... Cuando llegamos... ¡lo ves en las perinolas del cine San Miguel!, bueno, pues ahora verás,  solté una de mis palomas, y su palomo  la siguió hasta la trampa... “Le tuve que dar dos escobazos”  para que no se metiera.”

“... Los palomos marteños se mecían volando”... lo hacían  señorialmente y tenían un buen buche, pero no exagerado. Eran palomos ligeros y voladores. No eran de esos que son más estrechos que un “silbido”.

- Antonio, ¿cómo ponían la cola los marteños de antes?

-”No sé, no recuerdo... pero no eran tan exageradas como los de ahora...

(¡Cómo la de aquel  plumín que una vez le cogí a Juanito Rizquez!: Su suegro, Pepe Jiménez, hacía una exhibición con él: siempre que iba alguien a verlo, cuando el palomo entraba volando al palomar, le impedía la entrada con la mano y el palomo al remontarse, ¡ponía una cola impresionante!... “El palomo aquel lo cazé con mi paloma y, ¡mira por dónde!, al día siguiente le veo el buche inflado,  se lo llevo a D. Antonio Merino -¡que gran veterinario era... y muy amigo mío!- y le digo: ¡Mira lo que le pasa!, le operó, pero no tuve la precaución de ponerlo en un sitio fresco, era verano, le dio el Sol y se infestó y murió.”

“... Empiezo a tener palomos, en los años 40. Los que me gustaban eran los que volaban y se retiraban buscando... Un palomo de “salón no sirve para nada, que es muy bonito, que tiene el ojo ribeteado... ¡vale! 

            El Palomo

                               donde hay que verlo

                                                                  es en el Tejado

                                                                                             y  en el Aire    

“... Tenía “mal-colores”, que eran muy bonitos, pero no llegaban a los azules de Juanito Rizquez, que volando eran mejores que los míos. Poco a poco, conseguí hacerme de un palomar que causaba admiración en La Fuente Nueva: ¡venían a verlos volar gente de Jaén y de Torredonjimeno! En las perinolas del cine San Miguel, cuando iniciaban el vuelo, ¡eran un espectáculo!”  

“... D. José Rodríguez Passolas, de Granada, me dio unos palomos de   Osuna, de un tal Bejarano y los hice a volar. No eran como los nuestros, ¡eran más bonitos en el aire... el buche de pera, el cuello larguísimo y la cola llana! ¡Muy bonitos! Eran holgueros y, cuando volaban, no se alejaban mucho del palomar, al contrario que los nuestros.”

-¿Criaste con ellos?

-”No. Yo era el tipo de palomero al que no le gustaba criar. Yo veía un palomo que me gustaba y lo compraba, no era criador. ¡A mi lo que me gustaba era verlos trabajar en el aire!”

- Antonio, el palomo marteño no tiene el vuelo tan bonito como el holguero que tú me estás diciendo...

-“Exactamente, pero el palomo marteño es mejor que el holguero, sobre todo, para el vuelo largo y para traerte “presas”; el otro, tiene un vuelo más corto y es más perezoso volando.”

“... Luego, había otros palomos con ¡unas cabezas!... Yo conocí a un señor de Jaén, le decían José “El Blanqueador”, que tenía unos que eran impresionantes, venía mucho por Martos.”

“... Yo era muy conocido entonces, hasta tal punto, que, Rodríguez Passolas, un hombre muy célebre y muy conocido en Granada  y al que le gustaban mucho los palomos, se dirigió a mi, y le mandé un palomo... ¡cómo sería el marteño que le mandé, que contrató a un pintor en Granada para que le hiciera un cuadro y lo puso en su despacho!”

- Antonio, me dices que te ha gustado el vuelo y la “caza”.

-“Hombre..., para cazar, tienes que preparar bien a los tuyos. El palomo hay que saber llevarlo.”... Lo que no se puede hacer cuando un macho está muy encelado, es meterle una hembra y rebajarlo de celo; ¡nada!, eso es contraproducente, porque cuando le quitas la hembra, se va a buscar otra y... ¡te puedes quedar sin él!”

“... Desde que comienzan los pichones sus primeros vuelos, con menos de tres meses, cogía a las hembrillas y las encerraba; después, dejaba a los pichonatos solos; alguno, cometía locuras volando, pero muchos de ellos salían muy buenos.“

“... Muchas veces llegaba un amigo a ver los palomos, y , a lo mejor, en ese momento, no volaban, y te decía: ¡suéltale una hembra! Tenías que hacer un esfuerzo sobrehumano para hacerle caso y soltarle una hembra. Eso no se puede hacer,

el palomo,  si quiere paloma, que la busque

porque si le enseñas una paloma y lo “refrescas”, no se tranquiliza, lo que lo pones es mucho peor, cuando se la quitas.”

“... En el año 53 ó 54 se fundó aquí una sociedad de palomos de pica. Se llamaba Sociedad de Columbicultura “Blanca Paloma”  y tenía su sede en la calle La Fuente. ¡Yo fui campeón! ¡Ganaba todos los concursos!, hasta tal punto, que me pidieron que no concursara, entre semana, porque estaban aburridos de que todas las palomas las cazara yo. Todavía conservo el cartel de un concurso de aquellos.”

“... Tenía mucha confianza en mis palomos, ¡una confianza tan grande!, que, un día, con Pepe “El de los Galgos”,  fui a La Bobadilla de Alcaudete.”

-¿Y a qué vamos?,  me dice, Pepe.

-A comprar una paloma para divertirnos un rato...

“... Total, que fuimos allí, y, a Jaime Pérez le compré una paloma con  mucho celo. Cuando nos venimos a Martos y subimos a mi terraza, me pregunta:

-¿Qué vas a hacer?

-¡Coño! ¡soltarla, para que la traigan mis palomos!

-¡Anda, vas a hacer una locura! ¿Y si se pierde?

“... Cogí un macho, le di con la paloma dos veces en el buche y ¡se volvía loco!, y dije: ¡ahí la lleváis!, solté la paloma, y salieron los cuatro machos azules que tenía, detrás de ella. De momento..., ¡la paloma a mi casa...! Al comentarlo con palomeros, me decían que era mentira. Y decía mi amigo Pepe: ¡eso es verdad... que soy testigo de ello!”

(Jaime Pérez fue un columbicultor de La Bobadilla de Alcaudete (Jaén), muy aficionado a los laudinos sevillanos y a los rafeños, que los traía de Sevilla. Personalmente le conocí en los años ochenta, en este tiempo tenía ya mucha edad).  

“... Yo les pintaba a mis palomos las alas en rojo, por esto los conocían, y algunas veces los palomeros me decían: En el campanario de San Amador hemos visto un palomo tuyo, ha estado toda la tarde con una paloma. Yo, les contestaba: ¡Ya la he cogido!”

“... ¡Qué cosa más bonita cuando los machos cogen a un perdido y lo  meten en el centro... ¡es como los cabestros con los toros!, lo van arropando. Muchas veces me contaban: “... Lo que hemos presenciado hoy, es la maravilla de las maravillas, en el centro, llevaban tus azules un perdido... ¡dos delante y dos detrás!”

             “... Los Palomos hay que saber Tenerlos,

                                                                                   Hacerlos  y

                                                                                                       Mantenerlos.”

“... El palomo que se monta encima de la hembra, dándole embestidas... ¡malo! Si ves uno que le da dos “arrullíos” y se va a su cajón a llamarla... ¡ese es el palomo!

¡Así es mi amigo Antonio González!, aunque ya está retirado de la afición, las historias y experiencias que me contaba parecían que habían pasado ayer...

¡YA,  SOLAMENTE LE  QUEDA  UN MARTEÑO!

Si vienes a Martos y preguntas por Francisco Rosa López, casi nadie te va a decir dónde vive; si preguntas por Francisco “Cenizo”, todo el pueblo te indicará dónde vive: en la calle San Pedro, en lo alto del pueblo... ¡cerca del cielo! Es un hombre bueno, amable y muy trabajador. Mi familia era muy amiga de “Los Cenizos”. (Este apodo lo llevan porque antiguamente tenían un horno de leña y les pasarían muchas anécdotas con la ceniza que por allí había).

Estoy con él, en una pequeña habitación con sabor a otros tiempos, junto a un hermoso patio y con unas bellísimas vistas a la Plaza de la Constitución, y empezamos a charlar, entre cantos de canario y de jilguero...

- Francisco, ¿qué edad tienes?

- Nací el 16 de Julio de 1931. Tengo 70 años.

- ¿Desde cuando tienes palomos?

- Mi padre, los tenía en el horno, después, me los pasó a mi. ¡Mira si hace años que hay palomos en mi casa! 

“... Yo creo que mi padre los tenía desde niño; ahora, a mí, ya no me queda nada más que ese macho nevado, que ves. Se murió su compañero, un macho azul, y está muy triste.

-  ¿Qué recuerdos tienes de aquellos palomos?

-“Aquellos palomos me gustaban “treinta veces” más que los que hoy tenemos.  Eran palomos que tenían la cola llana y abierta, que por eso les llamábamos colillanos; algunos, la volvían un poquito más de las puntas; tenían el pico fuerte y corto, porretas grandes y una delantera fenomenal!”

“...¡Palomos que buscaban mucho, los dejabas solos y te divertías con ellos! ... Me gustaba que los pichones desde muy jóvenes no vieran palomillas. Algunos pichonatos han traído una paloma a su palomar,

 ¡Y NO SABÍAN PISARLA!

...  Lo que sí sabían eran “trampear”, ¡que es lo que a  mí me ha gustado más en la vida! “...Y el palomo ha sido eso: ¡que trampee! Que viniera un zurito o un perdido, y ya no lo veías nada más que asomarse a la trampa y llamar. Mis palomos los metían en la trampa,  que daba gloria, y yo, ¡disfrutaba con eso! Los de hoy, ya no lo hacen.”

“... ¡Los he tenido en suelta años y años y me han durado mucho! De joven, tenía  volando  cuatro o cinco machos,  y no les echaba paloma.

                                               Los palomos

                                                                          los hemos ido

                                                                                                          “refinando”   

“... Hoy el palomo sale con una  cola muy vuelta, pero... da una salida y se vuelve, no está preparado ni  es tan “duro” como los de antes. Es un palomo que no busca como aquellos, aunque es, quizás, más bonito.... El que sale bien acompañado de delantera, me gusta, pero son los menos. ¡Cómo la delantera que tenían los antiguos, con aquellos buches y mirando así por el caballete... Aquella planta, no la tienen los de ahora!!

“... A mi de toda la vida el palomo que me ha gustado es el colillano nuestro; el de ahora, tiene una exageración de cola, pero no vuela elegante.” 

“...  Tuve una vez un palomo de la raza de “Manduca”, que se lo “pillé” a Los Castillos, que eran panaderos..., ¡era un nevado precioso! De ese palomo, saqué un azul y una nevada. El macho - cuando  ya comía-  se lo di a mi tío Félix, un “Cenizo” que tenía palomos en su horno de la calle Roa. Se lo regalé y le dije: ¡“Chacho”, que es de una raza muy buena! Cuando lo hizo a volar, el pichón se remontó y lo cogió un vecino, Pepe “Jarruña” o “Pepe el de La Pepa”, que vivía en “Las Espeñuelas”...,  como, Pepe, sabía que el palomo era de la raza de “Manduca”, le hizo criar y sacó buenos ejemplares, ¡todos azules y con vuelo! Este palomo azul, le llamábamos nosotros “El Azul de Pepa”. Luego, como José “El de La Pepa” trabajaba en la fábrica de Juanito Rizquez, se lo vendió a él... Ése palomo tuvo mucha descendencia en Martos”    

(Esta historia es de hace más de 50 años, pero, como se puede comprobar, el paso del tiempo no le ha quitado viveza ni matices. Forma parte del legado cultural que unos palomeros con más de 80 años han dejado a las nuevas generaciones... Historias y leyendas que han conformado una raza única de palomosLA RAZA MARTEÑA... pero sigamos con el relato de Francisco)

- Francisco, me hablan de un palomero que vino de Valencia...

- Si, verás, como fue... Teníamos aquí los colillanos...  cuando vino este señor - moreno, alto y fuerte-,  y se juntó con Castillo y con otro aficionado que se llamaba Pulido, que era panadero;  entonces, hicieron una sociedad de palomos de “pica.

                                        Aquí, 

                                                    No había nada más

                                                                                     Que el Marteño                                                          

... y tuvimos que hacernos socios... “porque había que hacerse”. Cuando había concurso, teníamos que encerrar los marteños, porque se perdían los picas... ¡aquellos palomos valían mucho dinero!

 “... Si soltabas los palomos cuando había concurso, la guardia civil iba  a tu casa. El origen de la  sociedad de caza La Paloma, hoy existente, viene de aquella sociedad de picas. Allí, pagábamos dos pesetas todos los meses, y en un salón que tenía Pulido en la calle La Fuente, hacíamos las reuniones.”   

“... Soy criador, me gusta el vuelo y el palomo ladrón.”

- Francisco, ¿los criaban los padres a pico, o pasabas la “postura a otra pareja? 

- “ Los criaban los padres, por lo que, algunos, “morían del buche”.

- Francisco, ¿qué es lo que más te gusta del palomo marteño?

-¡ Adoro su vuelo, que se retire y busque zuritos, perdidos..., pichones... Que se pare en los tejados donde haya palomos. Pero lo que más me gusta del marteño es su “trampeo”.

“...¡No puede haber un palomero de Martos, de aquella época, que diga: A “Cenizo” le he cogido un palomo, ¡ni uno! ¡A mi nunca me han cogido un palomo en suelta! ¡Y yo, aquí, me he juntado con diecisiete machos volando!”

- ¿Os fijabais mucho en la altura de patas, en  la cabeza, en el pico..?

-“... Entonces no nos fijábamos en eso. Nos  gustaba que fuera bueno en sus acciones y que volara mucho.

... A mi el buchón jiennense no me gusta, tiene una planta bonita arrullando y puesto en su palometa, pero cuando sale volando, se “desarma”. Para mí, el palomo marteño, cuando vuela, ¡es de una belleza fenomenal!”

- Tenemos un palomo que es único en España...

-“S, pero nadie se ha preocupado de él. No tiene una sociedad que lo defienda..., crearla sería bueno.”

- En eso estamos, Francisco, en eso estamos.

Después, me enseñó sus pájaros, sus canarios... me contó su anécdota de: cómo, aprovechando su condición de albañil y con la autorización de la Madre Superiora, subió al tejado de San Francisco y cogió con la mano un azul ali-blanco de Juan Rizquez (que por cierto no tenía “pisa”). Gracias, Francisco, por la amabilidad con que me has recibido. Espero que para el próximo Otoño tengamos reconocida una nueva sociedad de columbicultura en Martos, que nuestro Ayuntamiento nos dé un “empujoncito” para poder tener su sede en tu barrio, en tu Plaza, y que allí, nos puedas seguir deleitando con esta cultura marteña del palomo, que es tan natural como la vida misma.

¡¡¡ EL ÙLTIMO PALOMERO DE LEYENDA EN ACTIVO!!!

José López López, alias Pepe “Jarruña”, tiene actualmente 85 años y desde que tenía nueve años es palomero, por lo tanto, es, ni más ni menos el último de esta leyenda de palomeros, que han hecho de una manera u otra que el buchón marteño llegue hasta  nuestros días como una auténtica raza. Setenta y cinco años de palomero ininterrumpidos, porque me cuenta, que ni cuando estuvo la Sociedad de los Picas en Martos, quitó sus palomos. Ha sido en el mundo del palomo, “un lobo solitario”. Hoy, viudo, su vida transcurre dedicada a los galgos y a sus palomos, sobre todo a la suelta de palomas. Tiene un aspecto físico excelente, al recibirme en su casa de la carretera de Santiago de Calatrava, en Martos.

¿José, tu familia tenía palomos?

-“No... mi tío Manuel,  tuvo en la calle Roa, pero fue poco tiempo”

- ¿En tu juventud, ¡cómo recuerdas los palomos marteños?

-“ Antes eran  palomos “marcados” (cola llana), después vino un cruce -que no sé por dónde- y  ¡fue sonado en Martos! ... El primer palomo con la cola vuelta hacia arriba -que yo vi- lo tuvo un palomero que le decían Miguelillo “El Mirandico”, esa familia creo que se fue a Lérida.” “... Los palomos marteños, tal como los conocemos hoyempiezan a surgir a partir de los años cuarenta. “...Cuando me fui a la mili, a Cádiz, por el año 1941 ò 42, ya había palomos marteños vueltos de cola; yo tenía un macho azul de esta clase.”

- Pepe, me hablan de un palomero, nacido en el Levante español, llamado Bernal, que trajo unos palomos...

-“Bernal, ¿uno que era valenciano, que hacía alpargatas? No sé, antes empezaron a traer valencianos - de esos calzados- pero eran palomos muy fríos y a mi no me gustaban. Se pasaban las horas en el tejado, “espurgándose”. A mí me gustaban los palomos que “trampearan”, que se buscaran la vida.”

-  Pepe, ¿qué es lo que más te gusta de los palomos?

-“Hombre, muchas cosas, pero sobre todo, que sepan “trabajar” y traer palomos forasteros a su palomar; ¡seis he pillado esta semana! Tres tengo ahí, y tres que le he dado a la muchacha  que viene a hacer la limpieza.”

-¿Cómo eran los buchones marteños de antes?

-¡Fenómenales! “...Una vez, mi hermano compró a Arenas “el del Puesto” un palomo; con este, un berrendo muy sonado en el pueblo, que más tarde le llamaron  “el berrendo de Jarruña”, y con un azul, “el azul de Jarruña” - que le decían también “el tanque”-  formé una buena casta de palomos. “...  El sombrerero de la calle San Pedro, Ocaña, me pagaba por él lo que yo hubiera querido... se lo dejé para criar  y, luego, tardé mucho en recuperarlo.”

“... “El Azul de Pepa” que tanta fama tenía por “el Portillo”, lo tenía mi tío, que se lo regalé yo. Juanito Rizquez se lo compró a él. Ese palomo era llano, pero, ¡con unas anchuras! ¡ese palomo mientras volaba, iba arrullando!”

Como podrán comprobar la historia de este palomo, “El Azul de Pepa”, es muy repetida por los diferentes interlocutores de estos apuntes históricos. Esta historia ocurrió hace más de sesenta años pero en las mentes de estos hombres no se borra el recuerdo de aquel ejemplar... de aquel macho azul que cuando volaba por el Portillo iba arrullando en el aire.

La selección de una raza es así, ¡con los mejores..!  Así, poco a poco, la raza de buchones marteños se fue consolidando, adquiriendo unas características propias en función del carácter del palomo, de su vuelo, y, cómo no,  de su coraje en la conquista de una bonita paloma.

Pepe “Jarruña”, como cariñosamente lo llama todo el pueblo, me siguió contando historias..., porque setenta y cinco años como palomero en activo dan para muchas. Pepe es un auténtico especialista en la caza y captura. Pepe es el último palomero de una vieja escuela dedicada al palomo “conquistador”, que es lo que a esta generación de “palomeros de leyenda” les gustaba, una escuela dedicada preferentemente al vuelo y a la caza.

Como podrán comprobar, hasta ahora, la palabra estandar no aparece en estos apuntes, lo hace a mediados de la década de los setenta, cuando se van consolidando las diferentes razas de buchonas españolas, cuando se aprueba el estándar del palomo “Buchón Gaditano”, “Marchenero”, “Buchón Jiennense”, “Granaíno”,  “Veleño”,  “Laudino” de Sevilla,   “Rafeño” etc.

Todos estos estándares fijan las diferentes razas de buchonas españolas, pero hay algunas que no se incluyen porque nadie dice nada de ellas. Y este es el caso de nuestro buchón marteño, como en Martos no había sociedad de columbicultura, nadie sacó a la palestra el estándar del marteño, un palomo con similar historia, tiempo y categoría que las razas citadas anteriormente.

El palomo marteño ha estado presente en la historia de la columbicultura jiennense, ha aportado su sangre en la creación de otras razas y está presente en infinidad de relatos  de columbicultores ilustres. Hay datos del II CONCURSO-EXPOSICIÓN “PEÑA MADRID” DE BUCHÓN DE RAZA ESPAÑOLA celebrado el año 1985 en el que, entre otras razas, se da el primer premio de la raza colillano deMartos a D. José Arance Ortego de la Sociedad “USERA”. Igualmente, en el Campeonato Nacional de Palomas de Raza Buchonas Españolas celebrado en Linares, hubo una pequeña representación de buchones marteños para que los aficionados de toda España pudieran conocerlo mejor, y, posteriormente, fuera reconocido su estandar por la Federación.

Este es el reto que los columbicultores  aficionados a esta raza tenemos en los comienzos del siglo XXI. El  buchón marteño tiene características propias que hacen de él una raza más. En el libro Palomas de Raza Buchonas Españolas, cuyos autores son D. Manuel Tolosa Moreno, D. Pedro Asuar Monge y D. Joaquín Jiménez López, se hace mención expresa del Origen Genético de las Palomas de Raza “Buchonas Españolas” sin estándar; en este apartado, se menciona al “Buchón Marteño” o “colillano de Martos”  como raza localizada en este pueblo de la provincia de Jaén. En los criadores de esta raza y en la voluntad de la Federación Española de Columbicultura está conseguir  que sea reconocida oficialmente su estandar.

En la última década del siglo XX y a comienzos del siglo XXI, las nuevas generaciones de aficionados al buchón marteño tienen distintos gustos o sensibilidades. Los aficionados de hoy piden a su buchón cosas diferentes a lo que, en su momento, pidieron aquellos Palomeros de Leyenda.  Hoy, prácticamente, la única referencia que tienen los jóvenes aficionados marteños -como he podido comprobar- es que la cola de su palomo sea lo más vuelta posible, aunque algunas veces sea en forma de U y pueda ser antiestética ya que le hace una “poza”. No aprecian otras características como el carácter conquistador del marteño, su arrogancia, su vuelo ligero.... ni tienen en cuenta su aspecto general, trapío, cabeza, pico, patas... no saben lo que es un estandar, con lo cual existe el peligro de que la raza se vaya desvirtuando. Por este motivo se hace necesaria la confección inmediata de un estandar que fije  definitivamente la raza marteña. 

Continuando con las entrevistas a los aficionados al buchón marteño, ahora le toca el turno a la generación actual:

José García López tiene 46 años, es electricista, y de toda la vida le ha gustado la columbicultura. Voy a su taller, en la calle Santa Marta, y mantengo con él la siguiente conversación:

- Pepe, ¿desde cuando tienes palomos?

-“Desde siempre, mis padres y mis abuelos también tuvieron.

-¿Sabes algo de los orígenes de la raza marteña?

-“Eso ya no lo sé .”

-¿Sabes qué razas han intervenido en la creación del marteño actual?

-“Hombre... no sé las razas que participaron en la formación del buchón marteño, pero sí sé, que él ha intervenido en otras razas... Cuando el jiennense vuelve la cola, se acuerda mucho del marteño, no olvides que Jaén y Torredonjimeno están a poca distancia.”

-¡Qué cualidad es la que más aprecias en nuestros buchones marteños!

-“ Nuestro buchón es un palomo muy habilidoso; es un palomo de trabajo y, además, tiene mucha belleza; tiene energía para volar y para aguantar el vuelo; en resumen, es un palomo muy completo.”

- Tu palomo ideal, ¿cuál sería?

-“Es difícil... Pero debería ser un palomo que estuviera bien acompañado de delantera, que fuera bonito de cabeza y que tuviera una cola propia del colillano; no estas exageraciones que últimamente se ven y que no van con lo que ha sido el buchón marteño. Lo que realmente el marteño debe tener, como casi siempre ha tenido, es una cola más o menos de estilo canalón (media circunferencia) y una buena presencia, además de un  buen aspecto general. ¡Ese es el palomo que yo quiero!”

- Entonces,  ¿así debe ser el marteño?

“... El palomo marteño debe ser bien presentado, ancho, corto y con la cola bien formada; la pata debe ser morada totalmente. Del ribete del ojo, no vamos a decir, porque hay muchas variedades. La “porreta” ha de ser uniforme, aunque, como tú sabes, no es tan bonita como la del buchón jiennense. El palomo marteño, el antiguo, no éste de ahora, tiene una “porreta” rugosa y la cabeza al estilo mochuelo...”

¿Ese tipo de palomo se ha perdido?

-“Hombre, no. Lo que ocurre es que no se cuida y podemos perder características muy importantes. Por esto es muy necesario la confección de un estandar que le fije las características principales.”

-¿Tu crees que el marteño debería convertirse oficialmente en una nueva raza?

-¡Hombre, para mi gusto sí! Porque nuestros palomos son de una raza desconocida para la mayoría de los columbicultores de fuera de Martos. Yo creo que al marteño no lo conocen los aficionados de otros lugares. Y sería interesante que se convirtiera en una raza oficial.

“... Se distingue muy fácilmente de otras razas. En la mano, en el vuelo,  “trabajando”...  lo que ocurre es que no lo ha experimentado casi nadie fuera de nuestra ciudad. Los aficionados a la columbicultura no lo han estudiado ni saben las condiciones que tiene.”

- Pepe, también puede ser que nosotros no hemos hecho mucho por él...

-“¡Pues también!”

-¿Sabes, si hay actualmente muchos criadores del marteño?

-“ En Martos hay muchos criadores. Del marteño antiguo, hay menos..., hoy se cría con otros criterios que, yo, respeto, pero no comparto. Al buchón marteño le han hecho últimamente una serie de cruces, por hacerlo más bonito, o por darle más cola, que ha perdido la majestuosidad que debe llevar volando y ha perdido delantera, y lo más importante, ha perdido carácter. Yo sigo con mi línea tradicional antigua.”

-¡Total, Pepe, que aquí, ocurre lo mismo que está pasando con “su primo” el buchón  jiennense: que hay muchas tendencias, y no se ponen de acuerdo los columbicultores de cómo debería de ser!

-“¡Eso mismo! Pero, ellos tienen su estándar y deberían llevarlo mejor, nosotros todavía no lo tenemos”

“... Yo creo que aquí hay dos tendencias: el buchón marteño moderno, con la cola exagerada, y el marteño de raza antigua, que vuelve menos la cola.”

-“... Voy a poner un ejemplo: si en Martos hubiera 50 criadores de nuestro buchón, 35 serían del moderno y 15 serian del antiguo.”

(Los cálculos serían un 70 % al moderno y un 30 % al palomo tradicional marteño)

- Bueno, Pepe, ya que me estás nombrando estas dos tendencias de palomos buchones marteños, ¿existe mucha diferencia entre ellas?

-¡Para mí, como de lo blanco a lo negro! Para otros aficionados, a lo mejor no tanto.  ¡El antiguo es “un señor palomo”! y, el moderno, es un palomo que lleva la belleza del marteño, pero que vuela más rápido, lleva la cola más pronunciada, más cerrada y, por tanto, no puede volar bonito ya que tiene menos estabilidad en el vuelo. La cola, como sabes, es el timón para volar, si la tiene  menos cerrada, el palomo volará con más temple, si la tiene más cerrada, el palomo casi no lleva delantera y su vuelo es menos bonito.”

”... Si viéramos volar palomos de raza antigua y palomos de raza moderna, el antiguo lleva un vuelo ¡como las jacas de Peralta!, un vuelo reposado, un vuelo elegante y “buscando”...  mientras que el marteño moderno no es tan bonito.”

-¿Tu crees que sería interesante hacer una sociedad de columbicultura en nuestra ciudad para unificar criterios?

-“Hombre, Juan, ¡eso sería bonito! De esa manera se daría a conocer mejor nuestra raza.”

“... Yo tengo muchos amigos que les gusta el marteño moderno, porque les gusta esas exageraciones de colas, porque, parece ser, que el palomo que tenga la cola más “entubada” es más valioso... cuando en realidad, eso no debería de ser así. A mí ese palomo no me gusta. El palomo que a mi me gusta es el antiguo, el que tú has visto en mi casa, el que debe de tener ¡UNA COLA  VUELTA,   MUY ANCHA  Y  UNIFORME!

Este es mi amigo Pepe García, alias “El Chicho”, un hombre fiel a la vieja tradición columbicultora marteña, así como al antiguo Buchón Marteño o al “colillano de Martos”, como él quiere que se sigua llamando..

Ya para terminar esta serie de entrevistas, me reúno con algunos columbicultores actuales de nuestro palomo, uno de ellos, ha conformado las dos tendencias: buchón marteño antiguo y moderno,  y ha obtenido palomos de trabajo, elegantes y pausados en el aire..., en fin, un  buen buchón marteño en el aire, aunque, en la mano, su aspecto morfológico deja que desear, dado la influencia más que apreciable de alguna que otra raza sevillana, de mayor tamaño.

Se llama Antonio Ruiz Espinosa, pero todo el mundo lo conoce por “Pastrana”, vive a principios de la calle San Bartolomé y tiene un palomar con unas vistas al pueblo que es todo un lujo...      

- Antonio, ¿desde cuando esta afición al palomo?

-“¡Antes de nacer!... desde que tengo conocimiento hay palomos en mi casa.”

-¿Qué edad tienes?

-“ Nací en el 1940, tengo sesenta y un años.”

- Sabemos algo de los orígenes de nuestra raza, cómo se formó, qué cruces se hicieron...

-“Hombre... la parte esa no la sé. Porque me los encontré así.”

-¿Qué cualidades tiene nuestro buchón?

-“Es un palomo bonito y volador... tiene el buche “aperado” (en forma de pera),  cuello largo, alto de patas... todo lo que tiene  un palomo completo.

- Antonio, ¿no me estás definiendo el buchón jiennense?

-“No.” El palomo nuestro tiene esas cosas....

“... El palomo que tiene raza, lo dejas sólo y está el tiempo que sea y no te lo   cogen.”... Yo he tenido muchos de estos.”

-¿Hay muchos criadores en Martos?

-“Criadores hay muchos, pero lo que son palomeros, “palomeros delicados”, de esos hay menos. Ser criador no es tan fácil, aunque lo parezca. ¡Criador es el que saca buenos palomos!, y, para eso, ¡hay que saber anotar bien en la libreta!

 “... Selecciono las palomas que dedico a la cría... las clasifico, y digo: voy a dejar esta media docena de palomas, anchas y con trapío y unos machos que las acompañen. En la selección de la raza hay que ser  duro y sacrificar lo que no vale... Ahora, de los que tengo, cualquiera es bueno para cruzar con otro, porque ya han pasado por muchos filtros y tamices, y. así, consigo buenos ejemplares.”

-El marteño sabemos cómo vuela, ¿tu crees que sería conveniente fijar un estándar de fenotipo?

-“Si se hiciera una sociedad de palomos, sería lo ideal. Allí, tendríamos reuniones y unificaríamos criterios, aunque siempre habrá quién tenga sus gustos. “... Si se hiciera un estándar, la cola vuelta hacia arriba debería tener su importancia, como también que el palomo volara muy bien...”

El ruido de las motos, al pasar por la calle, interrumpía con frecuencia nuestra conversación, pero mi amigo “Pastrana” ya me había manifestado lo que consideraba, él, más importante del palomo marteño...

ENCUESTAS A COLUMBICULTORES DE MARTOS:

Este trabajo de aproximación a la raza de buchones marteña, lo voy a completar con unas preguntas a los criadores José Cabrera Ocaña y Miguel Gallego Expósito, jóvenes promesas de la columbicultura marteña y posibles dirigentes de la futura sociedad en ciernes...

José Cabrera Ocaña

- Pepe, desde cuando crías esta raza:

 -“Hace 30 años”

- Qué sabes de sus orígenes:

- “Que es bastante antigua”

- Qué razas crees que han intervenido en la formación del Marteño:

 - “El buchón granadino”.

- ¿ Cuál es la cualidad que los criadores más aprecian en este tipo palomos?

- “Que tengan buena estampa y se pongan bien en el aire.”

-  Describe el marteño ideal.

- “¡Ojo grande, pico corto, ancho de “narices”, buche rajado y grande y cola ancha y cerrada hacía arriba.”

- Debería el Marteño convertirse en raza oficialmente

-“S, porque tiene características propias.”

-  Qué censo de criadores existe en la raza.

-“Aproximadamente, treinta.”

- ¿Con qué problemas se encuentra la raza?

- “Con ninguno.”

-  Dile a un aficionado, porqué debería criar marteños.

- “Porque son elegantes en el aire”

Encuesta a Miguel Gallego Expósito

-  Miguel, desde cuándo crías marteños.

- “Desde hace 24 años”

-  Qué sabes de los orígenes

- “Los desconozco”

-  Qué antigüedad podrían tener.

- “Según me han dicho palomeros antiguos, pueden llegar a tener más de cien años.”

-  Qué razas crees que han intervenido en la formación del Marteño.

- “Desconozco  qué razas  han podido intervenir;

-  Qué cualidad es la que los criadores aprecian más en el marteño.

- “Que “trabajen” bien tanto en el palomar como en el aire y que tenga un elegante vuelo.”

-  Describe al Marteño ideal.

- “Buena estampa (cabeza bonita, buen cuello, buena delantera, etc.), elegancia en su vuelo y la más apreciable y valorada: que cierre la cola lo más posible en la parte superior, formando casi una circunferencia...”

- ¿Debería el palomo marteño convertirse en raza, oficialmente?

- Pienso que sí. Es un palomo con muy buen trapío, y, creo que gustaría a los aficionados a la columbicultura ya que se ha utilizado para cruzarlo con otras razas, como la del buchón jiennense. Otra de las razones es que fuera reconocido y valorado.”

-  Qué censo de criadores existe en la raza.

- “Aproximadamente entre 30 y 40 .”

- ¿Con qué problemas se encuentra la raza?

- “Que es poco conocida y que habría que unificar criterios sobre cómo debería de ser el palomo, por eso, habría que crear un estandar para tener una línea a seguir.”

-  Dile a un aficionado porqué debería de criar marteños.

- “Yo animaría a la gente a criar nuestro palomo, porque reúne muchas cualidades de otras razas y porque es un palomo autóctono de Martos y con muchos años de antigüedad.”

- Deseas añadir algo más.

- “Lo único que quiero exponer es que este palomo sería una pena que se perdiese, dado, que, como te he dicho, es un palomo que podría llegar a ser uno de los más valorados en la columbicultura, tanto por su belleza y acciones como por su antigüedad.... Mi gran objetivo seria animar a la gente joven, tanto de Martos como de otros pueblos, a criar este palomo. ¡No les defraudaría!

Gracias Miguel Gallego por tu colaboración en esta encuesta; gracias, posible futuro presidente de la nueva Sociedad de Columbicultura. Ya, prácticamente, he llegado al  final de este trabajo de aproximación al Buchón Marteño..., pero, no quiero antes finalizarlo, sin omitir en estos apuntes, que en el año 1993 se reunieron unos criadores de Martos, entre ellos nuestro paisano Antonio Muñoz Molina, y confeccionaron una propuesta de cómo debería de ser el estandar del palomo marteño.

EPILOGO:

Este trabajo de aproximación al buchón marteño se publicó en la revista COLUMBA, a partir de Septiembre de 2001, en los números IV, V y VI. Meses después, se fundó la Sociedad de Columbicultura “Club Deportivo Buchón Marteño”, de la que actualmente (Diciembre de 2003) soy Secretario. En Diciembre de 2001 fue aprobado en Asamblea General Extraordinaria, y por mayoría absoluta, el ESTÁNDAR DEL BUCHÓN MARTEÑO:

ESTÁNDAR  DEL BUCHÓN MARTEÑO

GENERALIDADES

El marteño es un palomo muy conocido en Andalucía, sobre todo, en la provincia de Jaén, donde tiene su origen en Martos. Su antigüedad puede ser de un siglo.

Esta raza de  palomos, como la mayoría de las razas que predominan en la columbicultura, sin ser primitiva, los más viejos del lugar, consultados, la han conocido con las mismas características, y dicen, que fue el resultado de diferentes cruces entre varias razas, entre las que podemos destacar: el “Gorguero”, el “Colillano de Sevilla”, el “Rafeño”, el “Murciano”  y alguna más, sin atreverse nadie a asegurar, cuál de ellas aportó más; pero sí sabemos que el resultado fue un palomo con unas cualidades y belleza algo excepcionales, tanto en vuelo como parado.

ASPECTO GENERAL

Son palomos de tamaño mediano, de pico corto y engatillado, cabeza redondeada y porretas o carúnculas nasales triangulares. Son ejemplares de carácter arrogante, aspecto orgulloso y desafiante, buena altura, aunque algo más pequeños que el jiennense. Se dice que es un palomo recortado, lo que le hace ser muy ágil de movimientos, salto y vuelo. Por su parte delantera, el cuello es alto y la cabeza erguida, con el buche redondeado y algo descolgado. Son muy vivaces y con mucho coraje y trapío y, a su vez, muy melosos con las hembras, pichones o perdidos.

CONJUNTO EN VUELO

 Su vuelo es lento y reposado, lo que le da un aspecto majestuoso, sobre todo cuando vuelan acompañados. El cuello lo llevan estirado y levantado, el buche redondeado y ligeramente descolgado. El movimiento de las alas de arriba hacia abajo, sobre todo cuando saltan o inician el vuelo, para después, llevar un movimiento acompasado y tratando de pararse en el aire al encuentro con otros palomos. La cola vuelta hacia arriba formando una semicircunferencia, que en los mejores ejemplares parece una circunferencia casi perfecta. Esto le hace diferente a cualquier raza. Conviene para valorar estos ejemplares, verlos volar o como mínimo saltar, aunque cogiéndolos con la mano y provocando una ligera presión en la albardilla, se puede apreciar o imaginar, cómo van a llevar la cola cuando  vuelen. Los vuelos son largos y, buscan posibles capturas de otros palomos, no se entregan con facilidad en otros palomares.

TRABAJO EN EL AIRE Y EN EL PALOMAR

 El buchón marteño es un palomo muy ligero, por este motivo tiene gran facilidad para volar y para demostrar sus cualidades de trabajo y “trasteo”. Siempre que una pieza pase por su territorio, iniciará el vuelo para atraerla a su palomar. Si se encuentra con ella en el aire, lo más probable es que se “coloque” (sacando morrillo, descolgando buche y punteando la cabeza), pero siempre deberá mostrar afán de persecución y conquista, así como cualquier otra cualidad que nos haga pensar en su “pequeña inteligencia” y siempre deberá demostrar su instinto de conservación para no ser atrapado.

Un aspecto muy importante del carácter del marteño es su trabajo en el palomar. Se valorará `positivamente cuando de regreso al palomar –llevando pieza- pase a su jaulero, comience a llamarla y siempre esté pendiente de ella. Los “saques” de trabajo serán siempre con la finalidad de atraer a la pieza y nunca alejarla. Si se encuentra en el tejado con ella, nunca deberá corretear a la misma, le dará uno o dos arrullíos e intentará mediante “trasteos” llevarla a su cajón o bien jaulero.

BELLEZA

Cabeza: La cabeza debe ser redondeada por la parte superior, pudiendo aparecer en ciertos casos algo "acarnerada" o alargada, pero nunca azuritada o carifina, no debe tener “hachazo” y de tamaño proporcional al palomo.

Cola y albardilla: La cola es una de las principales características que define al buchón marteño. Debe de ser vuelta hacia arriba formando media circunferencia, que en los mejores ejemplares  parece una circunferencia casi perfecta. La albardilla deberá de ser amplia, en los mejores ejemplares 4 ó 5 dedos de ancha. La albardilla deberá de ser amplia.

Ojo: El iris del ojo debe ser rojo y brillante, sobre todo en los colores oscuros, admitiéndose en los de pluma clara, tonos anaranjados.

Ribete: El cerco del ojo o ribete, debe ser fino y acompañando al color de la pluma, pudiendo tener, los adultos y sobre todo los machos, su semi-cerco del mismo color y grosor en su parte delantera.

Pico: El pico es corto y algo curvado en su parte anterior (engatillado).

Rosetas o carúculas: Las rosetas en forma de dos triángulos, no muy grandes, pudiendo ser en los machos adultos del tamaño de un grano de maíz, en las hembras, las rosetas son más pequeñas. En la parte inferior del pico pueden tener una o tres verrugas, los adultos.

Patas: En general, de color rojo, siendo en algunos casos moradas; fuertes de tamaño, mas bien altas, lo que les da un aspecto de esbeltez y gallardía, no debiendo tener plumas en ellas (calzados).

Buche y pecho:Deberá de ser verde o cobrizo en los azules, y marrón o canela, en los rosados y bayos. Los demás en su propio color o el más cercano al color predominante. Su forma es redondeada, sin llegar a arrastrarlo en posición de arrullo y algo descolgado. Nunca inflado o subido hacia arriba, pudiendo tener una tirilla central que lo parte en dos mitades. Cuando vuelan lo deben de llevar de la misma forma y posición. El pecho deberá de ser ancho, y la medida, aproximadamente la dos terceras partes de su longitud.

Pluma, forma y color: Las plumas deben de ser brillantes y sedosas; pegadas al cuerpo y de colores armoniosos, admitiéndose cualquier tonalidad, incluso tonos mezclados, siempre que guarden una proporcionalidad en ambos lados o de frente. En muchos ejemplares es característico los “baberos”.

En la cola y alas, las plumas deberán ser anchas y vigorosas; pudiendo tener doce, trece, catorce y hasta quince plumas en la cola, sin que ello constituya ningún defecto ni virtud. En posición de arrullo, las alas deberán de “abrochar” bien (no dejarlas caer o arrastrar)  y las plumas de la cola han de quedar aproximadamente igual de largas que las de los extremos de las alas.

PLANILLA DE ENJUICIAMIENTO:

A efectos de valorar el estándar del marteño en competición con otros ejemplares (concursos provinciales, nacionales, etc.), será imposible evaluar los parámetros de conjunto en vuelo, trabajo en el aire y en el palomar. Por lo tanto, no se podría valorar la cola cuando el palomo o la paloma se encuentre volando, cualidad fundamental del buchón marteño. Por este motivo, en la planilla del estándar del buchón marteño, se incluyen los apartados de Cola y Albardilla, a valorar por el juez en la sala. Para ello, el juez, deberá coger el palomo en la mano y presionando la albardilla, dará un ligero volteo al palomo, así podrá apreciar, en cierta manera, cómo va a llevar la cola cuando vuele.

El apartado de Cola no indica qué palomo es el que volando  vuelve más la cola hacia arriba, sino que nos dará una idea del grado de vuelto de cola que es en la mano. Este último aspecto es interesante, porque nos puede servir para  imaginarnos cómo podría llevar la cola cuando se encuentre en vuelo y, por supuesto, como otro dato importante de la fijación de la raza marteña. 

Planilla
Parámetrospuntos
Aspecto general25
Cola15
Albardilla5
Alas, pluma y color10
Buche y Pecho10
Cabeza10
Ojo y ribete10
Pico5
Rosetas o carúnculas5
Patas5
Total100

CONCLUSIÓN

Desde estas páginas, quiero dar las gracias a todos los que han colaborado en este Trabajo de Aproximación al Buchón Marteño. Me queda un regusto muy agradable: estos apuntes me han ha servido para conocer todavía mejor a este bello ejemplar que ha convivido conmigo desde que era un niño. Sus orígenes, pienso que siguen inciertos, y su antigüedad... ¡quién la sabe! ¡Nuestro Marteño se pierde en el pasado ... en la leyenda... en la historia! Tiene tic de muchas razas, como ocurre también con nosotros los andaluces...  pero es netamente andaluz... También quiero deciros que se han celebrado dos EXPOSICIONES DEL PALOMO “BUCHÓN MARTEÑO” (año 2002 y 2003),  abiertas a cualquier aficionado a la raza, para conseguir que

  

 

NUESTRO PALOMO

                                    REMONTE EL VUELO

                                                                  EN TORNO A SU PEÑA,

 

                                                                     GRACIAS AL ESFUERZO DE TODOS.

Juan Torres Orta. Presidente del “Club Internacional de Criadores del Palomo Buchón Jiennense” y Secretario del Club Deportivo “Buchón Marteño”. C.D. “

BUCHÓN MARTEÑO”
Avda. Moris Marrodán
estación de autobuses)
23600 MARTOS (JAÉN)
Tlfon contacto: (953)552960