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Para siempre seduciendo sueños...

Esa mañana del sesenta y pico, las primeras luces de la madrugada lo despertaron. Sería seguramente, un día cálido, luminoso, sin viento, ideal para salir a volar.
Mientras esperaba que Manteca llegara y le abriera la puerta de su cajón, El Canela pensaba...- "este sería otro día de los buenos para salir a seducir sueños perdidos".

El Canela pensaba, mientras oteaba entre la malla de alambre hexagonal y algún que otro resquicio de su cajón, de su paradero, del lugar al que pensaba llevar seducidos sueños de libertad, de amor, de amistad, mientras que, a la vez, batía sus alas en la estrechez de su habitáculo de palomo buchón.

El Canela pensaba que últimamente no había tenido éxito. Quedaban pocos de esos sueños?. Estarían muy bien atesorados y ya no se atrevían a dejarlos volar? Había ya poco soñadores de este tipo de sueños?...o lo peor, ya no quedaban.

Se sintió intranquilo.

El Canela pensaba, -"Los humanos creerán que no tenemos sensaciones. Que no estamos contentos o tristes por distintas circunstancias no muy diferentes de las de ellos? Creerán que dentro de nuestras capacidades no poseemos la de sufrir?-"

-"O se pasan la vida, pensando en la buena vida, que así la llaman, a juntar dinero, a ser perfectos materialistas para llenarse de vanidades. Serán así de chiquitos? Así como los vemos cuando estamos en las alturas por nuestros propios medios? Sin motores a combustión sucia y decibeles insoportables? Para que crean además, que somos criaturas suyas?"-

-"No se dan cuenta que pedimos muy poco para darles mucho, simplemente respetando "nuestra naturaleza"-.

-"Por suerte las vanidades reptan y no hay formas de cruzarse con ellas allá arriba."-

-"Y por suerte, todavía hay quienes sueñan los sueños que nos gustan seducir. Esos sueños de libertad. Esos sueños de dignidad. De creer que con noble esfuerzo y volando bajito tomaremos definitivamente altura...Y si quedamos muchos de nosotros, significa que sigue habiendo, tal vez, más aficionados a estos sueños"-.

Casi caía la tarde. Mientras oteaba entre la malla de alambre hexagonal y algún que otro resquicio de su cajón, de su paradero, le pareció ver un palomo que volando a gran altura, casi se detuvo en el aire como invitándolo a volar.

Lo sorprendió la noche, en uno de los más bellos vuelos que nunca jamás haya emprendido.

El Canela no supo que Manteca hubo de cumplir con la Patria. La Cédula de llamada había llegado un día. Y ese mismo día, lindo para volar, fue un día en que Manteca se sintió también prisionero. De no vestirse como quisiera. De usar el pelo como le gustaba y de ponerse firme, golpear los talones y repetir a los gritos órdenes estúpidas, tan estúpidas como las consignas sin fundamento del Colimba, término que en Argentina se emplea para llamar al soldado conscripto y que alude a la noble función de la vida del conscripto dentro de los cuarteles: correr, limpiar, barrer.

Manteca volvió una noche a su palomar, disfrazado de soldado. En el palomar cerrado no había buchones. Fue al cajón del Canela. Le pareció tibio. Un arrullo lejano le paralizó hasta la respiración. El pecho hinchado de angustia parecía querer despintarse del color verde oliva del uniforme de salida, que lo ahogaba cual chaleco para locos...

...2003. Un día no tan cálido, pero sí luminoso, sin viento, ideal para salir a volar. Una mañana de junio, mes especial, mes de cumpleaños, incluso del propio y, otras fechas tan tristes como importantes. Manteca, después de leer un correo de su gran amigo El Tordo, soltó al Canela. Que batió alas como nunca y salió a seducir esos hermosos sueños soñados.

Su amigo Pedro, había soltado a Jicotea....

Jicotea y el Canela volaran en medio de un gran bando de Palomas hacia el Palomar grande.....el día que suene la Trompeta........y a mi nombre yo feliz responderé.

Dios te bendiga, Tordo.

Ricardo