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Del pasado al presente

Suelo escribir poco mis inquietudes Columbicultoras en esta revista. Los motivos, creo, son los siguientes: en primer lugar, pienso no fui llamado para el arte de las letras, con el consiguiente temor a ser censurado negativamente. También, como todo columbilcultor sabe, porque dentro de nuestra afición no tenemos criterios concretos y cada uno marchamos con nuestras razones a cuesta como el caracol, por diferentes senderos, creyendo cada cual ser el que mejor lo esta haciendo, y si yo me dedicara a escribir mis razones, al no haber unidad de criterios, por segunda vez sería criticado y censurado, y creo no es agradable andar en esto así, tachándole a uno como censor de la afición. Digo esto, porque si el lector recuerda los pocos artículos míos que se publicaron, todos tienen un tinte de pesimismo y esto puede inducir a pensar que soy un aficionado rebelde o amargado. debido a los derroteros que la afición ha tomado. Pero vayamos al tema central y que cada uno juzgue lo que crea oportuno.

AYER: A Miguelito le regalan un buen día una collera de palomas. Con su cuido logra que se multipliquen, va cogiendo experiencia y, con su trabajo, mejorando su colonia. Con el tiempo por sus gustos personales, se especializa en una raza determinada, cuya variedad difícilmente dejará.

HOY: A don Miguel le gustan los animales: un día cualquiera ve el palomar de un amigo suyo y decide tenerlo él también. Con sus posibilidades y poco saber, compra todo lo que le echen rápidamente. Sin sacrificios ni experiencia se encuentra con su afición mal montada, creyendo de momento tenerlo todo hecho, pero de pronto viene la realidad, se cansa de ellos y los deja. ¡Bien ido sea!

AYER: Nuestro amigo Miguelito, ya con su raza de buchones preferida, empieza a frecuentar reuniones de aficionados veteranos, de los cuales aprende cuándo debe empezar a criar, el numero de ellos a sacar y dejar, la fecha de empezar el juego del celo y, por supuesto, qué animal merece seguir manteniéndose por su vuelo y trabajo.

HOY: Si don Miguel ha decidido no irse de la afición, él no frecuentará reuniones de aficionados que comenten trabajos de buenos palomos en «celo», a él eso le aburre, pero por el contrario no faltará nunca de ir a casa de cualquier compañero de afición al enterarse que hay algún animal en venta. Si lo compra es feliz, y claro, así ya tiene uno más.

AYER: Nuestro joven Miguel, al llegar los primeros días de la primavera (después de seis meses de celo), piensa que debe criar algo, bien para refrescar sus palomos o para suplir algún animal que no le haya dado buen juego en la suelta normal, e incluso, si tiene suerte, la próxima primavera no criará y correrá el «celo».

HOY: Para don Miguel, la cría empieza el primer día de enero, para finalizarla con las doce campanadas del año que termina. Para él no hay refresco que valga, excepto los del frigorífico, Sólo tiene una Idea: amasar más y más y convertir su casa en granja palomar. El no los goza viéndolos trabajar en el aire, disfruta emborrachando de palomos al aficionado que lo visite.

AYER: Miguelito tiene por todo doce palomos, Incluyendo los reproductores. Con cuatro kilos de pienso termina la semana y le sobra.

HOY: Don Miguel es conocido en todos los almacenes de granos de la localidad como cliente de primera, pues en sus frecuentes visitas deja buena parte de su economía.

AYER: Miguelito, cuando habla de sus palomos, los llama a cada uno por su nombre determinado, que en su día bautizó, y si hubo entre ellos cualquier buen ejemplar, siempre será recordado por su nombre.

HOY: Don Miguel, ni en eso se entretuvo. Para él, todos se llaman igual de nombre: una cifra, el apellido, pesetas.

AYER: Miguel ha madurado. Ya da gusto escucharlo hablar de palomos. Contaba que su negro 1, aquel día, había estado sensacional con una pieza extraviada, recortándola y recogiéndola en vuelo, y cuando la reacia pieza se quiso dar cuenta, la «faena» se había consumado.

HOY: Don Miguel, cuando escucha conversaciones como ésta, se encoge de hombros y sonríe. A él, todo esto le suena a chino. Sin comentario!

AYER: Miguel, en sus ratos libres, siempre estará en su palomar, observando y deleitándose con el vuelo de sus cinco machos en suelta. De ellos aprenderá qué cruce fue el más acertado, para el próximo año volverlo a repetir

HOY: Don Miguel, cuando termina la jornada, llama a fulanito para ir un rato a palomear. Se concentran en la habitación con la luz eléctrica y empiezan a profetizar con el animal en las manos. ¡Ahora viene lo bueno! Dice uno de ellos:

-Tiene buena vuelta de cabeza, aunque algo estrecha.

El otro contesta:

-Sí, pero fíjate bien las carúnculas que tiene para su corta edad; el pico lo tiene pasable, pero no te preocupes, cuando eche todavía más nariz se le taparán muchas faltas; ademas por peores que éste pagó don Daniel su buen dinero.

Y también esta otra:

-Este año tengo anillados más de cincuenta pichones, los he sacado de todos los colores.

El otro le responde:

-Los de la pluma tal no tienen buena cola, de brazo están pasables, por delante llenan bastante bien y tienen buena colocación de delanteras, y esto, como tú sabes, suplen Irregularidades, y sí no, perchéalo de la mano al cierre, verás lo bonito que se ve...

¡De risa!

Todas estas cosas y muchas más se podrían reseñar por desgracia de esta nuestra querida afición. Recuerdo a Miguelito, y cada vez lo veo más lejos de mí. A don Miguel lo siento con paso firme pisotear mi parcela, y sí algo no lo remedía, me temo que dueño de ella se hará.

Francisco REINA CASTRILLO (Sevilla)