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Relato

Dice  D. Ramon Fontelles:

Y, a mayor abundamiento, D. Jaime Cantó Navarro, de Novelda, el aficionado veterano, el más decano de los decanos de la provincia de Alicante, el buen amigo, a quien en el año 1925 conocí en Valencia, representando ya, como amante del deporte y de la buena afición, al sector organizado de la provincia de Alicante, en el acto de la constitución de la primitiva Federación Regional de Levante, que tuvo lugar en el mes de noviembre de dicho año 1925; transcurridos, ahora, más de 40 años, vividos todos ellos disciplinadamente, dentro de la afición organizada y siendo cultivador de las palomas buchonas, base y motivo de este deporte, desde su niñez, de finales del pasado siglo, me facilita amplia y valiosa información acerca de los ejemplares más destacados de aquel entonces, conocidos en dicha provincia y de las distintas ramas de procedencia y lugares de origen, que por su importancia deportiva y trascendencia histórica, tengo la satisfacción de relatar tras de agradecer a tan excelente amigo y destacado columbicultor, abogado y procurador de los Tribunales, la muy estimada información, puntos de vista, apreciación y acertado parecer, que dice así:

Soy aficionado a los palomos, desde la edad de siete años. Cuando me examiné para el bachillerato, mi padre (q. e. p. d.) me dijo: "Ya has ingresado en el bachillerato, ¿qué quieres que te compre?", y yo le respondí: "Un par de palomos". Y me compró dos pares.

Empecé por tenerlos cerrados, porque en la época a que me refiero, el año 1900, no había sociedades de aficionados y en casi todas partes donde había afición a los palomos y se volaban, cada aficionado hacía su santa voluntad.

Recuerdo haber oído a un pariente nuestro, sacerdote en Novelda, llamado don Nicolás Astor, conocido en el pueblo por Mosén Colau, excelente persona y gran aficionado a los palomos, la siguiente frase: "Entre los palomistas hay un contrato tácito, el que se va por el que viene". Quería significar con ello, que no había respeto alguno a la propiedad de los palomos, lo que daba lugar a algunos altercados y riñas, aunque sin gran trascendencia.

En dicha época se volaban en Alicante y Murcia y pueblos de estas provincias, tres variedades de palomos: los Colgueros o Murcianos; los Tejeros, Porcelanos o Marcheneros, que con los tres nombres se les conocía; y los Valencianos o Buches.

Los primeros eran palomos que se tenían y estimaban por su figura.

Eran de cuello grande y largo, cola vuelta hacia arriba en forma de teja española invertida, con mucho buche y muy poco voladores. Los Tejeros, por el contrario, llevaban la cola cacha, en forma de teja, el buche era redondo y el vuelo pausado (molí) y también poco voladores, aunque conocían el palomo perdido, lo trabajaban y cerraban muchos. Los últimos, los Valencianos o Buches, eran palomos de buena figura, algunos notables, muy bien remados, voladores y conocedores de las palomas perdidas, que las encerraban con mucha gracia. Cruzados y con los Colgueros, sacaron muy buenos ejemplares, en aquella época a que me vengo refiriendo.

Entonces, volaron palomos Valencianos o Buches extraordinarios, en todos los pueblos, que se defendían muy bien del engaño de los malos aficionados y se llevaban tras sí a las palomas sueltas, adiestradas, sin caer más que rara vez en las trampas que se les preparaban.

De esta época, aquí en Novelda, fueron los palomos "Tres Picos", el "Curro de Jorge", padre del anterior; el "Azul de Roque"; el "Loco de Patarra", llamado así porque a la caza de un pichón, llegó a apeonar en una fuente pública, cosa entonces desusada; el "Negro de la Viuda"; el "Curro del Rumbo", magaño curro, que tenía una extraordinaria figura, era muy bien remado y se cerraba muchos perdidos; el "Cojo de Serrano", azul, que volaba en la cuadra de una posada y allí se cerraba las hembras sueltas y los palomos extraviados. Y de época un poco más avanzada, el "Trepado de Recaredo", plomes de magaño, de excelente figura y remo.

Eran palomos muy suaves que acompañaban a la suelta o perdido, le apeonaban y encariñaban, conduciéndolo a casa y cerrándolo. No apretaban en el aire ni en los apeos y no se recreaban mucho en éstos, pero volvían por el palomo extraviado, cuantas veces fuera necesario.

El palomo que hace época entonces, es el célebre "Moracho del Noy", gabino de negro. Extraordinario macho. Tenía costumbre su dueño de soltarlo después de comer, o mediada la tarde. Si había algún palomo perdido, él lo había de encontrar donde estuviera; le apeonaba, lo hacia volar y lo conducía a su casa, con tal maestría y entrándole por todos los lados, si se le resistía, que era muy difícil que no lo cerrara su dueño, don Luis Payá (q. e. p. d.).

Este palomo, buche o valenciano, también voló luego en Almansa y en Madrid y es fama que, en esta capital, cerro en una temporada cerca de cuatrocientos zuritos (cerriles) de los que entonces se criaban en el Palacio Real y en Correos.

Los palomos de entonces, vuelvo a repetir que se defendían muy bien de los malos aficionados y eran muy duros para entregarse en otro palomar. Recuerdo el caso de haberse escapado por el agujero de una pared un macho azul, entrando por dicho hueco, a los nueve días, muerto casi de hambre y sed, no consintiendo entrar en ningún palomar.

Un macho azul plometes acudía a diario y muy repetidas veces, al palomar de un aficionado que tenía varias hembras sueltas apareadas entre sí, con el fin de coger machos y que las hembras no se fueran. Les apeonaba y hacía salidas para llevárselas y sólo llegaba en sus apeos hasta encima de las cachaperas, sin que jamás se metiera en ellas y fue cogido en este palomar, porque al pasar por el borde de la trampa de un lado a otro, tropezó con una hembra y cayó dentro, momento que fue aprovechado por el dueño del palomar para correrle la red y cogerlo. No consintió comer después y murió de tristeza. ¡ que palomos de instinto tan fino y seguridad para su dueño!

Al no existir Sociedades de Palomistas, tenían éstos que seleccionar entre los palomos valencianos o buches, que fueran buenos, pero duros para entrar en otros palomares y entre éstos hacían las emparejadas, para seleccionar sus ejemplares.

Los Colgueros y los Tejeros, fueron desapareciendo. De éstos aún quedan bastantes en Andalucía y Murcia. De los Colgueros, creo quedan muy raros ejemplares.

En lo que antecede queda reflejado lo que, a mi juicio, fue la afición de los viejos, entre los, que me cuento, y la clase de palomos que ellos como yo conocimos y volamos.

Creo firmemente que ni los Colgueros ni los Tejeros tendrían cabida entre los aficionados actuales, porque los unos y los otros eran poco voladores y los primeros sólo se estimaban, ya entonces, por su figura, cosa que ahora no se tiene en cuenta, en absoluto.

Ahora bien; los palomos valencianos que se volaban, eran muy cazadores, tenían buena figura (aunque no todos, naturalmente y eran lo que después decíamos palomos del amo, por ser muy seguros y no entregarse fácilmente en palomares ajenos.

Años después, en Cocentaina, pueblo de esta provincia de Alicante, se creó y fomentó una variedad de palomos, en los que se estimaba más su figura y su vuelo y remar elegante, que su trabajo con la "suelta", pero entendemos que si se les hubiera entrenado, estos palomos lo hubieran reunido todo: Figura, elegancia y trabajo con las sueltas, ya que no hay razón para otra cosa, viniendo como vienen estos palomos de valencianos seleccionados.

Estos palomos eran conocidos por los "Largos de Benejama o de Cocentaina" y se extendieron particularmente por las provincias de Alicante y Murcia.

Yo conocí ejemplares notabilísimos, entre los que puedo citar el "Fumao del Sisante"; el "Vayo" y los "Mascarados de Angel Almela"; el "Azul", de don Santiago Soler.

También "El fumado de Esquilador"; "El Gavino"; "El Feo" y "El Gavi" de Gonzálbez, de los hermanos Lamaignere; "El Belmonte"; "El Remador"; "El Tenao" de Carabases, etc. Estos palomos tenían un vuelo rápido y elegante; eran muy largos, lisos, y el poco buche que sacaban, lo tenían sobre el cogote y por ello se llamaban también "Morrilleros", por que se asemejaba también al morrillo de los toros. Su cuello era largo y levantado y la cola cacha.

A mi juicio, debió cultivarse y mejorarse esta variedad de palomos adiestrándolos con la suelta, porque tenían casta para ello y eran de gran belleza, resultando preciosos cuando daban a casa.

No tardaron los malos aficionados (perdón) en cruzarlos con mensajeros, zuritos y colipavos, creyendo mejorar su figura, y aunque en algunos casos lo lograron, perdieron la gracia y los brazos. Es decir, que degeneró la clase y aunque la figura era más fina, la elegancia de los remos se perdió.

Por ello se fue olvidando y hoy sólo quedan algunos ejemplares de esta variedad en Alicante capital y Murcia y su provincia, que aún se los estiman, pero no se conservan en toda su pureza.

El año 1917, si mal no recuerdo, y por iniciativa de don Ramón Fontelles. convocados y dirigidos siempre por él, nos reunimos en Valencia, en la calle de Carniceros, la mayor parte los aficionados de España. Yo fui uno de los que tuvieron el gusto de asistir a dicha reunión, con un grupo de aficionados de ésta.

Acudió una gran masa de aficionados, al llamamiento del señor Fontelles. El local resultó insuficiente y el señor Fontelles tuvo que hablarnos desde un balconcito recayente a la gran explanada o patio central del Palacio antiguo de los Condes de Parcent, porque había gente en los salones, en los bajos del mismo y donde podía colocarse.

Con su fácil y elocuente palabra, entusiasmó a los asistentes, trazando reglas a las que debían sujetarse los aficionados al vuelo de palomos y todos marcharon a sus pueblos muy contentos y dispuestos a crear y fomentar Sociedades donde no las hubiera y vigorizar las ya existentes infundiéndoles calor y vida, como así ocurrió en la mayoría de los casos.

Este fue el comienzo de la Federación y de la época próspera de la afición que todos hemos conocido, dirigida y administrada por el señor Fontelles, al que ayudaron gran número de dignos señores aficionados, que me abstengo de nombrar, por temor a omisiones injustas.

Creo que fue entonces cuando comenzó la "nueva ola de palomos", y si bien ya existían ejemplares de palomos de "celo", ni eran tan celosos como los actuales, ni tan requedados.

Hubo algunos aficionados que creían que para conseguir palomos de "celo" había que cruzar los valencianos o buches con mensajeros, roqueros, zuritas, palomas de bosque, etc. Esto ocurría en el año 1920, pero ninguno de esos cruces dieron resultado.

A mi juicio fueron cosas de capricho, sin ninguna base o fundamento.

A partir del año 1917, cuando ya empezó a haber garantía para volar palomos de calidad, se generalizó el palomo encelado o de pica, que hoy se vuela en casi toda España y parte del extranjero.

De esta última fase son los palomos "Trallas"; los "Cerrajilías"; los "Vinagres"; los "Piconeros"; los "Trompellots", etc.

En Novelda volaron ejemplares muy notables de estos palomos de pica, que hoy llamamos "Deportistas". Puedo citar el "Negro del Pellero"; el de Gaspar Pellin y un azul de este mismo señor; el Negro de Soria; uno mío; el Aliblanco de negro del Cojo; el azul del Valeret; el pintao y el "Moniato", de Daniel Seller; el "Fumao", de Antonio Pastor; el "Mac" de Vicente Martí; el "Valera", de Paco Martí; el "Moisés", el "Cordobés" y el "Fullaraca", de Antonio García; el "Bebé" y el "Tragabuches", de José Ayala; los "Piconeros", de Luis Ayala; el "Manolete" y "El pajarito", de mi hijo Jaime, etc.

Después son ya legión los palomos "deportistas" que se distinguen por sus faenas o trabajos y por sus excelentes condiciones de palomos buches que poseen aficionados de todos los pueblos, particularmente de Valencia, Castellón, Alicante y Murcia y todos los pueblos de estas provincias, que han conseguido el primer puesto en concursos y que se cotizan a precios fabulosos.

Hoy la afición tropieza con muchas dificultades y por el gran número de palomos que se pierden. A mi juicio, se ha exagerado la nota, al buscar palomos excesivamente encelados. Esta cualidad, cultivada con exceso, hace que los palomos no dominen la suelta, o palomo mensajero, perdido, zurito, etc., con el que encelan, sino que, dominados por éstos, van donde sea, sin posibilidad de control.

Se quedan en las huertas, en los gallineros, en donde hay palomas criando, en cualquier sitio, donde no les molesten, con la suelta; pasan de un pueblo a otro, caen por chimeneas, se meten en azoteas o claraboyas enrejadas y luego no pueden salir y allí mueren, o las personas que los recogen, ignorantes de lo que hacen, se los comen.

En las capitales, Valencia, Castellón, Alicante, Murcia, etc., ya no hay posibilidad de volar palomos de primera fila y en los pueblos grandes tampoco, porque cuestan mucho de criar o de adquirir y cuando se tiene un palomo que se estima el aficionado, ha de ser un esclavo de él y con todo lo pierde en un abrir y cerrar de ojos. Y esto da mucho disgusto, aparte de que el reponerlo no siempre es fácil y cuesta tiempo y dinero.

Hay aquí un palomo que con un mensajero ha ido desde Novelda a Polop de la Marina, que en línea recta dista más de cien kilómetros. Tal es el caso de un palomo gavino, propiedad de mi hijo, al que se lo regaló la excelente persona y gran aficionado de Gandía, don Jesús García. Dio en buenas manos el palomo y se pudo recoger. Otro, que volaba en Monforte, Joaquín Navarro, fue recogido en Bañeres, a más de cincuenta kilómetros. Y así tantos y tantos, de los que nada se ha vuelto a saber.

Hoy, repito, dan los palomos muchos disgustos, incluso nos hacen pecar de pensamiento, por lo menos, porque no es raro el caso de pensar que uno de nuestros ejemplares ha sido cogido por fulano o zutano, personas buenas y que jamás estuvo en su ánimo hacer tal cosa.

En general, no me gustan los palomos que hoy tenemos. Son excesivamente celosos, reñidores y sin cabeza. Van con la suelta como locos, dominados por la misma. No se colocan bien. Se han invertido los términos. No es el macho deportivo el que manda, sino la suelta.

Con muy buen criterio (que yo comparto) me decía el excelente aficionado de Valencia, don Eduardo Uhden, que: Los palomos de ahora son como los gallos ingleses y los perros foxterrier, que no hacen más que reñir y correr detrás de las ratas. Tiene razón.

En cierta ocasión, al salir del local de la Federación en Valencia, con don Ramón Fontelles, don Eduardo Uhden y otros distinguidos aficionados que ahora no recuerdo, expuse mi opinión de que, desde las alturas, debería orientarse la afición de manera distinta a la que tenía y hoy tiene más acentuada, haciendo prevalecer el palomo noble y cariñoso que acompaña a la suelta, colocándose delante de ella y un poco más bajo, para que ésta lo vea; que apeona cuantas veces sea preciso, salteando y alegrándola; y que da a casa y retorna al "pilot" y sólo se retira a su palomar por la noche, para a la mañana siguiente, antes de amanecer, estar otra vez con la suelta.

Ya sé que estos ejemplares escasean mucho y que es difícil que la afición vuelva de sus errores de tantos años, en que ha prevalecido la opinión de una mayoría poco conocedora del palomo buchón, pero en conseguirlo estaría nuestro mérito.

En cierta ocasión me decía un amigo, refiriéndose a la afición: A los perros y a los gatos les gusta el pan, pero si no se lo das acariciándoles, sino que se lo tiras como una piedra, el animal huirá creyendo que quieres pegarle. Esto mismo ocurre con la "suelta". Si el macho, en lugar de acompañarla y acariciarla lo que hace es pegarle, castigarla, picarle o maltrataría, ésta tratará de deshacerse de el y no de seguirle.

Del exceso de celo a que antes me he venido refiriendo han nacido esos grupos o "pilots" de palomos que van con la suelta como locos, la obligan a salirse del casco urbano y refugiarse en algún sitio difícil para que la dejen tranquila y se meten en árboles espesos, en donde suelen que dar algunos machos que, el uno por el otro no salen, por temor a que se la quiten, fomentándose el palomo requedado que dura dos, tres y más días con la suelta, aburriendo a su dueño y a sus amigos.

Esta afición antes era para reunirse los amigos en el palomar de alguno de ellos y desde allí ver y observar el trabajo de los palomos. Hoy, le pegan a la suelta con tal violencia que ésta sale de la población, marchando a veces a muchos kilómetros. Hay que ir a buscarla, a ver si damos con ella, después marcha a otro sitio también apartado y de allí a otro Acabamos cansados y los palomos se quedan a dormir, sin saber donde y expuestos a muchos peligros. Todo porque los palomos castigan a la "suelta" y cuando pasan por sus casas, no saben decirles dónde viven.

En cierta ocasión fui invitado por un amigo inolvidable de Alcira, don José María Sales (q. e. p. d.), a una porfía entre buenos aficionados. Recuerdo que la apuesta era una buena paella. Allí estaban entre otros, el señor Sales, don Bernardo Enguix, don Emilio Bono, don Antonio Carulo el señor Sanchis, Parra, el Menut y otros que no recuerdo, la mayoría de los cuales ya gozan de la paz del Señor.

Era de ver la gracia de aquellos palomos, trabajando la suelta, a la que acompañaban sin castigar. Naturalmente que por este motivo, la suelta no salió del casco urbano. Todos sin distinción daban bien a sus palomares, retornaban y apeonaban; salteando y alegrando a la suelta, hicieron faenas que, después, puede decirse que ya no he visto.

Pero nos han podido los más y hemos llegado al palomo exagerado en la pelea, sin gusto para el trabajo, al menos así ocurre en los pueblos y difícilmente se ve en toda la temporada una faena que nos deje satisfechos.

No sé qué clase de palomos volarán ahora en Valencia y sus pueblos, porque por mi edad y salud salgo poco de casa, pero me atrevo a asegurar que si se vuelan palomos de primera fila (de los de ahora), necesitarán llenar el palomar cada quince días.

¿Por qué no hacemos, entre todos, un esfuerzo, el que sea preciso, y volvemos al verdadero palomo buche? ¿Acaso no vale la pena este sacrificio, para que los venideros aficionados vuelvan a tener ejemplares buches de calidad, como los que hemos conocido los viejos aficionados? ¿Es una locura pensar en ello? ¿Soy acaso un iluso, o un ingenuo al pensar en ello?

Creo que debemos intentarlo, por lo menos, porque a la afición actual no le gusta, ni hasta a sus más fervientes seguidores. Seamos sinceros y hagamos todo lo que esté en nuestras manos.

Siguiendo con el mismo tema también y acerca de la provincia de Castellón, lugar en que todavía existen antiguos y competentes aficionados, el distinguido amigo y veterano deportista columbicultor, don Antonio Arrufat Catalá, residente en Villarreal de los Infantes, hombre conocidísimo en la afición y Campeón Nacional, por su palomo "Mimoso", en el año 1960, me informa, según versión recogida por él, de viejos aficionados del siglo pasado, que viven todavía y cuentan ahora 89 y 93 años de edad, que la afición a las palomas buchonas, en el siglo pasado, ya la practicaban sus padres y sus tíos, con anterioridad a ellos.

Que las palomas de entonces, denominadas buchonas, eran de nariz muy gruesa; que después fueron reemplazadas, allá por el año 1910, por las buchonas de menos nariz, por estimar que estas últimas tenían mas facilidad de vuelo, aún cuando el mismo celo e instinto para encerrarse al palomo extraviado o perdido.

Estos palomos buchones, dice Arrufat, que volaban todo el día, a puerta abierta y en plena libertad.

Añade que la afición de entonces consistía en ver qué palomo se cerraba al día mayor número de "perdidos", habiendo muchos de ellos, en aquellas fechas, en todas partes.

De esta clase de palomos, calificados de verdaderos "fenómenos", los ha habido en Villareal, dándose el caso, algunas veces, de que un solo palomo se encerrase en un día 14 ó 15 perdidos.

Ya en el año 1900 se formaban verdaderas competiciones en días señalados, siendo vencedor el ejemplar que más perdidos se encerrase.

En aquel entonces se volaba en Villarreal el célebre palomo "Curro del Campaner" y el palomo "Mazantini", cruzándose apuestas entre los propietarios de los mismos, consistentes en pagar, el que perdía, el cacahuete, los altramuces y el vino para toda la afición de la localidad quedando más de una vez empatados estos palomos por estimar la afición que los contemplaba, que si bien el palomo había cerrado más perdidos, el otro le aventajaba en buena faena o trabajo meritísimo.

Dice el amigo Arrulat, que en aquellos tiempos había ejemplares de mucha valía, destacándose entre ellos los dos antes mencionados, y el "Curro del Mestre"; el "Ahumado de Cabo"; "Fraile"; "Ahumado Rochero"; "Aliblanco Arriero"; "Oscuro Corbella"; "Ahumado Chalmeta" y "Ahumado Alejo".

Ya por el año 1905 se puso de moda el palomo guapo, o sea, bien volado, saliendo algunos de ellos muy buenos animales; luego vino el palomo "picón", siendo el primero que se conoció en la localidad de Villarreal, el palomo "Careto", de don Constantino Carda, que al cruzarlo con unas hembras muy bravas que tenía este excelente aficionado dio muy buenos resultados.

Este último aficionado y antiguo amigo es el que adquirió el palomo "Papa", joven, que como se dice en capítulos anteriores, lo hizo Bautista Santosjuanes, el alpargatero de Puebla del Duc, y después lo adquirió Juan "El Gitano", que fue el que se lo vendió, así como tantos otros palomos, al bueno de Constantino Carda, y también el palomo plumas, que tan buenos recuerdos dejaron en dicha localidad, por su temperamento y valía.

Después, con una paloma hembra roja, de excelente condición, que fue cruzada con estos palomos, se consiguieron palomos notables, tales como el "Tigre", el "Cap de Ferro", etc.

Acerca del palomo que se dice "Curro del Campaner", cuentan que llegó a Villarreal por el siguiente conducto: Había en Valencia un joven estudiante que, como aficionado, se quedó maravillado por la calidad de un palomo que tenía su parada en cierto campanario. El estudiante se hizo amigo del campanero y una noche cogió el palomo, lo llevó a Villarreal y en el primer tren que volvía a Valencia, regresó sin ver tan siquiera a sus padres.

Al domingo siguiente, con la excusa de ver a la familia volvió el estudiante a Villarreal y enseñó el palomo en su palomar y le puso por nombre "El Campanero".

Posteriormente dicho palomo se lo quitó al estudiante otro aficionado llamado el Campanero. A los dos años, el referido palomo volvió a manos del estudiante quitándoselo éste al Campanero, pero poco tiempo después el palomo volvió a ser cogido por el Campanero y ya no varió la propiedad sobre el mismo en esta situación.

Lo más saliente y pintoresco de este caso es que cuando el estudiante, con la mayor de las ilusiones llevó a Villarreal el palomo "Campanero", cogido, como se dice, en un campanario, hizo el viaje a pie desde Valencia, y es que ya entonces y siempre viene demostrándose que el palomo ejerce tanta influencia y tiene tanto poderío para interesar, dominar y atraer al aficionado, que en la mayoría de las veces, por su adquisición y disfrute, no llegue hasta a pensar en lo imposible y pueda muy bien realizar para ello, desde cualquier mala acción o fechoría, hasta el máximo esfuerzo y la mayor de las concesiones.

Casos como el que figura expuesto se podrían relatar porque es un hecho cierto que antiguamente los campanarios eran punto de parada de los palomos y albergue o estacionamiento de los perdidos que abundaban de forma extraordinaria En ellos el palomo buchón de entonces buscaba tanto en el exterior como en el interior de los mismos registrando todos los agujeros y rincones llegando incluso al lugar de emplazamiento de las campanas.

De ahí que no fuera el primero y único caso, de ser apresado en un campanario el palomo de referencia por el estudiante en cuestión que lo llevó a Víllarreal, sino que eran frecuentes los hechos de subir a los campanarios, con la anuencia del campanero o de persona autorizada y coger el palomo o palomos que pudieran interesarle; claro que, con el riesgo de poder ser visto el raptor y sufrir las consecuencias que pudieran derivarse de ello.

Como prueba destacada de esta anterior afirmación, cabe relatar que en cierta ocasión, en los primeros años de siglo, un conocido y no buen aficionado de Valencia, de oficio zapatero, que aprovechaba sus horas libres, así como casi todos los momentos del día, para sacarle producto y utilidad al palomar que tenía en el porche o guardilla de su domicilio, en el que, a más de atender a la práctica de su oficio, hacia uso y abuso de toda clase de artefactos, tales como lazos, cepos, redes de vuelo, cimbeles, balancines, trampolines, etc., para apoderarse en el mismo de los palomos ajenos que se hallaban en vuelo, tuvo la fatal ocurrencia de subirse, determinado día, al cimborio o torreón de la Catedral, y en pocos minutos llenó de palomos un buen saco, a los que cogió valiéndose del empleo de una hembra que aleteaba de manera conveniente para atraerlos al lugar y apresarlos.

Tal hazaña fue frustrada merced a la rápida intervención de los perjudicados, que se apresuraron a salirle al paso al autor, y como era de esperar, "por las vías convincentes" que solían emplearse en aquel entonces, "del garrote preparado y dispuesto para la acción", se le hizo ver y estimar al referido, que lo más procedente del caso, para dar adecuada, cumplida y amplia satisfacción a todos y a fin de que las cosas quedasen en el lugar debido y que los elementos apresados volviesen a sus palomares, era dar inmediata suelta a todos los palomos, vaciándose el saco, como así se hizo. De esta forma pudo quedar entonces, sin más repercusiones, resuelta la desagradable cuestión planteada por aquel malvado y audaz zapatero, que se aprovechaba, sin prudencia ni recato alguno, hasta del aludido lugar santo y sagrado para exteriorizar y poner de manifiesto la maldad de sus sentimientos cometiendo, de manera tan descarada, tales reprochables fechorías o actos constitutivos no ya de infracción a las reglas que pudiesen existir, sino de posibles o supuestos delitos.

Ello dio lugar, por los comentarios que se hicieron por doquier, a que algún tiempo después un conocido autor teatral valenciano escribiese y estrenase una obra que se titulaba "Un Colombaire de profit", que alcanzó en aquella época un merecido, resonante y extraordinario éxito.

Y asimismo, don Cándido Domínguez, vecino de Castellón de la Plana, por espacio de más de 50 años, hoy presidente de dicha Sociedad Columbicultora, antiguo y buen aficionado, viejo y excelente amigo, a la vez que distinguido batallador en todas nuestras lides deportivas, por la promulgación del Decreto de 21 de julio de 1932, primero de los conseguidos, regulador de este deporte, me manifiesta e informa, al igual que los anteriores veteranos, sobre ciertos detalles y aspectos de esta afición y de algunos de los palomos de los comienzos de este siglo, que se cotizaron y se distinguieron más, y en primer término me dice:

Que es hijo de Onteníente, de la provincia de Valencia, y que practica la afición a estas palomas desde el año 1903, o sea, desde la edad de 9 años.

Que en su pueblo natal habían buenos aficionados y excelentes palomos, citando al efecto a los señores don Enrique Alonso Pellicer y don José Lloréns Colomer, Teniente Coronel y Coronel del Ejército, respectivamente, y a don Joaquín Buchón y a don Vicente y don Joaquín Colomer.

De don Enrique Alonso, primero de los mencionados dice que aproximadamente por el año 1908, llevó a efecto el cruce de un palomo valenciano, brincat, o sea de los que en vuelo la cola formaba arco hacia arriba, con una paloma malagueña, "Cacha", de cola de forma de arco hacia abajo y de los productos obtenidos de este cruce, de bastante aceptación, se destinaron después algunos, en plan experimental, transcurridos unos años, a la reproducción, empleando para ello palomas de distinta raza, tales como "roquer", "zurita" y de otras variedades, consiguiéndose de estos cruces, el tipo del ejemplar seguidor, elegante en su vuelo, encelado, de variados y nuevos colorines, torpe, vicioso y luchador, que seguían con asiduidad al palomo extraviado, pues en aquel entonces no se conocía el empleo de la paloma de "suelta".

Como palomos notables eran conocidos en Onteníente, el palomo "Garrufo", de Mullor; el palomo "Careto", de Anselmo Gil; el palomo "Curro del FIare", de Tortosa, que después adquirió "Pepico el Parda-liste", de Grao-Valencia (el prestigioso aficionado don José Domingo Alarcó); y el ' palomo "Fuentes", de Carlos el Pintado.

Acerca de este admirado amigo don José Domingo Alarcó (q. e. p. d.), conocido más en la gran familia columbicultora por el sobrenombre de "Pepíco el Pardaliste", maestro de la buena afición, conocedor como pocos de los rincones y fuentes de buena producción de la paloma buchona antigua, hombre que en toda época no regateó medios para ser poseedor de ejemplares de destacado renombre y valía, adquiridos de entre los aficionados amigos de esta región, dentro siempre de las condiciones legales establecidas en todo orden; entre las muchas anécdotas atribuidas a su jovial y excelente trato y buen carácter, me permito anotar una de ellas que llega a mi mente al recordar que, en cierta ocasión, allá por los años del 25 al 30 del presente siglo, con motivo de un almuerzo celebrado entre amigos, cosa muy frecuente y característica en él, entre los que figuraban los conocidos aficionados Cones, de Burjasot (padre e hijo), Rafael Chiraltleches, del Grao, y otros, reinando en la charla el mayor buen humor y la alegría, al ser requerido por todos para que aclarase el motivo del sobrenombre por el que en la afición y fuera de ella se les conocía, levantóse e hizo uso de la palabra, recitando el siguiente verso o pareado, propio de su pensamiento y composición, que dijo así:

Com pera coloms casar

Té Pepico bona vista,

Els chics, per ferIo parlar,

Li diuen El Pardalísta".

Composición suya que, traducida al castellano, viene a querer decir; "Como para cazar palomos tiene José buena vista, los chicos, por hacerlo hablar, le llaman "El Pajarista".

De la provincia de Castellón, destaca el palomo "Gavino", de don Domingo Claramonte, que fue adquirido en Alcira, en cambio por una vaca, siendo testigos de ello, don José Bou Rubert y don Bautista Martí Navarro.

Todos los descendientes de este palomo "Gavino", y de una hembra aliblanca de negro, regalada por el aficionado de Burjasot don Antonio Cones, al buen amigo don Cándido Domínguez, fueron anillados en aquellos tiempos y por primera vez, con anilla de oro e iniciales C. D., alrededor del año 1920, y el coste de cada anilla venia a oscilar entre 4'00 y 4'50 pesetas cada una, y se asegura que salieron ejemplares de gran aceptación; entre ellos, dos palomos blancos que en Almansa dieron excelentes resultados, volándolos el señor Rodríguez, distinguido y conocido aficionado de dicha localidad, y fueron campeones en muchos pueblos de las provincias de Alicante y Valencia, siendo palomos de gran consistencia de vuelo, pues se soltaban a las dos de la tarde y al final de la jornada no mostraban cansancio ni agotamiento, pues se les veía ante la "suelta" siempre trabajando hasta el anochecer.

El célebre palomo "Arriero", de Constantino Carda, de Villarreal, fue adquirido por Cándido Domínguez, en cambio por un tresillo de brillantes, y el palomo aliblanco de Boix, también de Villarreal, lo adquirió Domínguez, igualmente, en cambio por un reloj de oro de bolsillo.

Los palomos famosos "El Botifarra", "El Rolí" y "El seis doble", de Juan "El Gitano", adquiridos por Constantino Carda, pasaron después cedidos a ser propiedad de don José Bou Rubert.

Así que no cabe duda que entonces, en aquellos tiempos, las provincias de Alicante y Valencia fueron las principales fuentes de producción y de abastecimiento de palomos de Barcelona, Murcia, Albacete y Castellón y de todos los lugares de dentro y fuera del Continente, en que se practicase el vuelo y uso de las palomas buchonas, bien por conducto y vía legal o ya empleando para ello toda clase de medios y procedimientos ilícitos.

Jaime Canto Navarro