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El Buchón Marteño

Martos es una ciudad situada a 24 km. al SO de su capital Jaén, tiene una población próxima a los 25.000 habitantes, su origen se remonta a la prehistoria como atestiguan los asentamientos encontrados en su término municipal perteneciente al Neolítico. Conoció un gran esplendor en la cultura árabe con el nombre de Marz, hasta 1225 en que Fernando III la conquista.

No es casualidad una vez más que cultura árabe y afición a la colombicultura vayan paralelas, porque en este pueblo debió de nacer como raza el Buchón Marteño, su origen en el tiempo es difícil de establecer pero los aficionados que he podido conocer, señalan que al menos tiene más de un siglo.

Como consecuencia de la expansión acaecida en razas reconocidas por organismos oficiales, esta raza está a punto de desaparecer. Es merecedora de la categoría de raza a pesar de no tener reconocido su estándar, porque su patrimonio genético de los ejemplares que he podido trabajar es tan fuerte que aun después de siete u ocho cruces, reaparecen genes con tal fuerza que desconciertan aquellos que ignoran su origen .

Mi primer contacto con esta raza data del año 1.966 aproximadamente cuando el aficionado Jiennense D. José Viedma Pérez, me regaló una hembra de color chocolate, que utilice para dar cola a mis razas antiguas como se llamaban entonces los buchones jiennenses, me impactaron  tanto sus virtudes, que los estuve cultivando durante algún tiempo. Cotejando las características de aquellos ejemplares con los ejemplares existentes en la actualidad, paso a definirlo en términos un poco generales y pendiente de que un pequeño numero de aficionados cultivadores de esta variedad se ponga de acuerdo para redactar su estándar y aunar esfuerzo en pos de su desarrollo, por lo que pido disculpas de antemano si en algo yerro.

En esta raza con más de un siglo, sabemos que debieron de influir razas como el holguero y el murciano, de los que pudo obtener su cola, el colillano le debió de aportar su porte gallardo y retrepado. Estas razas fueron mezcladas con las propias del lugar dando como resultado un ejemplar muy equilibrado que con la posterior selección se obtuvo una fijación genética con resultados sorprendentes.

 Su cráneo es redondeado, pero con el pico  corto y engatillado, dándole una robustez de cabeza proporcionada a su tamaño. Sus rosetas triangulares del tamaño de un grano de maíz. Su ojo suele ir hacia un rojo sin llegar al encendido y dependiendo del color de su pluma. Su ribete suele ser más o menos fino y el color el propio a la pluma, pero he visto predominar el color calabaza, ¿reminiscencia de los llamados antiguos valencianos?.

Su tamaño es mediano tirando a pequeño, pero muy proporcionado, dándole un porte gallardo y desafiante presto a salir detrás de todo lo que vuele.      

La principal característica de esta raza, sin la cual no se concibe, es su forma  tubular de situar la cola en vuelo llegando en algunos ejemplares a formar casi una circunferencia por unión de los extremos de las plumas caudales hacia arriba.

Su vuelo majestuoso y pausado, los he visto casi pararse en el aire, su cuello erguido y el buche redondeado algo descolgado pero apenas movido, les da en vuelo un conjunto armonioso que le hace crecerse, aparentando más tamaño del que en realidad tiene. El movimiento de alas suele ser algo pausado, palmeando en el aire para atraer la atención de otros ejemplares.

Su carácter en tierra suele ser algo nervioso y vivaz si bien tiene las dotes propias de cualquier raza de buchonas.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos aquellos que cultivan esta raza para  aunar esfuerzos, e intentar hacer un censo de criadores que pudieran intercambiar sangre, para el refresco de genes sin el cual no sobrevive ninguna raza. Siguiendo la línea de esta revista por luchar para que no desaparezca ningún patrimonio legado por nuestros mayores, me ofrezco a fin de servir de mero intermediario entre criadores, sin interés por mi parte. Al mismo tiempo sé de aficionados que estarían dispuestos realizar los tramites burocráticos para el reconocimiento de su estándar, pero para ello, es imprescindible un censo y un número mínimo de ejemplares.

Mis mejores deseos y ánimos para toda la afición, creo que no es tan difícil.

Juan Espinosa Martinez. Arte Avícola nº 40 - 2000.