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La fuerza maravillosa del ajo

Los cocineros mediterráneos hablan muchas veces con un entusiasmo enorme de lo que ellos consideran como un beneficio de los dioses : el ajo. Lo emplean para la preparación de la mayor parte de sus alimentos. Nosotros, habitantes más del norte, somos un poco menos entusiastas de este excelente producto.

Esta extensión de la familia de los liliáceos merece al menos que se la conozca más ampliamente. Desde la Antigüedad el ajo era considerado como una planta de gran utilidad e incluso como una planta santa.

Los antiguos griegos daban al ajo un poder mágico que alejaba infaliblemente los malos espíritus. Los Romanos estaban igualmente convencidos de la fuerza sobrenatural contenida en el ajo. Estos colgaban del cuello de sus niños pequeños amuletos donde escondían algunos dientes de ajo. Los antiguos egipcios consideraban esta planta como un dios y hasta le tenían reservado un lugar en su culto.

Durante los siglos las generaciones han transmitido a sus descendientes el conocimiento de las propiedades curativas del ajo. En muchas partes del mundo el pueblo conserva todavía un gran número de recetas, basadas todas ellas en el empleo del ajo. En general podemos decir que aquello que se encuentra en las recetas populares está siempre basado en un fondo de verdad, porque son muchas veces la expresión simple y primitiva de las experiencias científicas reconocidas.

Las gentes de la Edad Media buscaban frecuentemente su salud en la absorción masiva del ajo, principalmente cuando había epidemias. Las propiedades antitóxicas del ajo han sido realmente consagradas por las más recientes investigaciones científicas. Gracias a ellas se ha podido explicar por qué en las lejanas regiones del Este, donde el agua está constantemente infectada, muchos la podían beber sin peligro aparente. En la mayor parte de los casos, estas personas consumían el ajo en grandes cantidades.

Posiblemente hayáis oído hablar de la célebre poción : «Vinagre de los bandidos», el extraño remedio del que nuestros abuelos hablaban tan frecuentemente. ¿Cual era el fondo real de este remedio popular tan conocido?.

En los alrededores de la ciudad portuaria francesa de Marsella, surgió en 1726 una terrible epidemia de peste que causó miles y miles de víctimas. Cuatro bandidos perseguidos, que por razones de seguridad no podían abandonar los alrededores, se salvaron de la epidemia, gracias a una poción especial que ellos mismos hicieron y que estaba compuesta de agua y ajo.

Es evidente que en nuestros tiempos modernos, nosotros poseemos medios más eficaces que el «vinagre de los bandidos» empleado en aquella época.

El empleo del ajo esta hoy día en desuso, su olor es un obstáculo para nuestro pueblo, y sin embargo es necesario decir, que nuestra moderna industria farmacéutica usa numerosos extractos de ajo en la preparación de diversos remedios e incluso de ungüentos.

El ajo debe sus propiedades terapéuticas al hecho de que posee riquezas naturales en sodio (0,094 mgr. por 100 gr.), azufre y éter. Se le prescribe con éxito para ciertas afecciones del corazón, de los pulmones, contra una excesiva tensión sanguínea, las paperas y ciertas enfermedades provocadas por parásitos en los intestinos. Hay sabios que incluso piensan que el ajo mejora la claridad de la voz. Es un hecho que las voces de los cantantes mediterráneos pertenecen a gentes alimentadas por una cocina donde predomina el ajo.

En otras regiones, reducen el ajo a polvo y lo mezclan con grasa y aceite. De esta manera se obtiene una especie de ungüento que da muchas veces excelentes resultados contra las enfermedades de la piel y tumores pequeños de poca importancia.

Un médico, que se ocupó durante muchos años del problema de la tuberculosis, prescribió regularmente un empleo abundante del ajo a sus pacientes y a los pretubercolosos. Este régimen mejoró al máximo el desarrollo de la curación.

De los Estados Unidos nos llega una receta popular que la emplean contra las lombrices de los niños y para fortalecer y purificar la sangre de los adolescentes y adultos. Durante una quincena de días, se deja en un mismo recipiente alrededor de 150 gr. de ajo machacado en 250 gr. de vinagre. El líquido extraído se filtra y se mezcla otra vez con 150 gr. de vinagre nuevo. Después de quince días este líquido es filtrado una vez más y se le añade 600 gr. de azúcar en polvo. Se cierra herméticamente la botella y se agita hasta que el azúcar esté completamente disuelta. Este jarabe se toma antes de cada comida, una cucharilla para los niños menores de siete años y una cuchara para los adultos y niños de más de siete años.

El ajo puede ser igualmente servido rallado en la ensalada, en las entradas y en la sopa ; en España existe un plato típico del país llamado sopas de ajo.

¿Cómo se puede combatir el olor desagradable del ajo?. En Borgona dicen que es suficiente el añadirle un poco de vino caliente con canela y clavo. Otros aconsejan comer tallos de perejil, manzanas crudas, o granos de café tostado. En las farmacias existen pastillas de clorofila que neutralizan perfectamente este olor. Otros aconsejan quitar al ajo su rabillo verde.

El empleo del ajo es recomendado. Todo viene a probarnos que merece nuestra atención. En todo caso, es un alimento sano.

Esto que precede no es más que un poco de historia del empleo del ajo.

La explicación es vieja, pero todavía de actualidad en nuestros días. Millares de personas emplean el ajo diariamente. Os preguntareis, qué tiene que ver esto con el deporte colombófilo. La adición del ajo al agua de beber de las palomas no es algo nuevo. Los célebres campeones que nos han precedido han añadido siempre un diente de ajo al agua de las palomas. O bien, se introduce un diente de ajo, cortado en cuatro o cinco pedazos iguales, en el pico de cada paloma una vez por semana.

Así lo hacía el difunto Dolfke Loosveldt de Tieit, amigo íntimo del gran maestro de Amberes Edouard Havenith. El campeón de Tieit estaba en su período de gloria cuando daba a sus palomas no solamente agua con ajo, si no que también todos los lunes introducía en sus picos un pequeño trozo de ajo aproximadamente de tres milímetros.

«Esto facilita la digestión y mis palomas conservan siempre una piel sana», nos decía muchas veces D. Loosveldt.

Libro 101 métodos en columbicultura. Jules Gallez 1975

Esta gran introducción de las maravillas del ajo, está escrita con anterioridad a 1975, hoy los aficionados utilizamos el ajo dosificado y embasado en cápsulas especificas para estas aves, existentes en el mercado en tiendas especializadas, lo que le da validez a este tema escrito casi hace treinta años.